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Vivienda

¿Dónde se esconde la fachada más bonita de Las Palmas de Gran Canaria?

Hay rincones que pasan desapercibidos hasta que alguien los nombra. Algunos balcones, portones y esquinas despiertan afectos dormidos, memorias compartidas o simples destellos de admiración. En este recorrido urbano, la mirada de quienes habitan la capital revela espacios llenos de carácter, historia y belleza

Palacete Rodríguez Quegles, uno de los edificios más característicos del barrio de Triana en Las Palmas de Gran Canaria

Palacete Rodríguez Quegles, uno de los edificios más característicos del barrio de Triana en Las Palmas de Gran Canaria / LP / DLP

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María Alfonso Rodríguez

María Alfonso Rodríguez

Las Palmas de Gran Canaria

Hay ciudades que se cuentan por sus casas y Las Palmas de Gran Canaria es una de ellas. No hace falta entrar: basta con caminar, mirar hacia arriba y dejarse atrapar por una ventana enmarcada en madera, un balcón que se asoma al pasado o una fachada pintada de nostalgia. En esta urbe, la belleza no siempre está en los grandes monumentos, sino en los detalles que pasan desapercibidos. Preguntar cuál es la casa más bonita es invocar una ciudad íntima, casi secreta, donde cada arquitectura cuenta una historia distinta según los ojos que la miran.

Para Sandra Ramos, la respuesta es clara: «El Palacete Rodríguez Quegles. Su exterior, su color, su jardín y lo bien cuidado que está… Es precioso». Coincide con Francisco Domínguez, quien lo elige sin dudar «por su estilo modernista». Este emblemático edificio entre las calles Pérez Galdós y Perdomo no solo deslumbra por fuera, también guarda tras sus muros una historia cultural tan rica como su arquitectura: conservatorio, sede institucional y ahora, casa de la cultura abierta al público.

Patrimonio emocional

Pero hay belleza más allá del Quegles. Isabel Otero no señala una casa concreta, pero asegura que «en Vegueta hay muchas fachadas muy bonitas, con balcones y colores que llaman la atención». Es una opinión compartida por María Luisa García y Raquel Méndez, que recuerdan con nostalgia los patios floridos y las fuentes de las casas antiguas: «Las cosas modernas no nos gustan tanto», confiesan.

Vista de Vegueta desde las alturas.

Vista de Vegueta desde las alturas. / José Carlos Guerra

Al caminar por Triana, la arquitectura se convierte en parte del paisaje emocional. Teresa Cruz, acompañada por su nieta Ana, señala una mansión verde en la esquina de Travieso con Cano. «Está siempre perfecta», dice. También menciona otra celeste encima del restaurante La Mafia, en la calle Domingo J. Navarro; y las casas antiguas con patios interiores visitables en la calle Pérez Galdós. Teresa no solo mira fachadas: las analiza con la sensibilidad de quien soñó con estudiar arquitectura.

Belén Rodríguez no se queda atrás en entusiasmo: nombra con precisión las casas modernistas del nº 76 y 78 de la calle Triana, obra del arquitecto Laureano Arroyo. Su paseo arquitectónico bordea la admiración.

Postal urbana

Algunos, como Juan Ramos, no buscan una sola casa, sino una postal completa. Desde la carretera, dice, «la estampa de las casas de colores del barrio de San Juan me parece de película. Me recuerda a mis viajes a Cuba». Y justo al lado, el edificio del paraninfo de la ULPGC completa lo que él llama una imagen perfecta. También hay quienes miran la historia de frente, como Carlos Martín. La Casa de Colón, dice, «es un viaje al pasado. Solo por sus balcones ya cautiva».

Vistas del barrio de San Juan en Las Palmas de Gran Canaria

Vistas del barrio de San Juan en Las Palmas de Gran Canaria / Nacho González Oramas

No todos miran hacia el centro. Laura Cordero y Cristina Mendoza confiesan que a veces «das por hecho el lugar donde vives» y que son los hogares de la costa los que más les llaman la atención. Porque la belleza, como la memoria, también se baña de mar.

Esquina de la Casa de Colón

Esquina de la Casa de Colón / José Carlos Guerra

Identidad colectiva

Este paseo colectivo por las casas más bonitas de Las Palmas no busca un veredicto. Busca, más bien, un latido común: la forma en que la apariencia externa de cada edificio se cuelan en la vida diaria, cómo lo bello se vuelve invisible por costumbre y cómo redescubrirlo es, también, redescubrirnos. Al final, en cada esquina de esta ciudad hay una casa que alguien mira con cariño, una ventana que guarda un recuerdo y una fachada que no solo viste el tiempo: lo cuenta.

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