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'La isla del aire': Madres, faros y Núria Espert

La obra dirigida por Mario Gas a partir de la novela de Alejandro Palomas confiere el papel de matriarca a la jefa de todo esto en la historia del teatro de este país

Una escena de 'La isla del aire', con Vicky Peña y Núria Espert.

Una escena de 'La isla del aire', con Vicky Peña y Núria Espert.

Nora Navarro

Nora Navarro

Las Palmas de Gran Canaria

«A veces, la vida nos mira y pasa de largo. Otras veces, nos mira y habla de nosotras». Esta reflexión enmarca el cuadro final que reúne a las cinco actrices de La isla del aire, una estirpe familiar de tres generaciones de mujeres, en la que se miran las madres y las hijas cogidas de la mano en el patio de butacas. La literatura en torno a las relaciones materno-filiales es cada vez más ingente y abrumadora, quizás porque concentran las grandes cuestiones de lo humano: el amor, el miedo, el instinto, la complicidad, la culpa, la fragilidad, la pérdida, lo incondicional.

«El asunto es mucho más complejo», escribe Daniela Alcívar en el prólogo de Historias de la leche, de Mónica Ojeda, «no son las madres, es lo materno lo que pone en juego una relación imposible, encarnada, tan dadora de vida como mortífera». 

Alejandro Palomas, autor de la adaptación teatral que dirige Mario Gas y que inauguró el pasado fin de semana la temporada del Teatro Cuyás, ya frecuentaba estas redes de hilos y remiendos desde su novela Una madre (Siruela, 2014) y, en su debut como dramaturgo, vuelve a retratar con clarividencia, intuición y gracia esa trama de cordones, desencuentros y secretos que se da en los naufragios cotidianos, pero también en las alegrías, de ese viaje en familia que es quererse.

Como un guiño metateatral, La isla del aire confiere el papel de matriarca a la jefa de todo esto en la historia del teatro de este país: Núria Espert, a sus 88 años, encarna a la abuela Mencía, protagonista de este drama coral cuyo elenco también trenza lazos intrafamiliares, con Vicky Peña [pareja de Gas] y Teresa Vallicrosa, en el papel de sus hijas, y Claudia Benito [en sustitución de Miranda Gas, hija de Vicky y Mario] y Candela Serrat, como sus nietas, a las que se suma una tercera nieta, desaparecida pero presente, llamada Helena. 

Núria Espert durante la presentación de 'La isla del aire' en Barcelona.

Núria Espert durante la presentación de 'La isla del aire' en Barcelona. / LP/DLP

Pero la columna vertebral de esta historia de revelaciones recae sobre la Espert, una abuela cruel y tierna, a quien le basta arquear levemente la espalda de ese cuerpo pequeño que ha sido Medea, Fedra, Electra, Yerma o Lucrecia para representar la carga de culpas y silencios, pero también de los fantasmas de la opresión del patriarcado y la herida intergeneracional, de una madre capaz de cruzar hasta la última frontera por sus hijas.

Una escena de 'La isla del aire'.

Una escena de 'La isla del aire'. / LP/DLP

Esta es la historia de un viaje a la isla que presta nombre a esta historia, como metáfora de cinco mujeres aisladas por su propia incomunicación. La isla se sitúa en Menorca, pero como trasunto de un regreso a Ítaca, que insufla de aire renovado a una familia ahogada por no decir. «La infancia es un cuchillo clavado en la garganta. No se lo arranca uno fácilmente, sólo las palabras tienen el poder de arrancarlo», dice una de las líneas de Incendios, de Wajdi Mouawad. Precisamente, la obra maestra anterior que trajo a Espert al Cuyás, así como el dramaturgo de la próxima obra programada en el recinto grancanario.

La isla del aire se extiende alrededor de un faro donde el personaje de Mencía convoca a las suyas para arrancar ese cuchillo, para hablar, para nombrar, para soltar. «No estamos solas», dice por fin el personaje de Peña. Madres e hijas se cogen de la mano al borde del abismo. Y qué faro tan brillante es Núria Espert.

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