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'Vaya sarao' en la Playa de La Concha: G-5 y Baiuca deslumbran en el Fuerteventura en Música 2025

La 19º edición del Fuerteventura en Música (FEM) concentró a más de 15.000 personas en sus dos jornadas en El Cotillo, en cuyo escenario brillaron bandas como el G-5, Baiuca, Kraak & Smaak o Rabiche

En primer término, Tomasito y Kiko Veneno, del G-5.

En primer término, Tomasito y Kiko Veneno, del G-5. / Carlos de Saá/Efe

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Nora Navarro

Nora Navarro

La noche extendió su manto envolvente en la playa de La Concha y el cielo se instaló en el escenario para trazar una constelación de cinco estrellas: Kiko Veneno, Muchachito, Tomasito, El Canijo de Jerez y Diego Ratón (ex Delinqüentes estos dos últimos) irrumpieron entre palmas y aplausos, disfrazados de presos, al grito de: «¡El G-5 ya ha llegado / Siempre tieso y despeinado / Personajes callejeros luchando contra rateros / Despeinando al mundo entero!».

Casi 20 años después de la conformación de este supergrupo o «grupo fantasma», como se definen sus protagonistas, que atesoraba un único álbum histórico a sus espaldas, el G-5 escogió el marco del Fuerteventura en Música (FEM) 2025 para rubricar su esperado regreso tras años de silencio y que ya forma parte de la memoria y leyenda del festival majorero. 

Vaya sarao es el título que resume la esencia de este conjunto estelar de flamenco rock y que integra el repertorio de su segundo disco, El que quiera dormir que se compre una colchoneta (El Volcán Música, 2025), que vio la luz el pasado 19 de junio y cuya gira de presentación abrió las alas el pasado viernes en El Cotillo. 

Ese uniforme carcelario a rayas, como el que visten los músicos en la trama del videoclip junto a Salva Reina, se articula como metáfora de lo que sucede a continuación: cinco musicazos -y, sin embargo, amigos- se arrejuntan para romper todas las normas y cadenas en nombre del baile, con una gran fiesta sonora que fusiona ritmos aflamencados con letras irreverentes y una energía desbordante. 

Los musicazos del G-5 se ganaron el corazón de la isla con un show tan imaginativo como enérgico a lo largo de una hora y media, que debería disfrutarse obligatoriamente en vivo y que culminó por todo lo alto con lanzamiento de colchonetas al público, así como con más de uno estirado bocarriba y meciéndose de hombro en hombro.

En el fondo, el sustrato del G-5 rima con el del propio FEM: una celebración musical a la intemperie que apuntala su identidad con la mezcla de sonidos y diversidad cultural; el sentimiento de comunidad que fortalecen los días y noches de bailes en La Concha, y la solidez que confirma una trayectoria coherente a través del tiempo, pues el festival majorero, como el G-5, cumple 19 años de recorrido.

Un cartelazo

Junto a la singularidad y belleza de su enclave, esta edición destacó por desplegar un cartel sobresaliente, ecléctico y plural, que abrió cada jornada con una banda local y que completaban artistas y formaciones nacionales e internacionales con nivel, raíz y sello propios. 

El Cabildo de Fuerteventura, organizador del festival, cifra en más de 15.000 personas la asistencia a las dos jornadas, que son gratuitas, y subraya el compromiso con la sostenibilidad y cuidado del espacio, tanto desde la organización como por parte del público, con medidas como el uso de infraestructuras reversibles o acciones de reciclaje. En este sentido, cabe destacar que el grueso del público del FEM es un público repetidor, que peregrina cada verano a esta verbena de pies descalzos y músicas del mundo.

La banda canaria Rabiche, integrada por cinco músicos consolidados de la escena alternativa canaria y nacional, echó a volar en el primer concierto del FEM con las canciones de su primer álbum homónimo publicado al abrigo del sello Lambada Records.

Una travesía de sonoridades y voces isleñas que coronaba la bandera de Palestina como telón de fondo y en la que emocionaron especialmente estos dos momentos: el reencuentro del músico majorero Fajardo con la arena de su tierra -«en esa misma playa, donde Los Pitufos, bautizamos a mis hijos», señaló- y la participación de la siempre mágica Alba Gil Aceytuno al saxo. 

La banda canaria Rabiche.

La banda canaria Rabiche. / LP

A continuación, una de las sorpresas de esta primera jornada y del conjunto del festival responde al nombre de Natalia Doco, quien, sobre todo, responde por sí misma como una fuerza de la naturaleza que germina en la madre tierra. Esta cantante argentina afincada en París protagonizó un show in crescendo que entrevera folclore latinoamericano con sonidos contemporáneos que oscilan desde la canción de autor a la cumbia, y cuyo repertorio gravita sobre la libertad y el deseo de las mujeres.

Tras los mencionados G-5, la madrugada se abrió camino en La Concha acunada por las sonoridades electrónicas y folclóricas de la banda Calle Mambo, originada también al otro lado del Atlántico y con un firme discurso de crítica social. Y como broche, el groove de los Lehmanns Brothers bajó el telón de este primer asalto, reafirmándose como una banda de directos que, con varios bolos en Canarias a sus espaldas, desataron los últimos bailes a ritmo de jazz funk, hip-hop, house y nu-soul.

Calle Mambo.

Calle Mambo. / Carlos de Saá/Efe

El flechazo de Baiuca

La jornada del sábado, que congregó a más público aún procedente de distintas islas, repitió apertura con una banda que jugaba en casa: David El Majorero presentó en directo su proyecto ContraVentura, que reinventa los sonidos del timple y la contra majorera revestidos de texturas del jazz, el rock o el funk. Además, el músico aprovechó el altavoz del escenario para enarbolar un discurso a favor del respeto a la naturaleza e identidad de Canarias.

Baiuca.

Baiuca. / LP

Luego, el mapa del FEM se expandió hasta las coordenadas de Italia, en concreto, a Sicilia, donde se enraiza la formación Roy Paci & Aretuska y que desde el primer tema levantó al público con un cóctel trompetero y juerguista que fusiona ska, cumbia, reggae, samba y jazz. Sobre todo, el carisma de Paci, con una larga carrera como trompetista, se adueñó del escenario y, entre canción y canción, compartió con el público vivencias alrededor de las mafias sicilianas para concluir que «hoy las mafias se concentran en las esferas de poder en manos de unos pocos».

Así, la traca final del FEM no dio tregua al baile cuando volvió a caer la noche. La voz prodigiosa de Queen Omega, natural de Trinidad, acompañada por The Royal Souls, desgranó un espectáculo poderoso envuelto en raíces del reggae y fogonazos de rap con letras que, como Natalia Doco, reivindican el empoderamiento femenino.

Pero el concierto que atravesó el corazón del público como una flecha bebe del norte del país y se denomina Baiuca, que ya debutó en Canarias con su universo sensorial de folktrónica el pasado 2022 en el marco del Womad. Descrito como «el proyecto de electrónica más convocante e influyente de la actualidad», el proyecto que lidera Alejandro Guillán fusiona la electrónica de vanguardia con la música tradicional gallega y, desde que irrumpió en la escena en 2018, sus atmósferas inmersivas y bailables cruzan fronteras al ritmo de cunchas, flautas, gaitas y cantos tradicionales (y celestiales) mezcladas con sintetizadores, cajas de ritmo y programaciones.

Por último, el trío neerlandés Kraak & Smaak, asiduo del circuito festivalero de primera división como Glastonbury, Coachella o Sziget, capitanearon el cierre con un impresionante set de nu disco, house y funk orquestado para que el fin del FEM nos pille bailando. 

Con todo, merece mención especial el dj tinerfeño Carballeira, que entre concierto y concierto desgranó una selección musical perfecta, desde Prodigy a Daft Punk pasando por Bob Marley, y que, bajo el lema «bailar es un verbo en plural», subrayó el espíritu de comunidad, alegría y libertad que transpiró, un año más, un festival para el recuerdo.

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