El cineasta Isaki Lacuesta rodará un largometraje sobre el artista Manolo Millares

El realizador comienza a filmar este verano en Las Palmas de Gran Canaria

Estos meses triunfa con su título ‘Segundo Premio’, su (no) película sobre la banda Los Planetas

'Cuadro 16' (1957), de Manolo Millares.

'Cuadro 16' (1957), de Manolo Millares. / LP/DLP

Nora Navarro

Nora Navarro

Que los caminos de Isaki Lacuesta y Manolo Millares se entretejan en el presente suena como la rima interna de una línea de verso: el cineasta gerundense de poética propia y el artista canario universal del siglo XX, mirándose el uno al otro a ambos lados del plano, como «en un sinuoso laberinto creciente que abarcara el pasado y el porvenir y que implicara de algún modo los astros», en palabras de Borges.

Aún bajando de las constelaciones de Segundo Premio, su aplaudidísima (no) película sobre la banda Los Planetas, Isaki Lacuesta iniciará este verano el rodaje de un largometraje sobre la vida y obra de Manolo Millares (Las Palmas de Gran Canaria, 1926 – Madrid, 1972) , el pintor de las arpilleras que alojó su grito inconformista entre sus pliegues.

Cuenta el realizador, cuya laureada filmografía atesora títulos como La leyenda del tiempo, Entre dos aguas o Un año, una noche, que afronta este proyecto con la honestidad y sencillez con que la brocha empapada encuentra la tela. «Aún no sé qué forma tendrá», confiesa Lacuesta. «Lo bonito es que desde la producción me están dejando descubrir qué película es a medida que la hacemos porque, para mí, las películas son procesos vivos».

Campo de experimentación

El cine y el arte como campo de experimentación, de juego, de asombro, de quiebre, de espejo en el contraplano de su tiempo, impregna estas dos miradas que se cruzan. Ambos, en sus respectivos territorios creativos, han fundado un lenguaje. Millares dobla y tensiona la arpillera como quien amarra las sombras para abrir camino al blanco, y Lacuesta transita las grietas entre la realidad y la ficción, descosiendo las costuras del cine y asomándose a las fisuras para encontrarse a sí mismo.

Isaki Lacuesta.

Isaki Lacuesta. / LP

«Siempre que he visto obras de Millares me han impactado mucho y su universo coincide con intereses míos de todo tipo: plásticos, literarios, temperamentales. Sobre todo, creo que compartimos la noción de búsqueda», reflexiona el cineasta. «Siento unas ganas enormes de buscar en su mundo».

Para recartografiar y unir los mapas del confundador del mítico grupo El Paso, Lacuesta se desplazará este verano a Las Palmas de Gran Canaria, ciudad natal de Millares, donde el propio cineasta dio sus primeros pasos al abrigo del festival capitalino. «Me imagino una película viajera, en la que aparezcan distintas facetas de la personalidad y obra de Millares», explica. «Además de Gran Canaria, también viajaremos a Lanzarote, Cuenca, Barcelona, Madrid, pero también queremos que tenga una línea internacional, porque hay una conexión de Millares con Francia y Nueva York», continúa. «En este proceso de documentación me sorprendió mucho descubrir la vertiente literaria de Millares y me parece que no es casualidad que quienes lo descubriesen desde el MoMa y lo llevaran a EE.UU fueron poetas: Frank O’ Hara y John Ashbery».

Hijo del poeta Juan Millares Carló y la pianista Dolores Sall Bravo de Laguna, y hermano de los también poetas Agustín y José María Millares Sall, Manolo Millares también cosió las cuerdas de la poesía a los relieves de sus cuadros, «de cualidad hipertextual y voz en grito», describió O’Hara, donde el pintor citaba a coetáneos como Ventura Doreste, Manolo Padorno o Pedro Lezcano. «Hoy empujo yo libremente el propio carro de mis ideas hacia donde la cometa de mis sueños se remonta brillante en el espacio», escribió el pintor que no titulaba su cuadros en una pieza de 1953, con guiños a Dalí.

No es la primera vez que Isaki sigue el hilo de la cometa de otros sueños: Los pasos dobles (2011), inspirada en la biografía novelesca del pintor y escritor francés François Augiéras, y El cuaderno de barro (2011), con el pintor Miquel Barceló, desdibujan las fronteras del documental y la ficción, como en el grueso de la filmografía de Lacuesta, para cristalizar «el cine como memoria, pero memoria creativa». También La noche que no acaba (2010), un ejercicio metacinematográfico alrededor de Ava Gardner, o su correspondencia con la cineasta Naomi Kawase, In between days (2011), se inscriben en ese leimotiv que acuñó Lacuesta sobre su reciente película de Los Planetas: «Esto (no) es una película sobre Los Planetas. Es una película sobre la leyenda».

En esta ocasión, Lacuesta también busca la leyenda millaresca en los testimonios de los familiares del artista y de los expertos en su obra. «Luego veremos si esas voces aparecen en la película de forma literal o si nos sirven como inspiración porque la película cobra otra forma», manifiesta.

El artista Manolo Millares.

El artista Manolo Millares. / LP

Pero sobre este guion abierto pende un título provisional: El universo es negro, si bien Millares, cuando centró su producción artística en las arpilleras a partir de la década de los 60, conjugaba el rojo, el blanco y el negro hasta alcanzar, en su momento final, lo que el crítico de arte José-Augusto França definió en el libro Millares (La Polígrafa, 1972) como «la victoria del blanco». «Y también ese es un título posible», admite Lacuesta.

«Existe un verso de Pessoa que me gusta mucho y que siempre quise usar como título para una película, que dice: «Sí, está claro, el universo es negro, sobre todo de noche». «Pero ya le regalé el título Sobre todo de noche a Víctor Iriarte para su última película, así que ahora me queda la otra mitad», ríe. «Fíjate, dos películas que no tienen nada que ver y que formarían un título de Pessoa entre las dos. Pero con respecto a la película de Millares puede que titulemos por El universo es negro y que la película sea blanca. O por La victoria del blanco y que la película sea negra. O quizás surja un tercer título, otros colores, por el camino».

Ese camino siempre entraña algo de regreso, de intersección de mapas, como los cuadros en que Millares se transfigura en el reflejo de aguas blanquinegras de Humboldt. «Cuando escoges las personas sobre las que trabajas siempre intentas buscar intersecciones, espejos en los que te gustaría reflejarte», cavila el cineasta. Y es que la primera geografía de Millares fue escenario de los primeros aleteos de Lacuesta, donde el Festival Internacional de Cine de Las Palmas de Gran Canaria, que hoy dirige Luis Miranda, seleccionó en 2006 su película iniciática, La leyenda del tiempo, hermosísima fábula de un entonces desconocido Isaki Lacuesta, que sigue los caminos de Isra y Makiko atravesados por Camarón de la Isla. Doce años después, su secuela, Entre dos aguas (2018), se alzó con la Concha de Oro en el Festival de Cine de San Sebastián, entre otros muchos reconocimientos.

«Las Palmas fue muy clave en mi vida cinematográfica porque La leyenda del tiempo fue, en muchos sentidos, mi primera película, y el festival la apoyó», rememora. También en la Isla conoció a Naomi Kawase, a muchos de sus coetáneos, a sus maestros. A sus amigos. El pasado 2021, el festival grancanario le galardonó con la Lady Harimaguada de Honor en el marco de su 20º edición. El fallo honorífico le distinguió como «una voz imprescindible que abrió ventanas a ese ‘otro’ cine español». Ahora sus aires se siguen mezclando con nuevos colores, nuevas materias, nuevas ventanas, como una cometa que vuela siempre cerca de la luna.