Empezar como un grupo de amigos de instituto aficionados a disciplinas artísticas dispares y terminar coproduciendo una obra con la Compañía Nacional de Teatro Clásico o ganando un Premio Max: así ha sido la evolución a lo largo de más de 25 años la compañía teatral Ron Lalá, que nació en Madrid en 1996 abrazando el café-teatro y que los próximos 24 y 25 de noviembre se sube a las tablas del Teatro Cuyás de Las Palmas de Gran Canaria.

Villa y Marte es el título de la obra que trae este grupo de actores y músicos el próximo fin de semana a la capital grancanaria, un «sainete cómico-lírico de chulapos mutantes», como ellos mismos la definen, en la que se mezclan el género chico y la ciencia ficción.

El «tesoro» de la zarzuela

Ron Lalá viene siguiendo el género de la zarzuela desde hace tiempo, tal y como explica Miguel Magdalena, 'Peri', actor, músico, y director musical de la compañía, ya que «es un tesoro que solamente se cultiva en España» que, además, planta la semilla de la música que se escuchará en el país en los años 50 y 60 del siglo pasado. «Se puede trazar una línea desde los entremeses barrocos hasta la zarzuela, pasando por el sainete, hasta llegar a lo que son nuestros sketches actuales», describe Magdalena.

Con respecto a la ciencia ficción, el músico destaca la «capacidad imaginativa» del género y las posibilidades que les ofrece a nivel humorístico al mezclarlo con los rasgos de la zarzuela, en la que priman el costumbrismo y lo popular. «En las grandes piezas de este género», explica Magdalena, «están representados casi todos los estamentos de la sociedad: la ley y el orden, las mujeres pícaras, los pillos o la clase media».

Una verbena en Marte

¿Y cómo se refleja el costumbrismo en el ambiente marciano? «Ahí es donde realmente está la posibilidad de meter elementos que juegan a favor de Ron Lalá: chulapas marcianas, la bandera de seis ojos, organilleros de cuatro brazos», detalla el director musical de la compañía. Villa y Marte tiene como trama el viaje de una nave espacial al planeta rojo para intentar colonizarlo. Pero su capitán y Trasto, su androide, se encuentran con los vecinos mutantes de la ciudad de Martid que están en plena celebración de una verbena popular. El capitán se enamora entonces de una «chulapa marciana de ojos hechiceros» con la que quiere huir a Venus.

Este sainete musical en tres actos mezcla así las tres patas del robusto taburete sobre el que descansa la esencia de Ron Lalá: teatro, humor y música en directo. Esta última parte es, precisamente, la que más disfruta Magdalena: poder hacer música encima del escenario. «Nos da un plus de energía, un plus de ritmo a la escena, el público se siente arropado por sonidos, por acordes, por melodías que hacen que la energía de lo que ocurre en el escenario sea distinta. La clave del disfrute como director musical es poder ejecutar la música en directo y contar con estupendos músicos en la compañía», describe.

Un estado de ánimo

Además de la labor de director musical, Magdalena también está presente como actor en Villa y Marte, donde hace de monja, lavandera y alguacil, representando una parte de los estamentos sociales que suelen aparecer en la zarzuela. «El teatro es para mí más un estado de ánimo que la creación de un personaje», reivindica al preguntarle por el proceso de preparación de estos tres personajes.

«Por ejemplo, Rogelio Rojo es un alguacil de dos cabezas que tiene una buena y una mala. Y más que prepararlo desde la creación de un personaje o un punto técnico, a mí me gusta hablar de estados de ánimo. Él cree en la ley y el orden, en lo establecido, que lo defiende desde el corazón. Pero pasan cosas en la obra que lo van a terminar sacando de su centro», argumenta el actor.

Curso de música en el teatro

Además de estar los días 24 y 25 de noviembre en el escenario del Cuyás, Miguel Magdalena estará también en la sede de la Escuela de Actores de Canarias para impartir un curso intensivo de Introducción a la Música en el Teatro. La formación está pensada para actores profesionales o semiprofesionales, sin ser necesaria una formación musical previa.

«Siempre me he sentido “molesto”, así entrecomillado, por esta cosa de que los músicos parecemos gente a los que un hada nos ha soplado un polvo mágico cuando hemos nacido y parece que escuchamos el lenguaje de los árboles y la naturaleza. La música es un hecho humano, nos pertenece a todos y a todas. El hecho de que el ser humano pueda hacer música, no depende solo de su formación o su capacidad», afirma el actor y músico haciendo referencia a la filosofía de la formación que impartirá entre los días 27 de noviembre y 1 de diciembre.

«El objetivo es que la gente que se dedique al teatro, profesional o amateur, pueda tener un acercamiento a la música desde este punto de vista más lúdico, sin prejuicio, ser capaces de crear sonidos, canciones, crear melodías para espectáculos. Todos somos creadores y, al final, como todo, la música es inspiración».

Para obtener más información sobre este taller y sobre cómo inscribirse ―hay entre 20 y 25 plazas habilitadas―, se puede visitar el sitio web de la Escuela de Actores de Canarias.