«Conocer y reconocer la historia no es solo una obligación, sino también una necesidad, especialmente cuando se trata de recordar y valorar a aquellos que se significaron». Así describe la catedrática de Historia del Arte Margarita Rodríguez González el germen de Juan de Miranda lo pintó. La travesía de un artista canario entre el Barroco y la Ilustración, la exposición conmemorativa del tricentenario del nacimiento de uno de los máximos exponentes del arte canario de la época Moderna, Juan de Miranda (1723- 1805), de la que es comisaria, y que abre sus puertas en el Museo Lázaro Galdiano de Madrid.

La exposición, organizada por el Gobierno de Canarias, con la colaboración del Cabildo de Gran Canaria, Acción Cultural Española (AC/E), el Museo de Bellas Artes de Santa Cruz de Tenerife y el Museo Lázaro Galdiano de Madrid, celebra el tricentenario del nacimiento de este artista canario, que supone un descubrimiento para el público y la visibilidad de un pintor innovador en su época, y aún poco conocido, que hizo de puente entre dos períodos históricos.

La muestra se inaugura el próximo 28 de septiembre y contará con la asistencia de la consejera y el viceconsejero de Cultura, Migdadalia Machín y Horacio Umpiérrez, respectivamente. Distribuida en las plantas baja, primera y segunda del Museo y en la Sala Pardo Bazán, reúne más de 60 piezas de Juan de Miranda (1723-1805), salpicadas de múltiples influencias, abarcando desde sus primeros años hasta su última etapa. Estas obras, tanto las que muestran iconografía religiosa como civil -sobre todo, retratos-, contribuyen a comprender el contexto histórico, social y cultural de esa época en las Islas Canarias.

La exposición se acompaña de un cuidado catálogo con artículos de investigación e imágenes y una serie de actividades paralelas: un concierto que abordará la producción musical de su tiempo, así como una conferencia sobre el ambiente histórico en el que se desenvolvió el artista. Además, dos artesanas joyeras de Canarias han creado una colección de piezas inspiradas en los cuadros de Juan de Miranda, que podrán adquirirse en la tienda del Museo.

Divulgación

Precedida de una importante labor de conservación y restauración que evidencia la importancia de divulgar el rico patrimonio cultural legado por el artista, la exposición revela el recorrido artístico de Juan de Miranda por la renovación en la pintura. Es más, «entenderle a él y su obra es comprender la encrucijada del arte del siglo XVIII bajo la mirada de un artista nacido en la periferia del reino que apostó por modernizar y oxigenar el gusto en su tierra tras su regreso a las islas», explica la comisaria.

«A pesar de que su influencia y legado son patentes, sus obras no han estado siempre todo lo visibles que deberían», asegura la directora del Museo Lázaro Galdiano, Begoña Torres. «De ahí esta exposición, que muestra cómo se singularizó en un contexto específico, entre el Barroco y el Neoclasicismo, entre las ideas anteriores y las reinterpretaciones modernas, sabiendo unir conceptos anteriores e ideas dieciochescas a favor de las necesidades de su obra».

«Juan de Miranda formó parte de un nutrido grupo de artistas invisibles que tuvieron que esforzarse en superar el espléndido pasado pictórico del que bebieron para poder avanzar e incorporar sus propuestas a los gustos de una clientela que, igualmente, no siempre pudo olvidar la tradición», secunda Margarita Rodríguez. «Fue uno de esos maestros ‘invisibles’ que, aun asumiendo el peso de la tradición, actualizaron la pintura», explica.

Un controvertido pintor que puso el sello de modernidad en sus obras, en pleno siglo XVIII, oponiéndose al dictamen de un juez que le obligaba a contraer matrimonio con la mujer con la que convivía y tenía hijos, y por portar un puñal y una espada desnudos en el momento de la detención. Por su pobreza no se le condenó a costas y el matrimonio compensaba la indemnización, pero Miranda se declaró en rebeldía y fue enviado al presidio de Orán, desde donde pintaría algunos de sus mejores cuadros y seguiría recibiendo numerosos encargos. Encargos que, inmerso en una sociedad confesional, provenían de la Iglesia y de la clientela privada, gracias a los cuales se granjeó un importante prestigio.

La exposición que el público tendrá oportunidad de ver en el Museo Lázaro Galdiano es una cuidada selección de obras provenientes de colecciones públicas y privadas que abarcan desde sus primeros años hasta su última etapa, donde se convirtió en uno de los artistas más solicitados por la aristocracia y la iglesia. El recorrido se organiza en cinco capítulos temáticos -Retrato civil, Retrato religioso, Infancia de Jesús, Vida pública de Jesús e Inmaculadas- precedidos, en la sala de exposiciones temporales Pardo Bazán, de un Prefacio e Índice, así como de una aproximación a la trayectoria vital del artista y un apartado dedicado a la conservación y restauración del patrimonio.