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Natalia Doco, cantante: «Las mujeres tenemos que aprender a mostrar los dientes»

La artista argentina afincada en París aterriza en la capital grancanaria como parte del cartel del Mojo Music Festival 2025, donde presentará su disco ‘La Sagrada’ (Casa del Árbol, 23)

Natalia Doco.

Natalia Doco.

Nora Navarro

Nora Navarro

Las Palmas de Gran Canaria

En La Sagrada, tu último disco largo, cantas al deseo y la libertad femenina invocando el poder de nuestras ancestras hasta el presente. ¿Cómo fue el proceso creativo?

El proceso de La Sagrada comenzó después de haber sido madre. La experiencia de la maternidad y el posparto fue muy intensa para mí, y me llevó a cuestionar profundamente el lugar de la mujer en la sociedad y los mandatos sociales que se nos imponen. Empecé a observar la desigualdad en el cuidado de los hijos, en las tareas del hogar, en esa carga mental invisible que tantas veces recae sobre nosotras, y que resulta muy difícil de compatibilizar con mi identidad de mujer artista. Ese cuestionamiento se convirtió en una búsqueda: desde hace cuánto tiempo cargamos con esos mandatos, de dónde vienen, cómo se transmiten. Descubrí que durante siglos se nos ha exigido obediencia y sacrificio: ser madres devotas, esposas calladas, “buenas mujeres” que encajan en un molde. Pero, ¿qué pasa con ese costado salvaje, libre e indomable que también habita en nosotras? Ese costado es donde vive mi mujer artista, y en un momento sentí que lo había perdido de vista. Recuperarlo requirió muchísima valentía, porque ir en busca de la propia verdad casi siempre significa desafiar lo que nos dicen que “tenemos que hacer”. En ese proceso entendí cuántas veces las mujeres nos traicionamos a nosotras mismas para ser correctas, para cumplir con las expectativas sociales y religiosas. Y me propuse que este disco fuera una obra en la que otras mujeres pudieran encontrarse, reconocerse y animarse a ser fieles a sí mismas. Porque cuando una mujer se es fiel, florece; y cuando florece, ilumina el mundo. Ese es el verdadero poder de lo sagrado: descubrir que lo más puro y luminoso está en la autenticidad de cada mujer, contrariamente a lo que nos hicieron creer durante siglos.

Este disco entrevera folclore latinoamericano con sonidos contemporáneos que oscilan desde la canción de autor a la cumbia, ¿qué sonoridades dirías que conforman tu identidad musical?

En realidad, no considero que tenga una “identidad musical” en el sentido estricto de un género. Lo que siento que tengo es una identidad muy propia, y lo importante para mí es serle siempre fiel. Si en un momento me fascina la cumbia —como me pasa desde hace muchos años— voy a hacer cumbia. Si de repente baja a mí una copla, haré una copla. No me pongo límites en cuanto a estilos porque creo que mi libertad está justamente en mezclar todo lo que me gusta, todo lo que resuena conmigo. Me preguntan mucho cuál es mi género, pero no me interesa definirme. Prefiero conservar la libertad de hacer siempre la música que venga a mí, en la forma que necesite tomar.

Diría que tu puesta en escena conjuga una fuerza visceral y catártica con una espiritualidad muy profunda. ¿Cómo dialogan ambas facetas en el universo de Natalia Doco?

Para mí no son facetas separadas: van juntas. No sé exactamente qué sucede cuando subo al escenario, pero sí siento que un poder muy grande se expresa a través de mí. Mi responsabilidad y mi disciplina es mantener mi ser, mi canal, lo más limpio posible para que esas fuerzas puedan manifestarse como necesiten. Lo que busco siempre es transmitir un mensaje, una energía que llegue a cada persona presente en el concierto. No importa si entienden o no mis letras —cuando canto en países donde no hablan español o francés—, lo esencial es la vibración que transmito. Yo me mantengo abierta al canal, y la fuerza llega. A veces se expresa como una canción frágil, otras como una ira que también considero sagrada —porque las mujeres tenemos que aprender a mostrar los dientes—. Otras veces aparece como la hermosa sensualidad femenina que una mujer debe ser capaz de brindarse a sí misma, para conectar con la belleza de lo que significa ser mujer. Y también surge en forma de ternura, como el abrazo de una madre o de una abuela. Siento que muchas energías distintas se mueven a través de mí, y confío plenamente en ellas. Mi tarea es sostener la limpieza del canal para que puedan llegar con toda su potencia.

Alguna vez has manifestado que sientes como una "misión" poner palabras a realidades que suelen permanecer innombradas para otros, ¿en qué momento de tu vida identificaste esta misión?

Creo que lo supe desde muy pequeña. Desde niña entendí que cantar y rezar estaban en el mismo canal: ambas cosas me hacían sentir en un espacio seguro. Notaba que, cuando cantaba, las personas alrededor se calmaban, y yo también encontraba calma. Era lo único que quería hacer, lo único que realmente deseaba. Más tarde, en la infancia y la adolescencia, empecé a escribir. Y también allí descubrí que lo que escribía me conectaba con ese mismo lugar sagrado, íntimo, donde podía refugiarme. No tuve lugares exteriores seguros durante mi infancia ni adolescencia; ese espacio interior era mi sostén, lo invisible que me sostenía. Y compartirlo con otros generaba, nuevamente, calma. Siempre supe que se me había dado algo que era lo más importante para mí, y lo viví como una misión. Esa certeza es la que me ha sostenido en un ambiente tan difícil como el de la música: me ha permitido levantarme después de cada caída y mantenerme resiliente frente a las dificultades, las traiciones o las injusticias. Siento que muchas veces me ha tocado “probar el veneno” para después encontrar la cura en mí misma y poder transformarla en remedio para los demás. Esa misión es lo que le da sentido a todo lo que hago.

Siempre produces todos tus discos, ¿por qué es importante para ti controlar todas las partes del proceso creativo?

Para mí es fundamental, y por eso me he encargado de ser lo más independiente posible en mi carrera. La visión la tengo yo: cuando recibo una idea sé lo que tengo que hacer, y cuando todavía no lo sé, confío en que lo voy a descubrir a lo largo del proceso creativo. Esa visión se me ha dado a mí para ser creada a través de mí, desde mi punto de vista y mi manera particular de recibir la información. Por eso siento que nadie más puede opinar sobre ese proceso ni moldearlo a su gusto. Mi primer disco fue una experiencia difícil justamente porque había firmado con una discográfica que no quería respetar mi visión. Querían encasillarme y moldearme de una manera que yo jamás voy a aceptar. Desde entonces me propuse, con mucho esfuerzo, construir la libertad necesaria para crear exactamente lo que escucho y lo que veo en mi mente —porque no solo escucho sonidos, también veo imágenes que forman parte de la obra—. Y la única manera de garantizar que eso sea respetado fue asumir mi independencia artística y producir siempre mis discos.

Natalia Doco.

Natalia Doco. / Raphaelle Lorgeril

Nacida en Argentina, emigraste a México y ahora resides en París, ¿cómo ha influido esta trayectoria de migraciones y recomienzos en tu mirada?

Muchísimo. En Argentina me sentía muy limitada e incomprendida en mi manera de ser, de cantar y de vivir la música. Tenía 17, 18 años y sentía que nadie entendía lo que yo hacía. Me desvalorizaban, y por eso decidí buscar una tierra más fértil, un lugar donde pudiera crear y ser respetada en mis decisiones. Ese lugar fue México, y para mí fue una escuela inmensa. Mi verdadera formación musical fue arriba de un escenario mexicano. Desde el primer día que llegué hasta ocho años después que me fui, nunca dejé de cantar. La cultura musical mexicana me transformó: me dio libertad, me fortaleció la voz, me regaló amigos y compañeros músicos que me apoyaron y me hicieron sentir aceptada. México me dio el primer gran vuelo de independencia, porque lejos de mi país natal tuve la libertad de ser cada día quien quisiera ser, incluso a medida que iba cambiando. Después llegó Francia, y allí encontré la posibilidad de llevar mi música a un nivel completamente profesional. Fue el país que me dio todos los medios para concretar mi visión artística y me apoyó a lo largo de los años. Por eso siempre voy a estar agradecida a México y a Francia: porque me adoptaron, creyeron en mí y me permitieron crecer. Y hoy siento que Argentina también se está abriendo a mí, después de tantos años. Nunca llegué a tocar realmente allí, y estoy segura de que pronto voy a volver a mi país, pero esta vez como la mujer que soy hoy, con todo lo que aprendí y con todo lo que tengo para dar, veinte años después de haberme exiliado.

¿Siempre bebes de las tradiciones y sonoridades de los lugares en los que recalas, aunque sea de manera inconsciente?

Sí, absolutamente. No soy alguien que sienta las fronteras: lo que veo es a la humanidad que me rodea. Y sé que cada lugar y cada ciudad en la que he vivido dejó algo en mí. Por la música lo he dejado todo, y lo seguiré haciendo. A lo largo de mi vida ya me mudé 27 veces, y en cada lugar decido crecer a partir de lo que me rodea, sea cual sea la experiencia. Esa apertura me transforma constantemente como ser humano, y lo vivo como algo muy hermoso.

El mes pasado actuaste en el festival Fuerteventura en Música (FEM), ¿cómo viviste aquella experiencia?

Fue una experiencia muy hermosa. Era apenas mi tercer concierto en España y todavía me emociona profundamente cantar allí y descubrir que la gente entiende mis letras de manera literal, en español, y no solo desde lo energético. Me sorprende y me conmueve tanto escuchar al público cantar mis canciones, que a veces la emoción es tan grande que hasta me cuesta seguir cantando. Es una sensación que recorre todo mi cuerpo. Después de 25 años de hacer música, esto es algo que ya no esperaba y que simplemente está llegando a mí ahora. Siento una conexión fuertísima con el público hispanohablante, y es un regalo inmenso vivirlo en esta etapa de mi vida.

¿Echas en falta una mayor presencia de mujeres encabezando los carteles de los festivales?

No lo vivo de esa manera. Siento que, en muy poco tiempo, las mujeres hemos ido evolucionando muchísimo y dándonos cuenta de que lo que tenemos para decir es importante. Cada una se va poniendo en el lugar que merece, con cada vez más seguridad para ocupar sus propios espacios. Más que notar la falta, lo que percibo es un crecimiento: en la sociedad en general, cada día las mujeres nos sentimos más seguras de mostrarnos, de tomar la palabra y de estar presentes con fuerza.

En el Mojo Music Festival compartes cartel con varias formaciones del otro lado del Atlántico, ¿cuáles son tus expectativas con respecto a este festival en Gran Canaria?

Estoy muy feliz de participar en el Mojo Festival, porque comparto cartel con grupos que hace mucho tiempo quería ver y con los que me da mucha alegría coincidir, como Cosmic Wacho y Dengue Dengue Dengue, que me encantan. Siempre me hace muy feliz descubrir a otros artistas y compartir la experiencia. Y, por supuesto, estoy también muy emocionada de cantar en Gran Canaria. Lo que está ocurriendo en mi carrera es un gran y verdadero sueño que se va cumpliendo día a día, un sueño que me guió toda la vida y que dio sentido a cada paso que fui dando. Así que la palabra que mejor lo describe es felicidad: feliz, feliz, feliz.

Por último, ¿cuáles son tus próximos proyectos para lo que resta de 2025?

Me quedan solo dos conciertos para cerrar la gira de La Sagrada: este en Canarias y, por último, uno en Estambul, Turquía. Jamás imaginé que este disco tendría un alcance internacional tan grande, y lo estoy viviendo con un amor y una gratitud excepcionales. A fines de septiembre saldrá el primer single de mi cuarto disco, que acabo de terminar y que trae una energía completamente distinta, luego de haber integrado y comprendido mi lugar sagrado como mujer. Ese single será la primera puerta hacia Hacha, mi próximo álbum, que verá la luz a principios de 2026. De aquí a fin de año voy a lanzar dos singles de este nuevo proyecto, y en eso estoy trabajando ahora tras bambalinas, con una emoción enorme.

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