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Good Franco, agua indie para un panorama musical "desértico": "Es muy difícil mantener un grupo en Canarias"

La formación conejera de synth-pop y soul lanza su single ‘Muerte espectacular’ con miras a debutar en los escenarios de la Península y sobrevivir en un panorama «estático» en Canarias

La banda canaria Good Franco

La banda canaria Good Franco / lp/dlp

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Las Palmas de Gran Canaria

Desde el código postal grancanario, hasta los dígitos 35.558 que circunscriben Famara, circula el proyecto Good Franco, el agua indie que quiere regar una escena "desértica". La formación se gestó en contrasentido, aupada con el fuelle de un frenazo pandémico en cuarentena. Fran de Armas lo aposto todo a otro viraje incierto hacia la música, con un concepto musical macerado en la tranquilidad de la caleta. Lo que con palabras coloquiales quiere decir para el músico "hacer lo que a uno le apetezca".

Cuentan que esta fórmula mixta de sintetizadores e indie espacial de herencia uruguaya y canaria, se levanta autogestionada sobre escenarios y se distribuye con el apoyo de Millo Solo Canarias, el sello que arropa a una hornada fresca de intérpretes isleños, acompañada del gigante Sony Music España. Afincada en Famara desde hace tres años, Good Franco despunta como banda alimentada por "esas ganas todavía de hacer música" de Armas, que por suerte "nunca se han pasado". El resultado se baila en guitarreos por locales canarios, como el encuentro que tuvo lugar el viernes en la Sala Alboroto, la Casa de Colón o el Aguere Cultural de Tenerife.

La banda Good Franco

La banda Good Franco / lp/dlp

A su lado en este viaje creativo y sonoro, la discografía crece en la calma, en la que se asocian los nombres de Juan Pérez a la batería, Alejandro Herón al bajo y Carlos Artiles a los teclados. Todos mantienen raíces compartidas en la escena musical rompiente de Las Palmas de Gran Canaria y Telde, un pasado común de colaboraciones, fruto del bagaje de anteriores formaciones, como es el caso de Pérez en Zumurrud y Lajalada, así como la nostalgia por una escena "en movimiento" y menos "árida", que jalaba de la cultura para sacarla la calle, como la Ruta Playa Viva. "Hay un montón de talento en Canarias, pero es muy difícil tener un grupo aquí. No perdemos la ilusión, ni las ganas de ir para afuera a representar la tierra, pero hay que denunciar eso: que no tenemos espacios para tocar. La escena pasa por un momento complicado", sostiene.

Armas tiene claro que no se identifica como "Good Franco per se". "Lo inicié solo, pero desde el principio quise que fuera un grupo. Tener un grupo en directo para mí es crucial. No veo otra forma. A mí el concepto de solista y una banda de mercenarios no me justifica”, desliza. También le acompaña en esta travesía Leo Segovia, productor, guitarrista y uno de los cómplices musicales desde el primer tema, que se ha integrado en grupos como Us, The Good Company. "Sabía que iba a hacer esto con él desde que terminé las primeras canciones. La conexión fue inmediata y nos reencontramos después de unos años", cuenta el alma máter.

Unidos sus cinco integrantes, el "indie cósmico" suena como si Kings of Leon o Tame Impala se hubieran criado en Telde y ejercitaran sus directos en la sala Siroco para más tarde subirlos a YouTube. Otro punto de inflexión en la historia reciente del grupo ha sido el Arrecife en Vivo On Tour celebrado en la Sala Alboroto, que unió sobre el escenario a Belice y Good Franco, "dos bandas hermanas" que comparten geografía y se leen como una alianza musical nacida del respeto mutuo y de una escena que, aunque pequeña, se reconoce a sí misma. "Nos conocíamos de Las Palmas, pero nos hermanamos aquí en Lanzarote", cuenta Armas. Y de ese cruce de caminos surgió Luna para Marte, una colaboración escrita "en tres tardes", como una constelación interinsular que orbita entre Gran Canaria y Lanzarote.

El resultado final de Good Franco es un proyecto que suena a desierto psicodélico, a guitarras en reverberación y a sintetizadores que se ordenan en una desconexión sin cobertura que fuerzan los riscos de Famara, y en alguna que otra ocasión, entrecortan la voz de Fran Armas al otro lado de la línea. "Vivir aquí con mi chica y con mi perro fue como tener un sitio de laboratorio creativo… el espacio inspirador alrededor es muchísimo más fácil sentirte creativo para mí aquí que una ciudad". Pero ante las dificultades para autofinanciar de bolsillo propio un proyecto musical, Armas busca debutar en la Península, "e intentar abrir un poquito horizontes ahí... Madrid, Galicia, que la verdad es que la cultura se mueve mucho más por ahí".

Poco a poco, el tiempo encaja las piezas de una discografía. No fue el verano del amor fue el videoclip que narraba la historia de un pescador famareño enamorado de una extraterrestre con casco de bombero, creado de "forma orgánica", junto con Richard Cabero, encargado de un guion que recopilaba imágenes de archivo de Lanzarote y con un estilo de ciencia ficción antigua.

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