La escritora Lana Corujo canta bingo en su debut volcánico sobre la infancia
La escritora e ilustradora lanzaroteña publica su primera novela, ‘Han cantado bingo’ (Reservoir Books, 2025), donde explora los juegos y fantasmas de la infancia en su isla natal

La escritora e ilustradora Lana Corujo. / David Machado

Si la infancia es una partida de bingo que agita azarosamente la distribución de nuestras heridas, tachaduras y alegrías, quizás la única forma de ganarla sea la literatura, aunque también caminemos sin linternas en la noche, aunque sigamos el juego solas, porque cuando imaginamos todo es posible todavía.
La ilustradora y escritora Lana Corujo (Lanzarote, 1995) desempolva las líneas de nuestra primera memoria en Han cantado bingo (Reservoir Books, 2025), su debut en la novela, que transita el paisaje de rofe negro de su isla, que acontece en el tiempo detenido en que las abuelas juegan al bingo en el garaje de la vecina, mientras dos niñas se escabullen por la puerta del patio para correr hacia la pared del volcán.
En sus capítulos volvemos a los días en que siempre supimos dónde se escondía la llave y formulamos las preguntas que inauguraron nuestro mundo: «¿Tú crees que los perros le ladran a la luna o a los fantasmas?». «El volcán tiene ojos». «¿Por qué jugamos a algo que nos da tanto miedo?». Su mirada se sitúa en la tierra de la infancia, sus discernimientos y fracturas frente al Mundo Adulto, sus pérdidas, herencias y secretos. «Ver el mundo es un camino abierto para que el corazón se nos rompa o se nos hinche», escribe.
«En Canarias, ya somos varias las escritoras que indagamos en esa parte menos dulce de la infancia", indica Lana Corujo
«Siento que la infancia es un espacio creativo apasionante y que es natural que hablemos de ella», reflexiona Lana Corujo desde Lanzarote. «En Canarias, ya somos varias las escritoras que indagamos en esa parte menos dulce de la infancia, lo que nos coloca en un punto muy común pero también distinto, porque cada infancia es muy diferente de otra». Así lo plasmaron coetáneas isleñas como Andrea Abreu en Panza de burro (Barrett, 2020) o Aida González Rossi en Leche Condensada (Caballo de Troya, 2023), también en sus primeras novelas.

Portada de 'Han cantado bingo', de Lana Corujo. / LP
Esta última citaba en su reciente columna en estas páginas, titulada Los cuerpos importan, la definición del escritor Javier Navarro Soto-Egea sobre la adolescencia como «una catedral ardiendo». «Crecer como un incendio que pretende devastar y desterrar algo tan hermoso», escribe González Rossi, «arde el tiempo que se marcha (…). Y arde, también, el cuidado que necesitamos».
En esas cenizas de lo que aún somos, Lana Corujo vuelve a conjurar los ojos del volcán. Y en esa búsqueda, a diferencia del que desata esta trama de dos hermanas rodeadas de monstruos, no existen normas. «Me interesaba convertir la novela en un juego», explica la escritora. «En un principio, estaba pensada para que la narración se quedase exclusivamente en la infancia de la protagonista, pero mi editora, Berta, me animó a explorar un poco más allá, así que lo que hice fue dibujar la novela, observarla en el papel y tomar distancia para ver qué más cabía en ese paisaje».
En esa tierra florecieron los pilares que conforman este tablero literario erigido desde «el vértigo y la ilusión». «Anoté los números del 1 al 100 y la imagen del cartón de bingo me vino a la mente muy rápido, y me desveló la idea de articular la novela escogiendo 15 edades como los 15 números que aparecen en un cartón de bingo», revela. Así, los dígitos aletean sobre cada capítulo de la novela, en su mayoría breves como estrellas fugaces, desordenados como la rayuela cortazariana o como los recuerdos en el vaso de la memoria.
«Siempre le doy mucha importancia a los títulos en mi creación artística, tanto al título de la obra como a los títulos de cada capítulo, donde entra mucho mi parte poética de la belleza de las palabras por la belleza», expresa Corujo, quien antes de internarse en el terreno de la narrativa publicó el poemario Ropavieja (Dieciséis, 2021), cocinado con los mismos aromas y sustancias de su primera novela.
Los ojos del volcán
Además, Lana Corujo es una destacada ilustradora y por eso intercala volcanes con ojos y estrellas en las páginas de su bingo. «Mi reto principal también fue dejar de concebir la imagen y la palabra como lenguajes separados», explica, «quería que se diesen la mano y poder trabajar con ambos como si fueran una sola cosa».
Así, los volcanes de Lanzarote, «que siempre me generaban miedo y fascinación dentro del cuerpo», confiesa, se describen en la obra como «una pancita bocarriba, un donut, una cuchara». «Pienso que la mente de los niños está constantemente reinventando lo que ve y me gusta mucho llevar eso a lo que hago», añade.
Este mapa de la infancia en la isla recartografía la imaginería de Canarias, su rostro verdadero a la sombra de las postales turísticas, tomando el sol en sillas de plástico, con el eco de la verbena y de los ventorrillos de fondo, las piernas arañadas entre julagas, las papas crías, las abuelas cosiendo y sosteniendo, los cuerpos marcados por la isla y por la muerte. «Esta isla me muerde de una forma diferente», escribe la protagonista.
Envuelta en esa atmósfera melancólica, casi onírica, de las infancias solitarias, un recurso formal que sobresale a lo largo de Han cantado bingo es la utilización de elementos como el subrayado, la cursiva o los corchetes en los diálogos y soliloquios.
«Me parece una manera muy gráfica de poder representar ese aislamiento que siente la protagonista», indica la autora. Por ejemplo, «los subrayados simbolizan la importancia de lo que está diciendo el personaje de la hermana cuando no queremos reconocer la importancia de lo que nos está diciendo la otra persona», mientras que «otros diálogos que aparecen entre corchetes simbolizan esa dificultad de la protagonista para poder acceder a lo que los demás le cuentan, ese muro que levantan» y «sus mismos diálogos aparecen en cursiva porque indican que siempre está dudando de lo que dice».
«Me pareció hermoso compartir con la protagonista esta parte tan importante y bonita de mi vida", explica la autora
En las líneas del cartón, Lana Corujo entra y sale del bordado entretejiendo imaginación y memoria, sabiendo que «en la autoficción se juzga mucho cuánto de nuestro dolor hay en una novela». En este aspecto, la escritora quiso legar a su protagonista «la belleza de poder dedicarse al arte como forma de expresión, cuando se sintió tantas veces incapaz de comunicar». «Me pareció hermoso compartir con ella esta parte tan importante y bonita de mi vida», confiesa.
«Cuando el lenguaje no alcanza, nace la rabia», reflexiona la protagonista. «Toda mi infancia recogida en un lugar en el que dejé que mi imaginación corriese libre e indómita. Un trocito de paisaje que transformé para soportar un mundo que no alcanzaba a responderme». Su paisaje, su respuesta, su grito, es una novela bellísima. Cantamos bingo.
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