El Sonora y Ale Acosta, gracias 'porvenir'

Sonora brinda un espacio a nuevas voces, a otros lenguajes, a otros ritmos con que el reloj de la ciudad no parece acompasarse

Ale Acosta en el Sonora 2024.

Ale Acosta en el Sonora 2024.

Nora Navarro

Nora Navarro

El Sonora Las Palmas de Gran Canaria, concurso-festival concebido para la promoción de bandas canarias emergentes, es de esos pequeños milagros que resisten en el panorama musical capitalino. En una ciudad de casi 400.000 habitantes que adolece de una grave falta de salas de pequeño y mediano aforo para mantener vivo y engrasado el circuito de la escena local, y donde artistas, productores y gestores operan bajo el yugo de las denuncias vecinales que han ido apagando la música en el corazón de la ciudad, Sonora brinda un espacio a nuevas voces, a otros lenguajes, a otros ritmos con que el reloj de la ciudad no parece acompasarse.

El fin de fiesta de Sonora 2024, patrocinado por el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria, se celebró el pasado sábado en el escenario de la Plaza de la Música, un espacio flanqueado por locales, propiedad del Consistorio, donde en otro tiempo proliferaron conciertos de distinto signo donde la plaza hacía honor a su nombre. En los últimos años, los ganadores del Sonora toman este escenario en el marco de las Fiestas Fundacionales de la ciudad y comparten cartel con otras bandas y solistas del firmamento nacional: esta undécima edición se coronó con Coque Malla, ex líder de Los Ronaldos, la artista soulera Acantha Lang y el músico, productor y dj Ale Acosta, junto a las actuaciones de los canarios Nala Rami, ganador del Sonora 2024, y de Pink Flamingos & The Cherry Lovers y Bad Bone Stompers, subcampeones ex aequo.

Con una afluencia superior a otros años pese a tratarse de un puente, los conciertos se sucedieron con nota y el regreso de Coque Malla supo enganchar a un público dominado por fans acérrimos que se emocionaron con himnos como No puedo vivir sin ti o Te dejé marchar, en el marco de una actuación que arrancó con retraso y se prolongó durante alrededor de 100 minutos. Sin embargo, cabe mencionar que esta circunstancia obligó al broche del fin de fiesta, la esperadísima puesta de largo de El Porvenir, de Ale Acosta, a recortar su show a la mitad, con un retraso de 50 minutos sobre la hora prevista.

No es baladí que el artista de Lanzarote, uno de los talentos isleños con mayor proyección del panorama nacional, encarna la esencia de un proyecto como Sonora, al que aterrizó en un contexto espacio-temporal de enorme simbolismo. Esta semana, Acosta anunció junto a Nita Majón la disolución de Fuel Fandango, el dúo de electroflamenco que arrasó escenarios con esa aleación explosiva a lo largo de 15 años. El Sonora, que en el transcurso de su trayectoria se ha desarrollado bajo las denominaciones La Caja Sonora y Capital Sonora como citado escaparate de músicas emergentes, acogió el segundo concierto de la historia de Fuel Fandango antes de conquistar sus 13 lunas y tocar el cielo.

En este punto y seguido, Ale Acosta emprende ahora su propio camino con su primer disco en solitario, El Porvenir, un debut sobresaliente que combina paisajes electrónicos con aromas folk de su tierra, que vivió el segundo concierto de su historia el pasado sábado con su regreso al Sonora, tras una primera actuación en el festival Sonidos Líquidos, en la isla natal del artista, hace dos fines de semana. No solo hizo un (medio) concierto exquisito y rompepistas, arropado por unos cuidadísimos trabajos visuales que encumbraron temas como La Ceniza, su dúo volcánico con la palmera Valeria Castro, o Famara, junto a Depedro, sino que esta fiesta en directo embarcó a otras dos joyas de la tierra, Carlos Sosa y Xerach, a la percusión.

La organización quiso defender su show completo pero, parafraseando al exronaldo, "no hubo manera". La fiesta se cortó a la mitad. El poeta Ángel González escribió estos versos: "Te llaman porvenir porque no vienes nunca. Te llaman: porvenir, y esperan que tú llegues como un animal manso a comer en su mano". Símbolo del porvenir de esta ciudad donde, pese a porvenires que insuflan esperanza a esta tierra donde la música languidece, siguen robándonos los bailes.