Entrevista | Javier Doreste Escritor, autor de 'Convites Literarios'
Javier Doreste, escritor: «Tal y como decía Alexis Ravelo: '¡Lean, carajo!'»
"Es un poco pedante decirlo, pero releo El Quijote cada dos o tres años", reconoce el autor de 'Convites Literarios'

El escritor Javier Doreste, autor de 'Convites Literarios'. / Ángel Sarmiento

Javier Doreste presenta ‘Convites Literarios’, una cuidada recopilación de textos y reflexiones sobre autores canarios, este miércoles en el Castillo de Mata. Se trata de una invitación a redescubrir la lectura desde la memoria, la reflexión y el placer.
¿Cómo surgió la idea de Convites Literarios y qué lo motivó a reunir estos textos en una misma obra?
La idea nace a raíz de una propuesta del editor, Victoriano Santana. Nicolás Guerra había publicado un libro muy interesante, Entre el aula y la calle, que está reseñado en este volumen y que cuenta con un prólogo muy bueno de Victoriano. Yo no lo conocía de nada, pero en la reseña que hago del libro lo cito, y él me llama muy agradecido porque, según me dijo, rara vez se menciona al autor de los prólogos. A partir de ahí, me propone reunir hasta cincuenta textos relacionados con Canariaspara sacar un solo volumen. Y así es como surge el libro.
¿Qué perfil de lector considera que conectará especialmente con este libro?
El simple aficionado. Aquel que busca no una guía, ni ideas sobre qué leer, sino una reflexión, una mirada personal. No es un libro académico ni de crítica literaria profunda; son simplemente las notas de una persona que lee, que lleva leyendo toda la vida, y que en un momento dado ha tenido —o ha creído tener— el interés de compartir esas reflexiones o pensamientos sobre literatura que tal vez interesen a otros, ya sea por tratar sobre la literatura o sobre lo que uno lee.

Portada de 'Convites Literarios', libro de Javier Doreste. / Ángel Sarmiento
¿Hay algún texto dentro del volumen al que le guarde un afecto particular? ¿Podría contarnos por qué?
Hay uno o dos textos a los que les tengo especial cariño. Uno de ellos está dedicado a Alexis Ravelo, el primer texto que publiqué fue precisamente sobre una novela suya, la primera de él: Tres funerales para Eladio Monroy, que, lamentablemente, no he encontrado y no he podido incluir en este volumen. Sigo leyendo a Alexis, releyéndolo, y pensando que merece algo más que una simple reseña. También hay un autor de Tenerife, completamente desconocido, que descubrí hace mucho tiempo: Gabriel Galán. Publicó un volumen de cuentos muy buenos, y no volví a saber nada más de él hasta recientemente. A raíz de la publicación del libro, un amigo me dijo que Gabriel estaba muy agradecido por haber sido incluido. Y luego está gente como Dolores Campos Herrero a la que hay que recuperar y volver a leerla.
«Sigo leyendo a Alexis Ravelo, releyéndolo, y pensando que merece algo más que una simple reseña».
¿Cómo fue el proceso de selección y edición de los textos? ¿Hubo piezas que, pese a su valor, decidió no incluir?
Al final solo dejamos fuera dos textos que no eran de literatura canaria estrictamente hablando: Neorrancios y Descampados. Son dos autores de la península, pero sus obras conectan con la idea general del libro. Descampados reflexiona sobre esos espacios libres que quedan en las ciudades, una reflexión muy potente que también podemos aplicar a nuestra visión de la literatura canaria. Porque también tenemos nuestros propios «descampados» literarios. Y Neorrancios es un libro que critica esa postura nostálgica de que antes se vivía mejor, cuando se iba al pueblo. Claro, tú ibas al pueblo porque eras de ciudad, pero en el pueblo no había agua corriente. O esa gente que publica textos recordando lo bonito que era Tamaraceite lleno de plataneras y tomateras… Pero también es cierto que las mujeres trabajaban duramente recogiendo esos tomates, tenían que lavar la ropa en las acequias, no había agua corriente, ni electricidad, ni lavadoras. Por tanto, eso de que «cualquier tiempo pasado fue mejor», es un fallo.
Desde su perspectiva, ¿qué papel cumple hoy la literatura en un mundo cada vez más inmediato y acelerado?
El primer papel, precisamente porque vivimos en un mundo acelerado, puede ayudarnos a reflexionar. En segundo lugar, nos proporciona placer, el placer de la lectura. Una novela, incluso con un tema aparentemente banal —como Ana Karenina, por ejemplo, que menciono para evitar citar a autores contemporáneos y que nadie se ofenda—, puede transformarse en gran literatura cuando pasa por la pluma de León Tolstói. Al fin y al cabo, se trata de una historia de adulterio, una mujer que abandona a su marido por otro. Pero esa historia, en manos de su autor, nos lleva a reflexionar sobre la libertad de la mujer, sus decisiones, el derecho a conservar o no la custodia de sus hijos, entre otros temas. Quizá Tolstói ni siquiera se lo proponía, pero su novela nos obliga a pensar en problemas que siguen siendo muy actuales.
¿Considera que las nuevas generaciones están perdiendo el vínculo con la lectura o cree que se está transformando la forma en la que leen?
Yo creo que sí leen. Estuve el otro día en la Feria del Libro de Santa Lucía, simplemente como visitante, y vi editoriales canarias con muchísimos libros del tipo que, en mi época, llamábamos de «espada y brujería», al estilo de El Señor de los Anillos, de esos de fantasía. Y si se publican, es porque alguien los lee. Y ese alguien, en gran parte, son los jóvenes. Otra cosa es que hayamos perdido aquella sana costumbre que existía en los institutos: hacer leer y discutir con el alumnado lo que se estaba leyendo. O las prácticas de animación a la lectura, que son herramientas fundamentales y que deberíamos recuperar. Eso debería ser una misión clara de la Consejería de Educación.
«Que hayamos perdido aquella sana costumbre que existía en los institutos de hacer leer y discutir con el alumnado lo que se estaba leyendo, o las prácticas de animación a la lectura, que son herramientas fundamentales y que deberíamos recuperar. Eso debería ser una misión clara de la Consejería de Educación»
¿Qué autores o corrientes literarias han influido más profundamente en su trayectoria como escritor? ¿Hay algún referente que considere imprescindible?
Es un poco pedante decirlo, pero releo El Quijote cada dos o tres años. Si no lo leo entero, al menos leo una parte. Es un libro al que siempre vuelvo. También Marcel Proust, con En busca del tiempo perdido, es otro autor fundamental para mí. El mismo Tolstói, Galdós y su Miau, entre otros. En general, me muevo entre Cervantes y Proust, sin olvidar a los demás. Eso es lo que suelo considerar como gran literatura.
Para finalizar, ¿le gustaría compartir algún mensaje con quienes se acerquen a este libro por primera vez?
Tal y como decía Alexis Ravelo: «¡Lean, carajo!».