Crece la fascinación por la arquitectura industrial

Repunta el interés por construcciones patrimoniales históricas, como el Kunstsilo de Noruega, que se revalorizan al otorgarles un nuevo uso

Kunstsilo, el nuevo museo de arte nórdico al sur de Noruega, proyecto de rehabilitación de los estudios de arquitectura españoles Mestres Wåge, Mendoza Partida y BAX Studio.

Kunstsilo, el nuevo museo de arte nórdico al sur de Noruega, proyecto de rehabilitación de los estudios de arquitectura españoles Mestres Wåge, Mendoza Partida y BAX Studio. / LP/DLP

En nuestro mundo siguen apareciendo piezas de la mejor arquitectura industrial, ya parte de la historia, que son revalorizadas al otorgarles un nuevo uso no industrial. Un movimiento que no para, pues existe a lo largo del planeta un grupo nutrido de intelectuales, arquitectos, escritores y artistas que han (hemos) hecho de la ciudad industrial una fuente constante de inspiración. En Canarias son ejemplos de esta tendencia la Sala de Arte La Regenta, en las La Palmas de Gran Canaria, y el Espacio Cultural El Tanque, en Santa Cruz de Tenerife, ambos dedicados a la cultura desde hace décadas.

Es ese valor intrínseco que tienen algunas piezas patrimoniales de nuestra historia industrial el que sigue siendo visto por el mundo del arte actual como espacios llenos de potencia, nostalgia y muchas veces de una enorme belleza formal, y como espacios de oportunidad para la innovación artística.

El edificio que les presento es un antiguo silo de cereales que desde el mes pasado es un nuevo espacio para la cultura Noruega. Un silo odiado y abandonado durante décadas al que hoy se le otorga un gran valor, al considerarlo no solo una inusual escultura en medio de la ciudad sino que es valorado como arquitectura con mucha historia que contar.

Kunstsilo: un museo noruego en un antiguo silo de cereales

Como otros espacios industriales se trata de llenar de cultura antiguas grandes máquinas productivas que se han ido sustituyendo con cada avance del progreso hasta quedar en desuso.

La mera contemplación de sus restos industriales sigue produciendo sensaciones en el observador que lo mueven, muchas veces, entre el amor y el odio, como también ocurrió aquí en Tenerife con El Tanque. Pero la academia, la crítica y el mundo de la cultura al completo, considera ahora piezas colosales que hay que conservar que nos cuentan la historia de una época, como ocurre con este silo noruego que forma parte de ese conjunto de cicatrices fuertes y de gran belleza, que en su día modificaron el territorio, lo invadieron, y hoy ayudan a definir el paisaje y amplían el pensamiento contemporáneo normalizando las formas industriales en la manera que tenemos ahora de mirar nuestras ciudades y paisajes urbanos.

En este silo de grano de principios del siglo XX noruego, la galería de arte Kunstsilo ha abierto recientemente al público en la ciudad de Kristiansand. La rehabilitación fue redactada por los estudios de arquitectura barceloneses Mestres Wåge, Mendoza Partida y BAX Studio, que han transformado la monumental construcción de hormigón armado que es el silo para albergar una colección de más de 5.500 obras de arte moderno nórdico.

Objeto de discusión y amores y odios en esta pequeña ciudad de Kristiansand de 87.000 habitantes ha sido esta intervención arquitectónica, pues en la misma se tomó una decisión arriesgada desde el punto de vista de la legislación de patrimonio histórico pero que finalmente fue aprobado y ejecutado. Esa decisión fue la de recortar algunos de los treinta depósitos cilíndricos del antiguo almacén de cereales, cincelando un atrio escultórico de 21 metros de altura. Las galerías expositivas se sitúan al alrededor del mencionado atrio, la mayoría de las cuales se encuentran alojadas en dos ampliaciones contiguas.

Lo que más gusta en la ciudad es el resultado final, pues el exterior de color blanco y luminoso aporta un espacio cultural radiante y espectacular en el archipiélago más al sur de Noruega. Según los arquitectos, la construcción añadida en el lado este del Kunstsilo está revestida de aluminio con un acabado corrugado. Las terrazas de la azotea están protegidas con cilindros de vidrio que se alinean con el exterior ondulado de los silos más bajos, actuando como una continuación de ellos.

dulce xerach pérez. abogada y doctora en arquitectura. investigadora de la universidad europea

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