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Análisis

El poeta que allendó a Pinochet

La autora Nadia Jiménez escribe un homenaje a sus padres, el poeta Juan Jiménez y la artista María Castro, en un relato sobre los crímenes de los militares chilenos organizados por EEUU

El poeta que allendó a Pinochet

El poeta que allendó a Pinochet / La Provincia

Javier Doreste

Javier Doreste

Nadia Jiménez ha escrito un hermoso libro. Parte memoria de infancia y adolescencia, parte homenaje a la figura de sus padres, el poeta Juan Jiménez y la artista María Castro. Trata del impacto que tuvo el golpe asesino de Pinochet en el hogar de los Jiménez Castro y se ha convertido en un libro tan imprescindible como la canción necesaria para María C.

Cargado de poesía contenida, sin caer en el aspaviento, se ciñe al salvaje relato de los crímenes cometidos a partir del once de septiembre de 1973 por los militares chilenos; cuando fueron organizados y dirigidos por la CIA, el futuro premio Nobel Kissinger y el corrupto presidente Nixon.

Jiménez logra, pese al horror de lo que cuenta, huir de los tópicos acostumbrados y escribir una hermosa historia de amor de múltiples facetas. El amor entre sus padres, el amor por el Chile de Allende, aquella hermosa esperanza asesinada como título el periódico comunista L’Humanité, el amor por las palabras como vehículos de libertad y razón, sentimiento y pasión.

El poeta Juan Jiménez ha viajado a Chile desde Argentina. Tiene amigos e interés en ver la vía chilena hacia el socialismo. No ignora las tensiones, los boicots empresariales, los intentos de trancazos contra el gobierno de Allende. Un gobierno que quiere ser ejemplo para el resto de los pueblos.

No es necesaria la lucha armada para alcanzar la liberación de los pueblos del Sur del neoimperialismo del Norte. Simbólicamente, Fidel Castro regala una metralleta al presidente Allende como diciendo: «Tú inténtalo pero te van a sacar a tiros y tendrás que defenderte».

Pero todavía no ha llegado ese momento. Por ahora el poeta se encuentra con amigos, los periodistas, entre otros, Carlos del periódico el Andino y Luis Eduardo, editor de la revista Chile Nuevo. Ambos desaparecerán, el cuerpo de uno de ellos, torturado, se encontrará lejos de Santiago, en un cerro, con otras víctimas del horror.

Juan no sabe nada ellos por el momento. Organiza su regreso, es un poeta marcado por el franquismo y Pinochet es un admirador declarado del dictador español. Pero el poeta hace algo más que organizar su viaje. Prepara la salida clandestina de Chile de dos hermanos marcados por los asesinos, Lucho y Gisela.

Buscados como sus compañeros encerrados en el estadio y en tantos centros clandestinos de detención y tortura. Juan Jiménez se la está jugando. Aprovecha su posición de empleado de Iberia, la compañía aérea bandera del franquismo, para introducir a los dos hermanos en el avión, ante las mismas narices de los milicos encargados en el aeropuerto de impedir ese tipo de cosas. Y lo logra. Si lo hubiesen descubierto es posible que nunca hubiese regresado a Canarias.

Nadia Jiménez nos cuenta la espera de la familia en Las Palmas de Gran Canaria. No saben nada de lo que pretende el poeta, de su acción salvífica. Ella es una niña cuya madre, María C. entretiene con canciones. Eso sí, recuerda las conversaciones nocturnas de los poetas, en el piso familiar, la ventana cerrada, pese al humo de los cigarros, por si alguien está escuchando lo que no debe.

Hasta que llega el padre con los exiliados y una maleta que no tiene ropa y está cargada de libros y cintas con el último mensaje de Allende desde el palacio de La Moneda. Todo lo cuenta Nadia con una prosa elegante, que nos lleva como si escribiera versos y cuando cerramos el libro pensamos en la heroicidad que no conocíamos del poeta, en las vidas que salvó, los riesgos que corrió y cuanto le debemos por sus versos como tanto le debemos a Nadia por este hermoso libro.

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