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Concierto de Juan Luis Guerra en Gran Canaria: 28.000 personas bailaron bajo una lluvia de café

El cantante dominicano ha reunido al público de varias generaciones a ritmo de bachata y merengue esta noche en el Anexo del Estadio de Gran Canaria

El maestro de la bachata y el merengue: Juan Luis Guerra

Martina Andrés

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Martina Andrés

Martina Andrés

Las Palmas de Gran Canaria

Llovió café en Siete Palmas tras un día caluroso de cielos azules cuando Juan Luis Guerra se subió al escenario del Anexo del Estadio de Gran Canaria. Su primera parada en el Archipiélago -mañana recala en Tenerife- resultó ser la cita perfecta para poner frescura a ritmo de merengue y bachata al ecuador del verano, regando así sus raíces caribeñas y latinas para que florecieran entre los acordes de temas como Bachata en Fukuoka.

El atardecer caía con un naranja que hechizaba el asfalto del recinto dando paso a una luna finísima y creciente que, como una sonrisa, parecía augurar lo que iba a ocurrir durante la noche. Mientras los dominicanos de Marteovenus hacían de teloneros, fuera la gente sentada en bancos o poyetes apuraba bocadillos y latas de tropical, algunos picaban de una bolsa de munchitos para hacer más amena la espera.

Omar Tadeo, cantante del grupo canario Kilombo improvisado, también se encargó, rodeado de su equipo, de que los minutos pasaran más rápido antes de ver al maestro de la bachata. Lo hizo a ritmo de Te lo mereces, una ranchera con merengue que el músico tenía la esperanza de cantar en la previa del concierto. "Les enviamos a las productoras que hacen este evento la oferta de poder cantar la canción como teloneros, pero nunca hubo posibilidad de que me contestaran", relató con su guitarra colgando del cuello.

Como siempre que hay un concierto de estas características en la zona, los bares estaban llenos y el jaleo de las conversaciones se elevaba en el aire mientras los más tardones trataban, desesperados, de encontrar aparcamiento en las calles a rebosar de tráfico. En la fila de entrada, algunos de los asistentes apuraban el paso: "¡Juan Luis Guerra no va a esperar por ti!", le gritaba con cariño una amiga a otra.

Música que atraviesa generaciones

Mirando al público, se podía intuir la presencia de la música de Guerra en los hogares de las familias allí presentes: desde las cintas de casete a la reproducción en Spotify, desde los más mayores a los más jóvenes, entonando la melodía de las mismas canciones, unidos a través del tiempo y de los formatos por melodías que parecen no envejecer.

Una de las primeras en sonar fue La travesía, que hizo al público viajar por Namibia, China, Siberia, Nueva York o París, y consiguió que los primeros valientes se pusieran en pareja a bailar a ritmo de merengue. La llave de mi corazón fue la siguiente, que con su pegadizo estribillo hizo que se alzaran las voces a un cielo sin estrellas, ya completamente bañado por la noche y por las luces rosas, moradas, azules y rojas que salían del escenario.

El anexo del estadio de GC: a la espera de Juan Luis Guerra

Martina Andrés

"Dime lo que piensas tú de mí", pidió Guerra entonando la letra de Vale la pena y los asistentes gritaban eeeeeh y oooooh al unísono. Con su banda 4.40 sobre el escenario, acompañando cada movimiento, el músico dominicano tenía ya al público en el bolsillo, entregado a los compases del dos por cuatro antes de pasar al cuatro por cuatro de la bachata con temas como Muchachita linda Frío, frío o Burbujas de amor, canción de 1990 que, sin importar la edad, todo el mundo conocía.

"Quisiera ser un pez, para tocar mi nariz en tu pecera", se escuchó resonar por Siete Palmas mientras Guerra se quedaba en silencio y los asistentes cantaban por él.

"No se escucha"

Entre la alegría, el jolgorio y el baile, a mitad del concierto, algunos de los integrantes del sector de la derecha empezaron a comentar que no se oía bien lo que ocurría sobre las tablas del escenario.

Algunas voces se elevaron gritando "¡no se escucha, no se escucha!", voces entre las que se encontraba la de Pedro: "Es una pena, un artista de esta talla, que no se le entienda bien. No sé si es un problema de sonido por su micrófono o quizá sea otra cosa", elucubró. "Es una pena el sonido, aunque no deja de ser Juan Luis Guerra", añadió, resumiendo el sentir del resto del público que, a pesar del supuesto fallo, no dejó decaer la ilusión y la entrega ante el cantante dominicano y su banda.

Y así continuó la noche, con más canciones como Visa para un sueño, Ojalá que llueva café o Mambo 23 (tema de su último álbum, Radio Güira), y el fresquito acariciando las pieles de los bailongos y bailongas que no dejaron de aplaudir a su querido maestro de la bachata en el que quizá fue el concierto más esperado del verano en la capital, tal y como lo demostró el sold out -tanto en Gran Canaria y Tenerife- y el júbilo de sus miles de fans.

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