Acoidán Méndez, escritor: «Me gustan las narraciones que exponen el proceso de hacerse»
A la sombra de una presa en Martinchal (Portugal), Acoidán Méndez, escritor grancanario afincado en Madrid, abre un paréntesis en sus vacaciones para conversar sobre su novela ‘Algunos días’ (Plasson&Bartleboom, 2025)

El escritor grancanario Acoidán Méndez. / Zaida del Río
Algunos días presenta una estructura de diario pero con construcción de novela, como reivindicas en la portada del libro. ¿Cómo fue el proceso creativo hasta su forma final?
Me alegra que me hagas esta pregunta porque, efectivamente, la forma del libro es de un diario, como si yo, como Acoidán escritor, hubiese traspasado mi día a día a las páginas del libro. Pero en realidad, este libro nace de un cuento que escribí y que tenía forma de diario de una semana en la vida de ese personaje, Telmo, que es una vida ficticia que imaginé. Hace bastantes años estuve trabajando con la escritora chilena Paulina Flores en un taller de escritura de cuatro sesiones en el que salió ese cuento, que no tenía una trama muy clara más allá del devenir de esa semana en la vida del personaje. Pero yo me había quedado con ganas de seguir trabajando en el mundo de la narrativa, porque yo vengo del guion, así que más adelante me anoté en un taller más largo con el escritor argentino Federico Falco y uno de los primeros materiales que compartí fue otra vez ese cuento. Para mi sorpresa, gustó mucho. Aunque yo no le veía un germen de novela, porque lo que tenía era una voz pero no una trama clara, las compañeras me propusieron que fuera inventando más semanas y compartiéndolas en el taller. A partir de ahí, básicamente lo que hice fue ir imaginando semanas de la vida de este personaje y ellas me iban dando sus impresiones y devoluciones.
Por tanto, el fondo entrevera recuerdos o reflexiones propias con situaciones imaginadas o ficcionadas, ¿pero cómo nace la forma?
Al final lo que sucedió es que hubo un momento en que tenía semanas y semanas de la vida de este personaje, así que lo que hice fue casi un proceso de montaje cinematográfico, en el que traté de identificar qué inquietudes se repetían y con qué cosas podía armar algo que fuera lo más parecido posible a una trama. En ese proceso me fui quedando con las cosas más relevantes que aparecían simplemente por repetición, porque me daba cuenta de que ahí había algo que me interesaba porque aparecía muchas veces, como la relación del personaje con su pareja o su deseo de ser escritor. Y con esos tres, cuatro o cinco mimbres traté luego de armar la novela.
Ese concepto de «repetición» como ritmo o motor de la trama me recordaba al cineasta Jonás Trueba, a quien cita en la novela, y cuya película Volveréis avanza por medio de esa repetición que marca el día a día cotidiano de la pareja protagonista.
Es curioso, para mí Jonás es un referente y no había relacionado esta idea de la repetición con la novela pero, totalmente, sí. En el mundo del guion existe mucha escuela en torno a la cuestión de tener las ideas muy claras en cuanto a qué quieres contar y cómo quieres contarlo. Para mí, esto se vuelve a veces un obstáculo, porque siento que muchas veces quiero contar algo, pero no lo tengo claro. Entonces, yo necesito generar material para entender un poco hacia dónde va lo que estoy escribiendo. En ese sentido, siento que la repetición o, incluso, la acumulación, puede ser una guía muy clara para entender hacia donde va uno. Y justamente, la vida cotidiana es un espacio que pone muy de manifiesto esta cuestión de la repetición.
Durante la promoción de esa película, Trueba defendía que «el cine parece que le tiene miedo a la vida», mientras que el personaje de su novela, Telmo, dice que «dar cuenta de lo sucedido vuelve acontecimiento todo». ¿No es la trama un concepto más bien conservador? ¿Te interesa más la búsqueda?
Seguramente (risas). Creo que es una de las reflexiones del personaje cuando decía que estaba intentando pensar distintas posibilidades que le ocurriesen a su vez, como un libro dentro de un libro, a los personajes de la novela que no consigue escribir. Al final, el personaje se pregunta, como yo me pregunto a mí mismo, si no es acaso la literatura una especie de juego en el que uno va construyendo una verdad, donde tampoco importa tanto lo que sucedió, ni siquiera si sucedió o no, sino que la importancia está en si somos capaces de creernos la verdad que cualquier autor o autora esté creando en ese relato.
«Siento que esa herida del desclasamiento me va acompañar toda mi vida»
Sin embargo, la novela está trufada de referencias a tu Gran Canaria natal, desde sus paisajes y costumbres a una cierta magua cuando el personaje reflexiona sobre «el lenguaje y acento como vergüenza o ruido» cuando el personaje se establece en Madrid. ¿Quisiste plasmar tus raíces isleñas de forma intencionada?
Sí, incluso te diría que, claramente, esas sí que son referencias súper autobiográficas, porque me interesaba que se entendiera que el origen del personaje era muy humilde, porque me parece que ese desclasamiento le ponía en otro lugar, tanto al personaje como al lector. Por otro lado, para mí era muy importante reflejar todo lo que tiene que ver con Canarias, de donde viene uno y cómo se siente fuera del lugar donde nació. Creo que hay un montón de temas que me tocan y que no están ni mucho menos profundizados en la novela, pero sí que se transitan algunos de ellos, sobre todo, en ese viaje a Canarias que hace el protagonista con su pareja. Me interesaba mucho plasmarlo porque es algo que me atraviesa y que me inquieta incluso, porque siento que esa herida del desclasamiento me va acompañar toda la vida, igual que no estar allí, que es algo que percibo que hoy en día me sigue generando preguntas.

Acoidán Méndez. / Carlota Rey
Antes mencionabas el taller de literatura, que desempeña un papel vertebral en el curso de los días del protagonista. ¿En qué medida quisiste poner en práctica un ejercicio de metaliteratura?
La verdad es que no sé si eso fue consciente o no, pero la literatura que más me gusta, al igual que me sucede en el cine, siempre suelen ser narraciones que exponen el proceso de hacerse ante el lector o espectador. El propio Jonás Trueba lo hace bastante, porque suele jugar mucho con esa idea de la película dentro de la película, pero también muchos escritores que me gustan, como Alejandro Zambra, a quien también nombro en el libro. Me gusta ese juego de mostrar la estructura con la que uno está trabajando, tanto como lector y espectador como en el proceso de escritura.
«Me parece que las ideas de sostener el deseo y mostrar las costuras pueden tener cierta relación»
En ese juego de mostrar las costuras, ¿también hay una tensión constante y, sobre todo, intencionada, entre sostener o dilatar el deseo de escribir?
Es que justamente me parece que las ideas de sostener el deseo y mostrar las costuras pueden tener cierta relación. De repente leemos un libro, vemos una película o un cuadro en un museo, y estamos viendo siempre una imagen final, que es el resultado de un proceso. Entonces, cuando queremos hacer algo -en este caso, escribir-, muchas veces nos bloqueamos porque nos pesa esa idea mental de que el libro, la película o el cuadro se concibieron de una manera lineal, cuando en realidad yo creo que, respondiendo a tu pregunta, lo de sostener el deseo y mostrar las costuras tiene incluso una intención de poner en primer plano, y recordarme a mí mismo, que el deseo tiene esas idas y venidas y que forma parte del proceso. En definitiva, creo que es una manera de recordar que por el camino hay muchos callejones sin salida que vamos surcando y en el que, a menudo, surgen miedos, pero que si el deseo continúa, uno termina encontrando la forma.
Durante la promoción del libro, ¿te ha costado defender ese formato híbrido o de bitácora y matrioska, a caballo entre la realidad y la ficción, de Algunos días?
Me resulta graciosa, o más interesante que graciosa, la pregunta, porque cuando lo estaba escribiendo siento que tomé decisiones como, por ejemplo, que la pareja del protagonista se llamara Carlota, como mi pareja real, que creo que hice un poco por pereza o porque ese es el tipo de juego que a mí me gusta ver. Pero lo que quiero decirte con esto es que yo mismo me lo he puesto difícil para luego defender el libro como una novela de ficción, porque igual cuesta hacer esa disociación. Pero yo tenía tan claro, en el proceso de escritura, que era otra cosa la que estaba haciendo, que no me preocupé mucho por esos detalles que ahora, volviendo a tu pregunta, sí que a veces me confronta y pienso: ¿habría sido más o menos difícil escribir este libro si lo hubiese separado, en estos pequeños términos superficiales, mucho de mí? Igualmente, cuando pongo una distancia sobre el material es porque así la sentía verdaderamente, porque no estaba escribiendo un diario de mi vida, sino que estaba inventando los días de un personaje que se podía parecer a mí. A veces trato de hacer mucho hincapié en eso, porque sí que fue un proceso bastante arduo de construcción y montaje final.
«A veces damos por sabidas muchas cosas que no nos hemos detenido a observar o mirar»
Al principio de la novela citas esta reflexión de Sigrid Nunez: «Más que escribir sobre lo que sabéis, escribid sobre lo que veis». ¿Dirías que esta cita aloja el sustrato de la novela, en el sentido de reivindicar la cotidianidad como un espacio de posibilidades e historias si sabemos mirar?
Claro, porque también está esa idea de que, si observas algo durante un minuto, es imposible que no te termine resultando interesante. Por obvio que parezca, creo que tiene que ver con que a veces damos por hecho lo que nos rodea. Por ejemplo, vamos por la misma calle todos los días y ya sabemos que hay coches aparcados, unos árboles alrededor pero, y me lo pregunto yo a mí mismo, ¿cuántas veces me habré parado a mirar realmente ese árbol? A veces damos por sabidas muchas cosas que no nos hemos detenido a observar o a mirar.
La cuestión de la paternidad aflora a menudo a lo largo de la novela y plantea interrogantes que se trenzan en la relación del protagonista con el perro. ¿Hoy lo identificas como uno de los ejes fundamentales de la novela?
Claro, ¿ves? Estas son las cosas que a veces son difíciles de explicar porque, en el momento en que yo escribía la novela, había cosas que me interpelaban mucho y que yo le transferí al personaje. Por ejemplo, yo llevaba como un año y medio rondando mucho la idea de la paternidad y, en relación a lo que hablábamos antes sobre Canarias, pensar a veces en el origen pone sobre la mesa un montón de temas como este. Y creo que eso es algo que se cuela en la novela o que yo le pongo en el camino al personaje, porque es algo que en el momento en el que escribía a mí me inquietaba particularmente, así que pasó a la ficción de una manera muy natural y orgánica.
Por último, ¿planeas serpentear los mismos senderos literarios en sus próximos textos o abordarás otros capítulos menos explorados?
Precisamente en relación a la paternidad y esta parte autobiográfica, hace justo un año y medio que fui padre y, cuando mi pareja se quedó embarazada, yo estaba escribiendo mucho justamente sobre mi padre, sobre mi infancia en Canarias. No sé cómo decirte, pero es un texto bastante crudo, que tenía mucho que ver con una especie de memoria. Pero además, en el momento en que mi pareja se quedó embarazada, empecé a llevar al mismo tiempo como un diario de su proceso y seguí yendo al taller de Federico Falco para compartir todo este material con esa comunidad. La cuestión es que, en un momento dado, ellos me plantearon que si yo no me daba cuenta de que estaba escribiendo el mismo libro, que lo que estaba escribiendo sobre mi padre en realidad era una parte de lo que, en ese presente ya pasado, estaba escribiendo sobre el embarazo de mi pareja. Entonces, ando en algo que no sé muy bien qué es, pero que mezcla un poco ser padre, ser hijo y cómo ser padre teniendo un referente al que circunstancialmente tengo lejos. No sé, algo de eso ando tramando, a ver qué sale.
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