Arte
La sanación silenciosa del arte
El personal del Departamento de Conservación y Restauración de Casa de Colón abre sus puertas y explica la labor fundamental, invisible para el gran público, que desempeña cada día para cuidar del valioso patrimonio que exhibe en las salas del museo americanista.

La restauradora Amparo Caballero trabajando en una talla de Luján Pérez. | / ÁNGEL MEDINA
antonia suárez
Detrás del valioso patrimonio que se exhibe en las salas de la Casa de Colón se encuentra el trabajo minucioso, constante y, en gran medida, invisible para el gran público, que lleva a cabo su equipo de Conservación y Restauración.
El fondo artístico del citado museo dependiente de la Consejería de Cultura del Cabildo grancanario está sujeto a una constante transformación gracias al programa de adquisiciones, donaciones y depósitos que, desde mediados del siglo XX, ha permitido reunir una sustanciosa colección integrada por más de 5.000 piezas.
La gran exposición Isla de Arte, celebrada hace dos años, supuso un punto de inflexión al presentar por primera vez un relato cronológico del arte en Canarias a través de una cuidada selección de obras pertenecientes a la colección del Cabildo de Gran Canaria. Muchas de estas piezas, para poder ser exhibidas, requirieron un intenso y adecuado proceso de restauración en los talleres de la Casa de Colón; tanto aquellas que habían permanecido durante años en los depósitos, como otras recientemente adquiridas, que formaran parte del discurso expositivo del futuro MUBEA Gran Canaria, Museo de Bellas Artes.

Gil, Casassa y Pueyo con el cuadro ‘Los almendros en flor’, de Nicolás Massieu / Ángel Medina
El conservador de la Casa de Colón, Ramón Gil, al referirse a su trabajo explica que «no es lo mismo un bronce que una madera, una obra realizada sobre papel que otra sobre lienzo. Cada material o soporte requiere unas condiciones de conservación específicas que influyen en su manipulación, almacenaje, exposición y manera de iluminarlas».
La conservación preventiva, el pilar del trabajo museográfico moderno, se basa en conocer en profundidad los materiales, técnicas y estado de las piezas. Gil lo compara con el cuidado de la salud: «No evita que una obra se deteriore para siempre, pero sí mejora sus condiciones objetivas para sobrevivir con dignidad el paso del tiempo».
Para ello, el equipo ha desarrollado un sistema de fichas técnicas personalizadas que permiten registrar de forma precisa los diferentes tipos de deterioro que sufren las obras. «No es lo mismo una grieta en un lienzo que la falta de un dedo en una escultura. Mientras que el daño en la primera se produce en una superficie plana, en la segunda implicaría abordar la restauración a partir del volumen y reintegración», explica Gil. Gracias a esta metodología, se pueden priorizar las intervenciones según la urgencia y el tipo de daño.

Luz ultravioleta para observar el grado de deterioro de la obra / ÁNGEL MEDINA
El profesor y también conservador del Servicio de Museos del Cabildo de Gran Canaria, Javier Pueyo, subraya que «restaurar es lo último que se debe hacer. Cuesta dinero, esfuerzo y tiempo. Por eso es tan importante la conservación preventiva», añade. «Sin embargo, cuando el deterioro impide la comprensión de una obra o compromete su integridad, la restauración se vuelve absolutamente indispensable».
En estos casos, la restauradora Amparo Caballero Casassa lo detalla de una manera simple y sencilla. Con formación en pintura de caballete y escultura, su trabajo se rige por cuatro principios: mínima intervención, respeto al original, reversibilidad y discernibilidad. «No podemos engañar al espectador. La restauración debe poder verse, aunque sea sutilmente, para no generar falsos históricos», afirma esta profesional que lleva más de 30 años de oficio devolviendo la belleza original a las piezas de arte.
«Restaurar es lo último que se debe hacer. Cuesta dinero, esfuerzo y tiempo», subraya Pueyo
Caballero Casassa trabaja con paciencia y rigor, dos cualidades casi imprescindibles en quien se dedica a la conservación. Así lo demuestra en el delicado proceso para restaurar el grabado Echadora de cartas, del artista galdense Antonio Padrón, al que hubo que retirarle una trasera de cartón piedra altamente ácida. «Tuvimos que retirarlo poco a poco con bisturí, presionando fragmento a fragmento para no dañar el papel», recuerda. «Nos llevó horas salvar solo un pedacito de la obra, pero valió la pena».
‘El original multiplicado’
La delicadeza de esta obra de Antonio Padrón nos invita a descubrir un nuevo capítulo de la programación cultural de la Casa de Colón, que el próximo octubre presentará la exposición El original multiplicado. Colección de grabados del Cabildo de Gran Canaria, comisariada por Ramón Gil y Francisco Javier Pueyo. Esta muestra permitirá poner en valor un valioso y, hasta ahora, poco difundido fondo de obra sobre papel, integrado por más de 2.200 piezas, de las cuales unas 1.800 corresponden a estampas de notable relevancia histórica y artística.
Muchas de estas obras llegaron a la colección en un estado de conservación precario (con soportes acidificados, manchas de humedad, oxidación o pérdidas de material) y han podido ser recuperadas gracias a los continuos esfuerzos de conservación y restauración realizados en los últimos años.

Detalle de la delicada intervención en el cuadro de Carlos . / Ángel Medina
El recorrido expositivo, compuesto por unas 150 piezas, permitirá viajar desde el siglo XVI hasta el XX, mostrando cómo el grabado y la imprenta ampliaron el horizonte de la cultura, difundiendo ideas políticas, religiosas, filosóficas y estéticas. Entre los nombres destacados figuran grandes artistas como Rembrandt, Goya, Picasso, Chillida o Saura, junto a figuras clave del grabado europeo como Goltzius, Picart, Williams o Doré. También el arte canario ocupará un lugar destacado, con obras de Santiago Santana, Felo Monzón, Juan Ismael, Óscar Domínguez, Martín Chirino o Lola Massieu.
En el taller de restauración de la Casa de Colón también se trabaja en proyectos vinculados a la memoria institucional de la isla. Uno de ellos es el retrato de Carlos III, que preside el salón de actos de la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Gran Canaria. La entidad, que en 2026 cumplirá 250 años, conserva esta pieza como símbolo de su historia desde 1909.
El cuadro es obra del pintor canario Eladio Moreno Durán, quien realizó una copia fiel del original que Anton Raphael Mengs pintó en 1767 y que se conserva en el Museo del Prado. Ahora, gracias a la Consejería de Cultura del Cabildo de Gran Canaria, a través del Servicio de Museos, la pintura será sometida a un proceso de restauración en el taller de la Casa de Colón, junto con otros dos lienzos de Santiago Tejera Quesada, que representan a Juan Bautista Cervera y José Viera y Clavijo.
En el futuro MUBEA de Gran Canaria, el taller tendrá un papel esencial
El retrato de Carlos III se encuentra en un estado estable, los trabajos que se están realizando se centran en una limpieza superficial de la capa pictórica, la rectificación puntual de antiguas reintegraciones, así como la limpieza de la trasera, el bastidor, la tela y el marco. Una acción discreta, pero necesaria para devolver a la obra su dignidad original y permitir que, el año de la efeméride, luzca en plenitud como testimonio de la historia cultural de Gran Canaria.
Secretos ocultos
El trabajo de restauración no solo devuelve el esplendor a las piezas; también revela secretos. Al referirse al ejemplo anterior, en los trabajos previos de la muestra Isla de Arte, una simple limpieza permitió descubrir que la autoría de una obra ofrecida al Cabildo de Gran Canaria atribuida a Mariano Salvador Maella era, en realidad, una de su contemporáneo, José de Maea. El hallazgo se produjo tras eliminar el barniz oxidado que ocultaba la firma original.
Con la ayuda de técnicas forenses y equipos de análisis multiespectral, como los empleados por el perito Rito Martín, hoy es posible detectar elementos invisibles al ojo humano, como firmas ocultas, arrepentimientos del autor o retoques antiguos. «Un cuadro no deja de ser un documento físico que contiene información», afirma Martín. «Aplicamos la misma tecnología que usamos en caligrafía forense o autenticación de documentos a las obras de arte», añade el experto.

Con la cámara del perito Rito Martín se detecta una modificación en la composición original de un cuadro / Ángel Medina
Para que todo esto sea posible, el museo necesita un taller de restauración activo y transversal. «Debe implicarse en todas las funciones del museo: conservación, investigación, exposición y difusión», recalca Pueyo. Esta labor se realiza, además, con la máxima transparencia, ya que se trata de patrimonio público.
En el futuro MUBEA Gran Canaria, Museo de Bellas Artes, que se abrirá en el antiguo Hospital de San Martín, el taller tendrá un papel esencial. Allí no solo se exhibirán obras restauradas, también se ofrecerá el servicio de restauración a otras instituciones y se garantizará que el legado artístico de Canarias siga creciendo, enriqueciéndose y transmitiéndose.
La conservación preventiva se basa en conocer los materiales, técnicas y estado de las piezas
La labor de conservación y restauración del patrimonio artístico de la isla no sería posible sin la planificación y apoyo continuado de la Consejería de Cultura del Cabildo de Gran Canaria que, a través del Servicio de Museos que coordina Alicia Bolaños, ha impulsado una política cultural basada en el cuidado del legado común y el acceso público de las colecciones. Esta visión estratégica permite que la ciudadanía pueda conocer, valorar y sentirse parte de su patrimonio.
Con iniciativas como la exposición Isla de Arte, el trabajo del Taller de restauración de la Casa de Colón o el futuro MUBEA Gran Canaria, Museo de Bellas Artes, se refuerza el compromiso con un relato común que se construye a través del arte y su conservación. Porque preservar las obras no solo es una tarea técnica: es un acto de memoria, de respeto y de pertenencia colectiva. n
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