Música
Pablo López convierte el Gran Canaria Arena en un patio lleno de emoción
El cantante y compositor malagueño reúne en el recinto grancanario a alrededor de 3.500 personas
Destacaron temas como ‘El mundo’ o ‘MámaNo'

La Provincia

«El patio está embrujada. El patio se compuso, no fue compuesta. Cada uno tiene su patio. Es tremendo lo que pasa. Nunca he cantado esa canción sin que pase algo. Nunca jamás». Estas fueron las palabras que dijo Pablo López en 2018 con respecto a uno de los temas que más alegrías le ha dado a lo largo de su carrera profesional, una canción que forma parte del disco Camino, fuego y libertad que el cantante malagueño siempre ha dejado que el público interprete a su manera.
«Fuera, vete de mi casa, tú no eres mi amiga». Cuando los primeros versos de la canción llenaron el pabellón del Gran Canaria Arena, el embrujo se activó. Embrujo que comenzó a las 21.17 de la noche cuando se apagaron las luces y el artista apareció vestido de negro sobre el escenario entonando la letra de Unikornio.
Sencillo, como lo que le hace falta a López para conmover: solo su voz y las teclas de un piano. Tras varios segundos de duda por parte del público por un problema de sonido -parece que el micrófono no estaba encendido- el espectáculo arrancó. El cantante, que en un primer lugar tocaba un pequeño teclado rojo, tardó pocos minutos en descubrir a la banda que lo acompañaba y colocarse frente al piano de cola, instrumento detrás del que pasó gran parte del concierto. Su aliado, al que no dudó en abandonar cuando fue necesario para animar a la gente a saltar, a bailar, a acompañarlo en su derroche de energía.
Tras cantar Dónde, dirigió las primeras palabras de la noche al público: «Qué bonito es estar, qué bonito es que los miedos se superen. Qué bonito es seguir pisando una tierra en medio del corazón de uno», dijo en primer lugar.

Pablo López convierte el Gran Canaria Arena en un patio lleno de emoción / La Provincia
«Tenía pensado un momento de charla y coloquio con vosotros, hablar de qué está pasando con el cambio climático, alguna balada que otra. Pero en verdad, lo único que puedo decir es que la música nos fascina. Gracias por estar aquí», añadió entre los aplausos de los asistentes.
Mientras interpretaba otros de sus temas y su imagen aparecía en las pantallas colocadas a los laterales del escenario, surgió la incógnita: ¿quién era la mujer con la que el cantante llevaba en videollamada desde que había comenzado el show?
López no tardó mucho en revelar su identidad: era su tía, que cuando tenía 13 años había vivido en Gran Canaria y le tiene un especial cariño a esta tierra. «Ella está en Málaga y yo le dije: ‘¿tita, por qué no te vienes al concierto’? Y aquí está», reveló antes de poner al público a brincar y a tocar las palmas de nuevo.
Otro de sus éxitos más conocidos, Hijos del verbo amar, no se hizo esperar. Haciendo la percusión con sus manos sobre el piano, López introdujo el tema junto a los músicos de su banda. «Nadie les calla la boca, nadie conoce de sus heridas, maleta y rumbo directo al sol».
También él aplaudió al público antes de transformar el Gran Canaria Arena en un patio lleno de emoción. La que es una de sus canciones más conocidas, una de las que mejor define la esencia de Pablo López, ese que quedó finalista en la sexta edición de Operación Triunfo y que hoy lleva años subiéndose a los escenarios, llegó en el ecuador del concierto consiguiendo que las voces de la gente sonaran al unísono con fuerza: «No soy más que un niño, con los pies descalzos».
Al terminar El patio, tanto él como todos los miembros de la banda tomaron asiento sobre las tablas. Un punteo de guitarra evocaba sueño y sensibilidad: «Me conocen por culpa del aire», empezó a cantar el malagueño dando paso a su canción MámaNo.

Pablo López convierte el Gran Canaria Arena en un patio lleno de emoción / La Provincia
Arropado por sus músicos y las voces de la gente, los acordes rebosaban ternura. «Aprovecho en nombre de Eduardo Jerez para que den un fuerte aplauso a todo el equipo», dijo dirigiéndose a su grupo. «Hoy he llegado al hotel y os voy a contar una exclusiva, no he venido en furgo», confesó antes de preguntar por el resultado del partido de fútbol de hoy y de que el público comenzara a entonar el pío-pío.
Las revelaciones continuaron: López hizo alusión a su miedo a los aviones, a lo que le había costado subirse a uno para un concierto que dio en el Paper (hoy la sala Alboroto). «A mí la primitiva de verdad me tocó el primer día que vine aquí», añadió.
La energía del malagueño continuó alta durante el resto del concierto, igual que la sensibilidad en sus palabras. «Son muchas veces viniendo aquí, he cumplido 40 tacos y yo quiero daros las gracias por el abrazo tan grande que me habéis dado», concluyó.
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