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Teatro

'1936', el espectáculo de la Guerra Civil para exhumar la memoria incómoda

Una receta de emoción y conmoción que funciona para aliviar las lagunas de la memoria histórica en una España polarizada, con un lenguaje político partidista y en un escenario internacional de carrera armamentística donde "el que pega más fuerte es el que gana"

De izqda a dcha, Antonio Durán, Blanca Portillo, Juan Vinuesa, Alba Flores, Natalia Hernández y Paco Ochoa

De izqda a dcha, Antonio Durán, Blanca Portillo, Juan Vinuesa, Alba Flores, Natalia Hernández y Paco Ochoa / Alejandro Quevedo

Las Palmas de Gran Canaria

La premisa del texto prometía tanto como intimidaba. Cuatro horas de una sacudida teatral a la memoria para relatar el «shock español», la conmoción desencadenada tras el golpe de Estado de los militares sublevados en julio de 1936 contra el Gobierno constitucional de la Segunda República. El espectáculo del dramaturgo Andrés Lima, 1936, se saldó este fin de semana con aforo completo en el Teatro Cuyás, dejando un poso de memoria incómoda que España aún teme desenterrar.

Iluminados por el reflejo de Hitler en los Juegos Olímpicos nazis de Berlín, el prefacio escrito por Juan Mayorga, Juan Cavestany, Albert Boronat y Andrés Lima sitúa la trama en la antesala de la Guerra Civil. La coreografía se ejecuta a cámara lenta bajo un juego de luces estroboscópicas y muestra cómo un Coro de Jóvenes de Madrid liderados por Blanca Portillo corren los 100 metros lisos. El juego de proyecciones audiovisuales ejemplifica el blanqueamiento propagandístico del régimen fascista, desvergonzado en su desprecio hacia los atletas afroamericanos. En paralelo, en España se fraguaba una iniciativa de boicot a los Juegos.

Instante del montaje '1936' en el Teatro Cuyás

Instante del montaje '1936' en el Teatro Cuyás / Alejandro Quevedo

Sin embargo, la conocida como la Olimpiada Popular de 1936, una iniciativa propuesta por asociaciones deportivas de izquierda, fracasó estrepitosamente por el repentino alzamiento militar. Un ensayo de la Novena sinfonía de Beethoven que tendría lugar durante la ceremonia de inauguración, queda acallado por el sonido de la metralla y la Guerra Civil prorrumpe en gritos del general golpista Queipo de Llano anunciando que «La patria está en peligro».

1936 debutó en Canarias como parte de uno de los platos fuertes de la temporada del Cuyás. Su gran formato, compuesto por un elenco de ocho actores y 20 coristas, además de una escenografía que exigía una inmersión total, supuso un reto logístico en la sala. En los costados del escenario se adosaron una serie de gradas para permitir que una pequeña porción de los espectadores disfrutaran del montaje desde dentro.

Imagen de la obra teatral '1936', de Andrés Lima

Imagen de la obra teatral '1936', de Andrés Lima / Bárbara Sánchez Palomero. ECA

En el apartado del reparto figura la intérprete Alba Flores, encarnando a la luchadora social Dolores la ‘Pasionaria’ y su histórico cántico antifascista «No pasarán»; Antonio Durán ‘Morris’ entonó un Queipo de Llano de escala 1/1; Natalia Hernández ejerció su papel del político Yangüas Messía; María Morales en el rol de último presidente de la II República española, Manuel Azaña; Paco Ochoa como un José Calvo-Sotelo zombi; Guillermo Toledo en el rol Alfonso XIII; Juan Vinuesa como una réplica idéntica de Francisco Franco; además de la ya mencionada Blanca Portillo, una artífice de la palabra que, al igual que el resto del elenco, logra desdoblarse en múltiples personajes dispares, desde una anciana analfabeta fusilada durante la guerra, hasta el fundador de la Falange Española de las JONS, José Antonio Primo de Rivera.

La propuesta se narra en tres actos hilados por el diario de una joven barcelonesa de 15 años, que se encuentra contrariada por haberse enamorado de un faccioso. Las vivencias en primera persona se intercalan con capítulos esenciales de los tres años de contienda, en los que la guerra se cobró la vida de medio millón de personas, «de las que 100.000 son víctimas de la represión franquista y 55.000 de la violencia en la zona republicana», según cifra el historiador Julián Casanova, uno de los profesionales que asesoró en la profunda investigación de dos años llevada a cabo antes de trasladar la propuesta a las tablas.

Lima trata con mimo la tragedia, empastando lo terrible del relato con mecanismos humorísticos que hacen respirar el drama. Uno de ellos, la personificación anciana de la Guerra Civil, que pronuncia un monólogo brillante acerca de cómo se desenvuelve en el mundo contemporáneo robando en supermercados. Tampoco se queda demasiado lejos en términos de sarcasmo la escena en la que Francisco Franco hace frente a los fantasmas de su padre alcohólico y desperrado. El jefe de Estado «mientras dure la guerra» desata sus daddy issues [para el lector, forma coloquial de expresar que alguien tiene problemas emocionales o de autoestima provenientes de una mala relación con un padre] entre truenos y relámpagos al leer la carta de su progenitor, en la que le asegura desde Ferrol que «Si pierdes, te fusilan; si ganas, te asesinan». Una escena digna del psicoanálisis freudiano.

La crónica de 1936 puede narrarse de múltiples maneras. Pero pretender detallar el gran despliegue de hechos históricos que se cuentan cronológicamente sería un equívoco, pues los pasajes que glosan la batalla del Ebro o la masacre de la Desbandá de Málaga a Almería son irreducibles a un solo artículo. Sin embargo, sí lo es la idea principal que las piezas de su elenco, Blanca Portillo, Willy Toledo y Natalia Hernández, repiten hasta la saciedad: no basta con conocer la historia, hay que sentirla. 

Porque leer en un libro los hechos de la Guerra Civil no supone lo mismo que enfrentarse cara a cara con sus consecuencias, ni percibir su dolor en cada palabra y silencio. A menudo se aborda el pasado como un relato ajeno, un capítulo cerrado que se estudia y se olvida, sin asumir que su legado sigue latiendo en la sociedad, en las familias, en las heridas aún abiertas. Y que es peligroso banalizar los actos de odio iracundo, bien sea un saludo nazi ambiguo o un karaoke de Cara al sol en el aula de una clase.

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