Análisis
Diálogo musical con África
Vertixe Sonora y su director, Chiacchiarini, impulsan un programa que plantea una conversación entre compositores europeos y africanos
Leandro A. Martín
La propuesta de Vertixe Sonora en el Teatro Leal fue un estupendo cierre al Tagoror de compositores y compositoras que reunió a los principales talentos creadores del Archipiélago y Península. Un programa con una proporción mayor de estrenos que de obras revisitadas, una práctica a la cual debemos acostumbrarnos si no deseamos que nuestros auditorios se conviertan en espacios museísticos. El concierto fue la antesala de la visita que la agrupación realizará al World New Music Days 2023 que la Internacional Society for Contemporary Music -a la cual nuestra asociación de Compositores COSIMTE está inscrita- situó en Sudáfrica este año. Es importante subrayar que la tinerfeña Candelaria Dorta y el grancanario Daniel Roca representarán a nuestras islas en ese prestigioso evento. Las intervenciones musicales fueron precedidas por una breve introducción por parte de los compositores interpelados por el director Mariano Chiacchiarini, quién realizó una impecable tarea sacando adelante el programa, que planteó un infrecuente diálogo entre compositores europeos y africanos bajo el lema Njangi, designación del espacio de reunión en culturas africanas similar al Tagoror de los aborígenes canarios. La primera obra, escrita por Lukas Ligeti quien además de excelente trompetista es hijo de György Ligeti y director de aquel evento, fue Tangle, para trompeta y percusión, obra de accesible apreciación que permitió recibir con atención las siguientes piezas.
A continuación una obra del director artistico de Vertixe, Ramón Souto, Njangi, de 35 minutos de duración en los cuales ninguno de los instrumentos se ejecutaban de forma convencional, sorprendiéndonos la estimulación de los mismos por medios tan inusuales como papeles o plásticos. MandEve Lines and Patterns from the Motherland, del compositor A. Oluranti, reconectó con la atención del público, acudiendo a materiales de su Nigeria natal sin caer en estereotipos a pesar de su lenguaje marcadamente rítmico.
La obra de A. Essyad, Marthyah, es una obra recuperada de su juventud para violín solo que nos permitió disfrutar de sus evocaciones y del virtuosismo de escritura e intérprete.
La obra de Daniel Roca Uguquko, «transformación» en lengua zulú, fue probablemente el descubrimiento de la noche. Con una sonoridad y un groove que no nos dejaba adivinar sus rasgos seriales nos demostró dos verdades ineludibles: que la música contemporánea puede conectar con facilidad con el público sin hacer concesiones, y que la creación actual en Canarias puede dialogar con la europea.
Finalizó el concierto con Alakanisa, de la sudafricana Monthanti Masebe que presentó una primera parte de muy fácil escucha para quien esté acostumbrado a los códigos de músicas para audiovisuales, que contrastó muy fuertemente con un posterior paisaje sonoro evocador de sonidos naturales a través del uso no convencional de los instrumentos. Una velada distinta y necesaria para conectar culturas y tradiciones en unos momentos que no invitan al optimismo.
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