Carlos de las Casas, el artista que pinta para recordar quién es
El pintor autodidacta recuperó su gran pasión por la pintura después de la pandemia y hoy comparte dicha vocación con su madre de 93 años

Autorretrato de Carlos de las Casas / LP / DLP

En casa de Carlos de las Casas, pintar es un gesto íntimo, heredado y compartido. Desde que retomó los pinceles con fuerza durante la pandemia, la pintura se ha convertido en un lenguaje de unión entre generaciones. Su madre, con 93 años, colorea los diseños que él le prepara. «Ella nunca había pintado en su vida. Y ahora dice que le calma la mente, que le ayuda a estar mejor», cuenta el artista. Él, por su parte, pinta por necesidad: «Si no pinto, no voy a seguir siendo yo».
Historia marcada por el arte
Esa conexión emocional con el arte viene de lejos. «Mi madre es prima hermana de Facundo Fierro, y mi tatarabuelo también pintaba trajes típicos canarios. Supongo que algo me viene de ahí», reconoce. En su infancia ya guardaba dibujos desde los tres años, ganó concursos escolares y recibió una medalla de plata de Bellas Artes en 1978. «Fue en el colegio Claret, y aún conservo la medalla como un tesoro», dice. También pasó por academias como la Escuela Luján Pérez, donde desarrolló un trazo libre y preciso.

La madre de Carlos de las Casas, pintando uno de sus cuadros. / LP / DLP
Durante más de 30 años trabajó como protésico dental, pero siempre llevó el arte en paralelo. «Me gusta ponerle algo estético a todo lo que hago. Soy muy meticuloso y perfeccionista», explica. Fue el confinamiento lo que le devolvió a la pintura con más convicción: «Ese tiempo me llevó a un estilo muy personal. Mezclo lo abstracto con lo onírico. No sé encasillarlo bien».
Desde entonces ha creado más de 50 cuadros, la mayoría con acrílico. Le interesa el color, su fuerza simbólica y emocional. «Intento trabajar la armonía, que el cuadro dé vida y, especialmente, que transmita algo, a mí y todo aquel que lo vea». Cada obra tiene una historia que recuerda al detalle: cuándo la hizo, qué sentía, por qué la empezó. «Para mí, cada cuadro es como un hijo. Me acuerdo de todos», expresa Carlos.

Obras del artista Carlos de las Casas / LP / DLP
Un homenaje muy íntimo
La figura de su hermano Javier, fallecido en 2023, ha sido especialmente determinante en su camino. Fue quien primero le impulsó a confiar en su talento, quien lo animó a mostrar su obra, quien celebraba cada nuevo cuadro. «Era mi mayor apoyo», dice. Aunque ya no está, Carlos lo siente muy presente. «Pintar es también una forma de seguir hablando con él». Por eso sueña con una exposición que reúna su pintura y los dibujos que colorea su madre. «Más que una muestra, sería un homenaje. A ella, y a él».
«Pintar es también una forma de seguir hablando con él»
Carlos ya ha participado en una muestra colectiva, en la Casa de Cantabria, pero le gustaría volver a exponer, esta vez de forma más abierta. «Aquello fue bonito, pero casi no lo vio nadie. Me gustaría que la gente viera mi trabajo, que conectara con él», expresa.

Retrato de Carlos de las Casas y su hermano. / LP / DLP
Belleza que permanece en la memoria
En sus obras no hay reglas fijas, pero sí una intención clara: emocionar, abrir puertas al subconsciente, dejar algo más allá del trazo: «A veces una persona ve una cosa, y otra ve algo distinto. Ese juego me encanta». Por eso no necesita definirse como artista profesional. Le basta con saber que lo que hace tiene sentido para él y para los suyos.
Y mientras su madre pinta con delicadeza los colores que él elige, Carlos de las Casas sigue creando para no olvidarse de quién es, ni de dónde viene. A veces se pregunta por qué no mostró su obra antes, pero prefiere no mirar atrás con pesar: «Todo llega cuando tiene que llegar. Quizá antes no estaba preparado. Ahora sí lo estoy, y lo disfruto más». Esa serenidad con la que habla de su proceso también se refleja en su pintura: no hay prisa, no hay presión, solo el deseo de que lo que hace conecte con quienes lo miran.

Obra del artista canario Carlos de las Casas / LP / DLP
Le gusta pensar que sus cuadros son una forma de sembrar belleza en el día a día. «Si alguien entra en una sala, ve uno de mis cuadros y sonríe o se queda pensando, ya estaría. Eso vale más que cualquier reconocimiento». En un mundo rápido y saturado, Carlos propone detenerse, observar y, sobre todo, recordar que hay cosas que solo se entienden con el corazón.
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