Entrevista | Ángeles Alemán Investigadora, docente y escritora

Ángeles Alemán, investigadora y escritora: «Sventenius soñó con el Jardín Canario toda su juventud»

La doctora en Historia del Arte presenta este viernes 21 de junio su libro 'El último amor de Sventenius' sobre la vida del botánico sueco que impulsó el Jardín Canario

La investigadora, docente y escritora, Ángeles Alemán.

La investigadora, docente y escritora, Ángeles Alemán. / Estrella Muti

Martina Andrés

Martina Andrés

Ángeles Alemán (Las Palmas de Gran Canaria, 1961) es doctora en Historia del Arte, docente, investigadora y escritora. Este viernes 21 de junio presenta su libro 'El último amor de Sventenius', una obra que ahonda en la vida del botánico sueco que pudo ver materializado en Gran Canaria su gran sueño: el Jardín Canario Viera y Clavijo.

¿Cómo surge la idea de escribir El último amor de Sventenius?

Ha sido un proceso de dos años de investigación. Aunque es un libro que mezcla la realidad con la ficción, todo lo que hay sobre Sventenius está muy documentado. La idea surgió al saber de la historia de amor que él había tenido en Las Palmas de Gran Canaria con una persona que es la que llevaba el Hotel Lentiscal, Lotti Kercher. Cuando me enteré de esta historia, fue cuando pensé que era el momento de escribir sobre él. Era un personaje que yo admiraba mucho, siempre me había parecido muy importante su figura. Pero nunca me había imaginado que iba a escribir sobre él. Fue esa chispa la que hizo que me dedicase a investigar a Sventenius y su vida y escribiese sobre él.

¿Cómo llega usted a conocer la figura del botánico sueco?

A Sventenius lo había escuchado nombrar mucho en mi casa. Tanto mi padre como un tío mío, Manuel Quintana, eran unos grandes aficionados a la botánica y hablaban mucho de Sventenius. En mi infancia, era un personaje común en las conversaciones. Para mí era un monje medieval, yo no tenía ni idea de que era un señor sueco. Por ese nombre tan latinizado, pensaba que era un monje medieval. Después, con mis alumnos, siempre iba al Jardín Canario en una asignatura que impartí durante años y siempre paraba delante de la tumba de Sventenius, como un acto de respeto. Me parecía muy bonito tener esa deferencia con esa figura tan importante. 

¿Qué hecho o anécdota es la que más le ha llamado la atención de la vida del botánico sueco?

Él es un personaje digno de una novela. Por ejemplo, cuando empieza la Guerra Civil, él trabajaba en Marimurtra, un jardín botánico en la costa catalana. Ante la posibilidad de que el jardín cayera, él, ni corto ni perezoso, cogió la bandera sueca que tenía guardada y la extendió de un lado a otro del balcón. Cuando llegaron los emisarios del Ayuntamiento para requisar el jardín, señaló la bandera sueca e indicó que aquello era un centro científico. 'Así que, solamente si ustedes aceptan esta característica, pueden estar aquí. Si no, pues nada, porque estamos bajo la protección de Suecia'. Era un convencido pacifista y, cuando empieza la Segunda Guerra Mundial, se va al Monasterio de Montserrat para ayudar a los monjes a restaurar el vivero y el jardín del monasterio. Durante la Guerra Civil dirigió una colonia de niños, organizada por la Embajada de Suecia, en Tella, en Cataluña. Ahí cuidaron de más de 400 niños que venían de Madrid y de Barcelona. Y en Tella hay una calle al nombre del señor Svensson, que era su nombre, Erik Ragnor Svensson.

En la novela se mezclan realidad y ficción, ¿dónde ha puesto la línea roja de lo que puede inventar y lo que no?

La verdad que me lo he pasado muy bien mezclando cosas. Hay una mezcla casi continua, no de personajes, pero sí de elementos ficticios y no ficticios y de reales y no reales. La escritura de este libro ha sido una nueva etapa en mi vida, disfrutar de no tener que limitarme al trabajo puramente académico, que es lo que yo llevo haciendo toda mi vida. He podido echarle alas a la imaginación y dejarla volar. Hay un personaje inventado. Es muy gracioso porque cuando aparece ese personaje es porque lo vi claro, 'esta persona tiene que aparecer aquí' (risas). Son cosas muy curiosas de cuando empieza una a escribir ficción. El recrear un personaje como Sventenius necesitaba una parte de ficción, porque era un personaje muy admirado pero muy desconocido a nivel personal. Gracias a su correspondencia y otras cosas que encontré, pude de alguna forma imaginar o reconstruir algunas partes de su vida que no están documentadas oficialmente pero que están ahí.

¿Puede el lector distinguir lo que es real de lo inventado?

Yo creo que el lector simplemente puede disfrutar. Está mezclado todo de tal forma que es difícil saber lo que es inventado y lo que no. Lo mejor es disfrutar con la lectura de este libro. Es para eso. Yo disfruté muchísimo escribiendo e investigando para hacerlo. De hecho, estuve en el Monasterio de Montserrat varios días para captar el ambiente en el que había vivido, visité Marimurtra, estuve en Suecia donde nació... He ido siguiendo sus pasos para poder reconstruir al personaje. De alguna forma, esa idea luego me llevó a pasarlo realmente bien y a disfrutar mucho escribiendo el libro. Es un libro que enseña la vida de un personaje maravilloso que es Sventenius y lo que él hizo en Canarias que fue espectacular, el Jardín Canario Viera y Clavijo.

La historia de amor de Sventenius con Lotti Kercher está presente en esta novela. ¿Fue ella su último amor?

Su último amor fue ella. Aunque también hay un momento en el que yo misma he durado de si su último amor fue Lotti o fue el Jardín Canario. Fue la gran obra de su vida, fue el sueño hecho realidad al que dedicó veinte años. Ahí se mezclan las dos cosas. Cuando él muere, muere en un momento de plenitud. Con su jardín ya montado, con los alumnos y los escolares que van a visitar el jardín, con Lotti y él preparando una boda que nunca se llegó a hacer... Es muy dramático ese final. Fue injusto. La prensa de la época recoge muchísimos artículos de gente que se quedó absolutamente impactada con la muerte de Sventenius. Fue un accidente. Creo que eso también se plasma en el libro. La sensación de la felicidad truncada. Era una persona que había tenido una vida dura, complicada, de mucho trabajo. No de pasar hambre, pero sí pasar penurias económicas, no tener una casa propia nunca. Alguien que ha vivido una vida absolutamente dedicada a las plantas, que eran su gran obsesión y su gran amor. Cuando ya está en su momento de madurez, de la felicidad, cuando ha encontrado una compañera con la que compartir, todo eso se trunca. Me pareció importante resaltar esa idea. Porque es una vida heroica, una vida clásica.

¿Cómo definiría su relación con el Archipiélago y con Gran Canaria?

De amor total. Él se enamoró de estas Islas. Hay una cosa que se recoge en el libro y es que, en un momento determinado, cuando él ya está aquí empezando a hacer el Jardín Canario, le llegan propuestas de muchísimas partes del mundo para dirigir jardines botánicos pagándole muchísimo mejor, atendiéndolo muchísimo mejor. Le dice que no a todo. Lo que quiere es organizar ese jardín con el que había soñado desde su juventud.