Festival
'La Grazia' reivindica en Venecia al mejor Paolo Sorrentino
El director de la Mostra condena la muerte de civiles en Gaza pero asegura que no vetará la presencia de artistas partidarios del gobierno de Israel

Paolo Sorrentino y Toni Servillo, en la presentación de 'La Grazia' en la Mostra de Venecia. / Gian Mattia D'Alberto - LaPresse / LAP
Nando Salvà
No cabe duda de que 'La Grazia' no es el largometraje más esperado o más destacable de todos los que este año van a competir en la Mostra de Venecia, pero tampoco de que, a pesar de ello, aun así era el más indicado para encargarse de inaugurar el certamen italiano. En primer lugar, porque cuenta la historia de nada menos que un 'Presidente della Repubblica' -ficticio pero muy inspirado en el actual, Sergio Mattarella-; en segundo, porque supone la séptima colaboración entre el director Paolo Sorrentino y el actor Toni Servillo, dos tesoros nacionales y dos de los talentos cinematográficos más internacionales del país anfitrión. Y con ella queda demostrado una vez más que su asociación artística es un acicate para el talento de ambos porque, dicho de otro modo, es la mejor película tanto del uno como del otro en mucho tiempo.
Pese a estar ambientada en las altas esferas de la vida política italiana, la película previa de la pareja a la que 'La Grazia' más se parece no es ni 'Il Divo' (2008) -en la que Servillo encarnó al que fuera primer ministro Giulio Andreotti- ni 'Silvio (y los otros)' (2018) -que convirtió al actor en Silvio Berlusconi-, sino 'La gran belleza' (2013), cuyo protagonista se paseaba por Roma apenas capaz de ocultar una vida de llena reproches y derrochando una contagiosa melancolía.

Toni Servillo, en una imagen de 'La Grazia'. / EPC
Muy similar es el estado de ánimo que en 'La Grazia' exhibe el presidente Mariano De Santis (Servillo), a quien solo restan seis meses de mandato antes de la jubilación y que vive atormentado tanto por su pasado como por su presente: por un lado, es incapaz de sobreponerse al dolor causado por la muerte de quien fuera su esposa y el gran amor de su vida, y que 40 años atrás lo engañó con otro hombre; por otro, le obsesionan su propia mortalidad y el legado que dejará, y acumula dudas tanto sobre si debe conceder el indulto a dos personas encarceladas por matar -con motivo- a sus respectivos cónyuges como sobre si debe aprobar una ley que autorice la eutanasia en Italia. Y la incertidumbre que le generan todas esas cosas carga sobre él un peso insoportable -sus ministros lo apodan "cemento armado"-, y lo convierte en un hombre estancado. 'La Grazia' es una película que habla sobre la importancia de tener el coraje para abrazar la incertidumbre, porque solo así es posible soltar lastre, aligerarse y avanzar. Y el mejor elogio que puede hacérsele es decir que, a través de ella, Sorrentino predica con el ejemplo.
Personajes femeninos
Cuando estrenó su obra más autobiográfica, 'Fue la mano de Dios' (2021), el director fue duramente criticado por quienes consideraron que la película cosificaba cuerpos femeninos especialmente despampanantes, y en realidad eso es algo que también podría haberse dicho de buena parte de su cine previo; y su siguiente largometraje, 'Parthenope' (2024), se dedicó casi por completo a contemplar con babosidad típicamente masculina a una joven de belleza extraordinaria. Los dos principales personajes femeninos de 'La Grazia', en cambio, son mujeres que se sobreponen a la subyugación psicológica o a las agresiones fisicas continuadas de los hombres, y la masculinidad es retratada como algo inequívocamente tóxico.
'La Grazia' es, además, una película excepcionalmente sobria y contenida en la carrera de un autor que, demasiado a menudo, ha convertido su cine en un muestrario de excesos manieristas. Es cierto que le sobran como mínimo 20 minutos de metraje, que se empeña en repetir varias veces las mismas ideas y que sigue tendiendo a gesticular de más, pero esos gestos casi siempre tienen sentido y, más importante aún, son trascendentes. Y eso, paradójicamente, le permite ser una de las películas de mayor envergadura de su carrera y, a la vez, una de la más gráciles.

El director de la Mostra, Alberto Barbera (derecha), junto al presidente de la Bienal de Venecia, Pietrangelo Buttafuoco. / Riccardo Antimiani / EFE
Gaza se hace presente en Venecia
El pasado fin de semana, cientos de profesionales de la industria cinematográfica italiana -entre ellos, los cineastas Marco Bellocchio, Alice Rohrwacher y Matteo Garrone y actores como el propio Toni Servillo- enviaron una carta abierta al festival en la que le exigían que mostrara "más coraje y claridad a la hora de condenar el genocidio en Gaza y la limpieza étnica que el gobierno y el ejército israelí están efectuando en Palestina", y sugerían al certamen que retirara sus invitaciones a actores como Gerard Butler y Gal Gadot, que en los últimos meses se han mostrado rotundamente favorables al gobierno de Benjamin Netanyahu. Pues bien, la respuesta de la Mostra ha llegado ya en esta primera jornada.
"Nos han pedido que vetemos a artistas, y no lo haremos", ha afirmado el director del festival, Alberto Barbera. "Si quieren estar aquí, estarán aquí. Por otro lado, nunca hemos dudado a la hora de declarar la enorme tristeza y el sufrimiento que sentimos por lo que está ocurriendo en Gaza y Palestina, la muerte de civiles y especialmente de niños. Creo que no hay dudas en cuanto a nuestra posición al respecto".
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