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Violencia machista

Cristina Fallarás, periodista: «La mayoría de los testimonios son de agresiones sexuales en la familia»

La periodista y escritora presenta en Café D'Espacio el libro 'No publiques mi nombre' con una recopilación de alrededor de 1.500 testimonios de mujeres que han sufrido agresiones o acoso sexual

La idea es crear una memoria colectiva que sirva de legado para las generaciones futuras e ilustre que la violencia machista es estructural

Cristina Fallarás presenta 'No publiques mi nombre' con Acción Comadres en el Café D'Espacio.

Cristina Fallarás presenta 'No publiques mi nombre' con Acción Comadres en el Café D'Espacio. / Andrés Cruz

Martina Andrés

Martina Andrés

Las Palmas de Gran Canaria

«Si lo de Rubiales es una agresión, lo de mi marido ni te cuento». Esta frase la recoge en su prólogo el libro No publiques mi nombre que recopila alrededor de 1.500 testimonios de 750 mujeres que han sufrido acoso o agresiones sexuales en algún momento de su vida y que hoy se ha presentado en Las Palmas de Gran Canaria. Un conjunto de duros relatos que han salido a la luz a raíz de la cuenta de Instagram de la periodista y escritora Cristina Fallarás, con la que las mujeres se ponen en contacto diariamente para contarle sus vivencias.

«Este relato testimonial es el relato necesario y previo a una denuncia. Sirve para localizar qué has vivido, para eliminar la vergüenza y la culpa al ver que existe un grupo de mujeres que han experimentado lo mismo que tú», ha reivindicado esta mañana la periodista desde el Café D'Espacio de la capital grancanaria, acompañada de la magistrada y exdelegada del gobierno contra la violencia de género, Vicky Rosell, la activista feminista e integrante de la asociación sin ánimo de lucro Acción Comadres, Zinnia Quirós, la actriz María Botto, la periodista Karmele Marchante y la periodista especializada en género y Derechos Humanos, Marisa Kohan.

Tras recibir y leer los mensajes, Fallarás los hace públicos en su perfil manteniendo el anonimato tanto de la víctima como del agresor, ya que el objetivo con el que nació esta iniciativa hace ya más de un año y tres meses, no es el de la denuncia, sino el de crear un espacio seguro en el que las mujeres puedan atreverse a dar el primer paso de poner en palabras un suceso traumático que, en muchos casos, llevan guardando en silencio desde la infancia. Después, si acuden o no a denunciar, es decisión de ellas, tal y como ha reflexionado Quirós.

«Las mujeres que hemos sufrido esas agresiones, somos la que lideramos ese proceso de cómo las queremos contar, cuándo, o a quién. Necesitamos estar preparadas para contarlo y estar acompañadas psicológicamente. Y, si luego no quiero denunciar a una instancia jurídica, estoy en todo mi derecho. Un proceso judicial sigue revictimizando, poniendo el foco en la agredida y no en el agresor», ha expresado la activista.

«Hola, Cristina»

«Hola Cristina. Después de haber leído tantos testimonios, ahí va el mío», «Hola Cristina, yo también sufrí abuso de...». Así empiezan algunas de las historias que la periodista recibe en su cuenta desde hace meses. Una prueba del efecto dominó que genera una voz que se alza: siempre le siguen más.

Algo similar ocurrió en el año 2018, cuando tras la primera sentencia que se dictó durante el caso de La Manada -en la que se condenó a los acusados por abuso sexual en lugar de agresión sexual, negando la violación-, la periodista creó en X (entonces Twitter) el hashtag #Cuéntalo en el que 790.000 mujeres de distintas partes del mundo contaron sus historias de violencias o abusos.

También, gracias a su cuenta de Instagram, el exportavoz de Sumar, Íñigo Errejón, está siendo investigado tras recibir, entre otras, la denuncia por agresión sexual de la actriz Elisa Mouliaá, lo que, sumado a la publicación de más testimonios anónimos de otras mujeres que señalan al político como agresor en la cuenta de Fallarás, lo llevó a dimitir el pasado 26 de octubre.

Respirar hondo

Para leer las historias que las mujeres relatan en No publiques mi nombre hay que una pausa y respirar hondo entre cada texto. En muchos de ellos, se mantienen los detalles más explícitos: «No es lo mismo la mujer que dice: 'mi abuelo me tocaba ahí abajo', que la mujer que me dice: 'el hijo de puta de mi abuelo me metía los dedos en el coño'», apunta Fallarás haciendo alusión a la importancia de no maquillar la realidad para que las mujeres puedan verse reflejadas y se atrevan a narrar sus vivencias.

Esto es lo que Quirós define como «mecanismos de identificación»: hay detalles muy precisos que despiertan vivencias concretas que si no fuera por estas pinceladas quedarían ocultas. «Os pongo el ejemplo de una compañera que te habla de la violencia obstétrica. Cuenta cómo le ataban las manos porque tenía una cesárea. Se me había olvidado, pero a mí también me ataron las manos en la cesárea y lo había borrado de mi cerebro. Y ahí surge un: 'Uy, esto que cuentas me acaba de despertar un recuerdo y me ha trasladado a que cuando era pequeña mi padre me hizo no sé qué'. Unas relatándose empiezan a provocar que otras también se relaten», indicó la integrante de Acción Comadres.

A excepción de corregir las faltas de ortografía, la originalidad de todas las historias se ha mantenido intacta. Ni siquiera han sido ordenadas: «Cualquier orden por nuestra parte en el contenido era intervenir. Y cuando intervienes corres el riesgo de suavizarlo o de rizarlo más. Cuando lees por quinta vez seguida que el abuelo le toca a la nieta los genitales, a la sexta vez ya no te duele tanto», ha expresado la periodista.

Ante esta insensibilización a la que lleva el bombardeo de información, Fallarás alude a la labor de los periodistas como narradores y narradoras: «Nuestro papel es relatarlo de manera que algo que parezca ya muy manido esté contado de una manera nueva. Siempre hay que prestar atención a desde dónde miras».

Apoderarse de la ficción y la no-ficción

Los episodios ocurridos cuando las mujeres son menores son más de un 70% y, en muchos casos, tienen lugar en el núcleo familiar. También en el ámbito médico y clínico, donde ginecólogos y otros profesionales del mundo de la salud se aprovechan de su posición para abusar de sus pacientes. Todo ello sin contar a todas las mujeres que no se atreven a denunciar o ni tan siquiera a contar lo que vivieron en su círculo cercano.

Por suerte, cada vez hay más relatos, tanto en la ficción como en la realidad, que despiertan los «mecanismos de identificación» de los que habla Quirós, que le dan a las mujeres el valor y las palabras para conseguir estructurar en un relato lo que han vivido. «De repente, de alguna forma intuitiva, nos dimos cuenta de que la ficción no iba a dar abasto, de que todas queríamos narrarnos y tanto el cine, como la literatura, como las obras de arte, como el teatro, llevan sus tiempos. Vimos que había que abrir canales para que la narración fuera testimonial y, sobre todo, para que haya una memoria colectiva. Porque la ficción nueva que es sobre nosotras es lenta y personal. Sin embargo, una memoria colectiva anónima que habla sobre un tema forma un archivo histórico», ha concluido la periodista.

Por último, Fallarás recalcó que todo lo recaudado con No publiques mi historia irá destinado a Acción Comadres con el objetivo de llegar a los pueblos y al mundo rural y animar a que las mujeres de estos entornos también cuenten su historia. Además, en paralelo a esta actividad, la idea es hacer un documental que refleje todo este proceso de desarrollo de una memoria conjunta que, poco a poco, se va construyendo con las manos y las voces de tantas y tantas mujeres que se han cansado de estar calladas.

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