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Entrevista | Thor Halvorssen CEO de Humans Rights Foundation, productor y activista

Thor Halvorssen, CEO de Human Rights Foundation: «Zara contribuye al sufrimiento del pueblo uigur en China»

El productor de cine venezolano y fundador de la ONG Humans Rights Foundation y del Oslo Freedom Forum es investido doctor 'honoris causa' por la Universidad de las Hespérides en Las Palmas de Gran Canaria

Thor Halvorssen.

Thor Halvorssen. / José Carlos Guerra

Martina Andrés

Martina Andrés

Las Palmas de Gran Canaria

¿Cuándo comenzó a considerarse activista? ¿Hubo algún suceso que fuera una especie de punto de inflexión?

El activismo mío empezó cuando me enteré de la lucha en Sudáfrica en contra del apartheid. Yo vengo de Venezuela, un país que no tenía temas raciales. El tema de la esclavitud, el tema de la falta de equidad racial, eso ya no existía. Como decíamos en Venezuela, todo el mundo tiene un ancestro que toca tambor o tira flechas. Todos estamos mezclados. Y para mí este concepto de que una persona no usar el mismo baño que otra, era horrible. Ahí empecé a despertar. Vengo de una escuela británica donde me enseñaron lo que era la libertad de expresión y su importancia en una sociedad libre. Así, llegué a la Universidad de Pennsylvania, una de las mejores de Estados Unidos, y me di cuenta de que había pensamientos que no eran bienvenidos. Esto era cuando lo que se llama hoy en día woke estaba comenzando. No existía la posibilidad de poder llevarse bien con la facultad si uno tenía posiciones que no estaban acomodadas a lo que quería. Empecé en un periódico de la universidad escribiendo un artículo, y de ese artículo pasé a ser el editor, y de ahí pasé a ser el editor de un sindicato de periódicos. Así empezó el activismo. Todo periodista es un activista.

¿En qué momento decide crear una ONG como Humans Rights Foundation?

Mi mamá estaba en Venezuela para celebrar el cumpleaños de mi abuela. Era en el 15 de agosto del 2004. Fue el mismo día del referéndum que se hizo en Venezuela en el 2004, que buscaba sacar a Chávez de poder. Hubo una abrumadora victoria a favor de que él se fuera de poder. Pero existió un fraude electrónico, y los votos del sí fueron cambiados al voto del no. Y ahí estaba Jimmy Carter, que iba a avalar si acaso las máquinas funcionaban o no funcionaban, pero era en la misma fecha del cumpleaños de la señora Carter. Entonces él se fue. Mucha gente piensa que la dictadura empezó en ese momento. Mi madre fue a una plaza a llevarle una carta a Jimmy Carter, en compañía de otra gente, y salieron las fuerzas de choque del comandante Chávez, y a mi madre la intentaron matar y le metieron un tiro. Estaba muy enfadado con el uso de la violencia en contra de personas que querían asegurarse que las máquinas estaban correctas. Y eso no se hizo. Escribí un artículo y lo publicó el Wall Street Journal. Ahí me di cuenta de que las organizaciones masivas de derechos humanos, Human Rights Watch y Amnistía Internacional, no estaban presentes en Venezuela. El comandante Chávez iba eliminando y cercenando libertades y ellos no decían nada.

¿Por qué?

Por un sesgo ideológico obvio. Yo decidí crear una organización que les haga competencia. El proyecto de Chávez no es nacional, es continental. Él financió las elecciones de Evo Morales en Bolivia, Rafael Correa en Ecuador, Daniel Ortega en Nicaragua y también las de Lula, las de Kirchner y otras más. Eran las que él quería para poder crear un bloque de populistas dictatoriales. Cuando estaba ya la organización, hicimos un estudio. ¿Cuántos informes y reportajes hace Amnistía Internacional? Empezamos a organizarlos geográficamente y encontramos que en el caso de Cuba, era menos del 2% de su producción. Y Estados Unidos era el 80% de su producción. Vamos al Medio Oriente y más del 70% de la producción era acerca de Israel. El 3% de Siria. ¿Qué es eso? Vimos que nosotros podríamos entrar en este campo y tener un monopolio acerca de las dictaduras. Entonces la diferencia entre la Human Rights Foundation, Human Rights Watch y Amnistía es que nuestro enfoque es única y exclusivamente hacia los estados autoritarios. Y ya tenemos 20 años abiertos. Empezamos con un presupuesto de aproximadamente 230.000 euros y ahora estamos por 30 millones de dólares.

¿Cómo llevan a cabo campañas como 'Wear your values' en las que denuncian los abusos que se cometen en la industria de la moda?

El tema de los uigures en China es uno de los más impactantes que existe. El gobierno comunista de China está llevando a cabo un genocidio. Toman a las mujeres y las hacen estériles. Ilegalizan el uso de la lengua de esta minoría. Estamos hablando de una minoría enorme. Les reprograman el tema cultural, el tema de sus escuelas. Lo que poco a poco están haciendo es que se dan cuenta que en una generación no va a haber niños nuevos. Y esta población es la que utiliza la producción del algodón. Y la mayoría del algodón que se usa en Occidente tiene ingresos de ese tipo de algodón chino. No existen líneas de producción limpias, donde uno ve de dónde viene lo que se está utilizando para ello. Zara es un perfecto ejemplo de una empresa que contribuye a la represión y al sufrimiento continuo de esta minoría en China. Wear your values lo que busca es enviar el mensaje de que cuando uno se compra algo en una tienda, uno debe pensar ¿estoy o no estoy contribuyendo yo al sufrimiento del prójimo? No solamente en temas climáticos, sino también en temas de esclavitud.

Han sacado hace poco un informe sobre como en Hong Kong, Tailandia o Birmania los jóvenes están utilizando Internet para crear protestas de formas creativas. ¿Hasta qué punto son efectivas?

El futuro de la lucha es la lucha del meme. Existe una razón muy clara por la cual el dictador de China no permite que se utilice Winnie the Pooh. Porque la mayoría de estos regímenes no sobreviven al humor y la burla. Por eso es que reprimen tanto cuando alguien se burla. No aceptan la libertad de expresión.

Volviendo a Venezuela, ¿qué papel ha tenido su organización en la elección de María Corina Machado como Premio Nobel de la Paz?

Es absurdo sugerir que nosotros tuvimos algo de influencia. En Venezuela nos acusan de eso. El gobierno de Venezuela dice que Exxon pagó por el premio Nobel y que yo organicé todo e hice pagos a nivel del gobierno noruego. Es como el dicho de que cada ladrón cree que todos son de su condición. Ellos no creen que exista la posibilidad de una sociedad civil que logra cosas. El gobierno venezolano no puede imaginar que María Corina Machado recibió este premio Nobel porque se lo merece y quiere buscar alguna excusa oscura al respecto. Por supuesto, en el caso de María Corina Machado, la intervención de ella en el Oslo Freedom Forum, el programa nuestro, durante el año pasado, tuvo algo de impacto. La puso encima del escenario noruego y hay miembros del comité que vienen todos los años y se sientan en el Oslo Freedom Forum y ven lo que ocurre.

Dice que se han especializado en regímenes autoritarios. ¿Cómo se posicionan con respecto a causas como la Palestina o lo que está pasando en Sudán? Cuando habló de como se oprime a los uigures en China, ese genocidio, recuerda a lo que se está viendo en Gaza.

Nosotros podríamos cubrir lo que está ocurriendo en Cataluña. Podríamos cubrir las violaciones de los derechos que están ocurriendo en una cantidad de democracias. Pero, cuando incluye una democracia, sencillamente no lo hacemos. Porque ya hay muchísimas organizaciones que lo hacen. ¿Quién está hablando de Guinea Ecuatorial? No se hace. Nosotros estamos ahí para darle la voz a esa gente. Algún día quizás podremos hacer todos los países, incluyendo todas las democracias, pero para eso se requerirá un presupuesto al mismo nivel de estas otras organizaciones, que tienen uno superior a los 150 millones de euros. Y para llegar allá nos tomará varios años. Y lo vamos a lograr. Pero no podemos crear una especie de excepción instantánea por el clamor público. Cuando mataron a George Floyd en Estados Unidos y todo el mundo habló del Black Lives Matter, nosotros no tomamos una posición al respecto. ¿Por qué? Porque si hacemos algo acerca de esto, tenemos que posicionarnos cada vez que la policía lleve a cabo una situación de violencia contra un ciudadano y será un sinfín. Eso no significa que no tengamos una posición o quisiéramos tenerla.

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