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Arte

La artista Saskia Rodríguez ofrece 'un lugar donde apoyarse' en El Palmeral

La muestra se inaugura en el espacio expositivo de Vegueta el próximo 4 de abril a las 19.00 horas y se podrá visitar hasta el 30 de mayo

Esta exposición es el germen del trabajo que la artista grancanaria realizará en su residencia en el Centro de Arte La Regenta

Parte de la muestra 'Un lugar donde apoyarse' de Saskia Rodríguez.

Parte de la muestra 'Un lugar donde apoyarse' de Saskia Rodríguez. / LP/DLP

Martina Andrés

Martina Andrés

Las Palmas de Gran Canaria

El mar como límite pero también como refugio. Un juego de simulación. La artista Saskia Rodríguez se acerca a «lo más primitivo del grafismo», como ella misma indica, en su muestra Un lugar donde apoyarse, que el próximo 4 de abril a las 19.00 horas inaugura en el espacio expositivo de El Palmeral. Rodríguez juega porque utiliza el garabato y, a través de este y otros recursos gráficos, pictóricos e instalativos, busca cuestionarse el sentido de pertenencia, de dónde venimos, en esta muestra que define como el germen de lo que será el trabajo que haga en su residencia artística en el Centro de Arte La Regenta.

Todo es parte de su propio viaje de vida: con 18 años se fue de la Isla -que en la distancia fue ese lugar en el que ella se apoyaba- y hace dos años volvió después de pasar 11 fuera, en ciudades como Valencia, Madrid o Londres. ¿Qué es pertenecer, entonces, si en la Península la Isla es refugio y cuando el mar acecha por los bordes te das cuenta de que construiste tu hogar, tu mundo adulto, lejos de casa?

En «una búsqueda de raíces perdidas» y «conexiones olvidadas», se produce ese retorno a Gran Canaria y es esa vuelta la que impulsa el proceso creativo. «No sabría muy bien cómo describir la idea de pertenencia. Creo que la principal razón o el motivo por el que siento que tengo que hacer este proyecto es para entender qué es para mí pertenecer a un lugar. A veces siento que no pertenezco a la Isla por el hecho de haber vivido tantos años fuera, me he desconectado mucho de mi vida de aquí», confiesa.

«Durante el tiempo en el que he vivido fuera, Gran Canaria ha sido ese lugar en el que apoyarme, siempre he necesitado un lugar al que volver, un sitio en el que pensar en mi yo pequeña, donde está mi familia. Ahora es extraño, porque he cambiado ese lugar por el lugar en el que vivo. Esto es una búsqueda para reconectar con ese lugar. Con este proyecto, empiezo a trabajar con el vínculo con el mar, con el concepto de isla y la idea de ser isleño y cómo la vida es diferente aquí», indica Rodríguez.

Soledad vs. conexión

Cuando aborda el concepto de isla, la artista se encuentra con la eterna dualidad: «Ha sido ampliamente explorado en diversas corrientes literarias y filosóficas, donde se percibe tanto como un espacio de aislamiento que puede resultar solitario, como un lugar de conexión y pertenencia, donde los vínculos adquieren un significado más profundo», precisa.

Siguiendo la estela conceptual del imaginario isleño, los trazos y los azules visibles en la obra de la creadora grancanaria remiten al Atlántico, a ese océano que es frontera pero también un lugar en el que encontrar cobijo.

Rodríguez cita a John Berger: Seeing comes before words. The child looks and recognizes before it can speak (La mirada viene antes que las palabras. El niño mira y reconoce antes de poder hablar). «Esta afirmación subraya la importancia de la mirada como medio de comunicación y comprensión, sugiriendo que la percepción puede preceder y, en ciertos casos, superar la necesidad de verbalizar. En este sentido, este proyecto se convierte en una invitación a explorar la idea de comunicarnos y/o conectar con nuestro entorno sin la necesidad de recurrir a la palabra escrita o su representación verbal».

Proceso creativo

El proceso creativo de Rodríguez varía dependiendo de la obra pero, en este caso en concreto, la artista ha apostado por hacer una selección amplia de papeles y otros materiales que le interesaban para dibujar y pintar. Comenzó haciendo bocetos en pequeño formato y luego dio el salto a hacer dibujos más grandes. «Me gusta mucho experimentar con diferentes técnicas y mezclar diferentes materiales, por ejemplo ceras, grasas y también ceras que son acuarelables, grafito, grafito acuarelable, rotuladores, pintura acrílica, lápices u óleo en barra», puntualiza.

También confiesa que le gusta estar sola y con música cuando la creatividad llama a su puerta: «Si hay interferencias, otras personas o ruido, me suele impedir conectar con lo que estoy haciendo». Y así, el lenguaje personal que ha ido desarrollando a lo largo de sus años de trayectoria artística, cobra vida a través de trazos y garabatos que invitan al público a la mirada atenta desde las paredes de El Palmeral, donde la exposición podrá verse hasta el día 30 de mayo.

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