'La colección': Juan Mayorga, el olvido que seremos y el deseo de trascender
El Teatro Cuyás exhibió los pasados 28 y 29 de marzo una de las joyas de la temporada, protagonizada por José Sacristán y Ana Marzoa

José Sacristán y Ana Marzoa en una escena de 'La colección', de Juan Mayorga.

"Ya somos el olvido que seremos", comienza el soneto de Borges que prestó título al hermoso libro de Héctor Abad Faciolince y la película homónima de Fernando Trueba. Este endecasílabo podría presidir La colección, obra escrita y dirigida por Juan Mayorga, que agotó todas las entradas el pasado fin de semana en el Teatro Cuyás, poblándolo de pulsos y preguntas sobre nuestro deseo de trascender y perpetuar un legado como consuelo ante nuestra finitud.
Esta voluntad cristaliza en el texto a través de una enigmática colección de objetos conformada por un viejo matrimonio sin hijos a lo largo de su vida, Héctor y Berna, que interpretan magistralmente el gran José Sacristán y Ana Marzoa, y cuyo reparto completan con altura Zaira Montes e Ignacio Jiménez, en las pieles de la posible heredera y custodio de la colección, respectivamente, o no; quizás ambos sean parte de la propia colección. O quizás la colección no exista.
"La necesidad de acumular, de coleccionar, es de los signos precursores de la muerte", escribió Walter Benjamin, quien dedicó diversos textos a reflexionar sobre los mecanismos y liturgias de la figura del coleccionista, que en muchos sentidos impregnan el texto mayorguiano, y que ahondan en la imposibilidad metafísica de culminar dicha colección puesto que el coleccionista, según Benjamin, se colecciona a sí mismo en cada pieza.
En esta línea, tanto el pensador alemán como Mayorga se internan en el sendero de los posibles destinos de una colección, metáfora de las eternas disputas sobre herencias y el apego a lo material, que la obra plantea a través de la búsqueda de un heredero o heredera puestos a prueba ante el misterio. "¿Qué será de la colección cuando nosotros no estemos?”, cavila Berna. Los personajes sostienen sobre sus hombros una imaginería teatral basada en el puro diálogo desde el centro de una escenografía tan abarrotada como vacía de objetos, "sombras de las cosas" como la caverna platónica o "ring" de batalla entre dos cuerpos agotados que se enfrentan a sí mismos en un juego de espejos, máscaras y espejismos.

Una escena de 'La colección', de Juan Mayorga. / LP
"La colección es más importante que sus piezas / La colección es un texto escrito con frases de otros / La colección me da mucho más de lo que me ha quitado / La colección es una protesta contra este tiempo, un arca en un diluvio de ruido / Si una obra está manchada, también la mancha se hereda / Fuera de la colección solo hay fantasmas", rezan algunas líneas del texto.
Entonces, ¿qué es la colección? La acción de la obra avanza por repetición, por acumulación y saturación de preguntas, que nos devuelven al Mayorga más filosófico de títulos redondos como El Golem o Silencio, donde el dramaturgo juega en el terreno de lo simbólico, el poder de las palabras y la matrioska de significados donde una idea aparententemente sencilla anuda en su interior todos nuestros grandes conflictos -el amor, el tiempo, la muerte, la memoria- y así, una historia contiene todas las historias, "como un laberinto, como un jardín, como un vertedero, un mosaico de elipses". Quizás Mayorga es el verdadero coleccionista que incorpora, modifica y subvierte el orden de las piezas para descubrirnos nuevos sentidos.
El propio autor advierte de que "si el teatro no es capaz de desestabilizar de algún modo las convicciones del espectador, si no es capaz de ponerle ante buenas preguntas, está siendo irrelevante". Puede que la carga dialógica de La colección lastre en algunos momentos el ritmo del montaje y apabullara a parte del público pero, para los incondicionales de habitar esos interrogantes y sus curvas, el viaje resulta una delicia. Y entonces, ¿qué es la colección? Pensé en El Aleph, de Borges, una vez más, esa suerte de circunferencia desde la cual puede verse el universo desde todos los ángulos posibles, o en el mítico "rosebud" de Ciudadano Kane, de Orson Welles, ese paraíso perdido, esa pieza que nos falta. Quizás la colección es la vida misma, que se nos escapa, donde nace la posibilidad (y necesidad) del arte. Quizás la colección somos tú y yo, "lo que somos y no somos / dos espejos enfrentados", inaugurando nuevas preguntas en la memoria que ya somos.
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