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Literatura

Quizá es todavía

Silvia R. Court cuenta la historia de Miklós Radnóti, un rebelde en la Hungría de Horthy y el nazismo, un poeta que rechaza el régimen dictatorial

Quizá es todavía

Quizá es todavía

Javier Doreste

Javier Doreste

A mediados de los años setenta, el psicólogo social Stanley Milgram realizó un experimento con sus alumnos del que dedujo la existencia de una tendencia entre los humanos a obedecer de forma acrítica la autoridad y presentó un modelo que explicaba el poder de las situaciones sociales, familia, autoridades, para determinar la conducta de los individuos, a veces en contra de sus propios principios.

Según él, había fundamentado la expresión «la banalidad del mal» usada por Hannah Arendt en su excelente libro Eichmann en Jerusalén y explicado el triunfo y asunción del nazismo por la población alemana.

No es este el lugar para explicar que lo que expresaba Arendt con esa frase era que la excusa usada por Eichmann como justificación de su conducta genocida, la obediencia debida, era banal. Más adelante, con una lectura más detallada de los trabajos de Milgram, otros psicólogos sociales destacaron que si bien la teoría de «la obediencia debida» era aplicable al 65% de los alumnos participantes en el experimento, quedaba aproximadamente un 35% de sujetos que se había negado a cumplir las órdenes en algún momento: se rebelaban.

Lo que significa que no estamos completamente determinados por el grupo, aunque sí muy condicionados, y que existe un espacio para la rebeldía. La historia que nos cuenta Silvia R. Court es la de uno de esos rebeldes en la Hungría de Horthy y el nazismo. Un poeta que rechaza el régimen del dictador húngaro. Un hombre de ese 35%.

Con atinada prosa R. Court nos cuenta la vida de Miklós Radnóti, prestigioso poeta que gana premios literarios y que es condenado en su momento por blasfemia, ese delito que en España se camufla en el código penal como de ofensa a los sentimientos religiosos. Afortunadamente, Radnóti consigue eludir la pena y reanuda su vida con su mujer.

Hay que avanzar que en ese momento, Hungría es el primer estado europeo en imponer leyes discriminatorias para los judíos, mucho antes que la Alemania de Hitler. Radnóti se rebela contra la pasividad de los que aceptan esas leyes, muchos de ellos judíos prominentes como su tío empresario millonario, en la creencia de que no va con ellos.

Pero la autora no se limita a lo que podríamos llamar la rebeldía del poeta, nos habla de su visión de la naturaleza y, sobre todo, de su amor, profundo amor, por Fanni, la joven con la que se casa.

Antes nos relata la pérdida del padre, la separación de la hermana y la madre impuesta por la familia por motivos económicos y la sensación de soledad que en el poeta, niño de 12 años en ese momento, se mantendrá perenne, pese a sus relaciones sociales y culturales y su noviazgo y matrimonio con Fanni, la rubia.

Soledad que se le hará permanente en el campo de trabajos forzados en el que es encerrado primero por las autoridades húngaras y después por las alemanas. Soledad vinculada por Court al acto de la creatividad, se crea en soledad, nos dice, pero a la vez se necesita la interactuación con otros para ello. El húngaro Luckas lo dijo en su momento, el hombre necesita de la sociedad desde el primer momento. Todos nuestros actos están condicionados y son posibles por ser seres sociables. Radnóti lo sabe.

Silvia R. Court crea una especie de alter ego en el personaje de Claudia, la investigadora española que viaja al Budapest actual siguiendo el rastro del poeta. Ese rastro se mezcla con el pasado del país. No olvidemos que el régimen de Horthy fue radicalmente católico y antisemita. Una de las interlocutoras de Claudia afirma: «La mayoría de los residentes en Hungría han dejado atrás el Holocausto…» Esta frase es iluminadora, la conciencia de como actuaron tantos húngaros colaborando con el asesinato masivo de sus conciudadanos judíos se pretende ocultar con el olvido, pero como escribe la autora: «El pasado no se repite ni espera, pero persiste silencioso en la memoria de quienes recuerdan».

La visita a los Zapatos en la ribera del Danubio y al Árbol de Emmanuel son otros hitos en la memoria que recuerdan, pese a ese intento de olvido, el oscuro y siniestro pasado. En su momento Miklós Radnóti se opuso a la guerra y en el presente su biógrafa Claudia escribe: «Ninguna ideología debería consentir las guerras y la violencia».

El espíritu mortal, ese en el que perecen mujeres, hombres y niños, de las guerras de Ucrania y las masacres de Gaza, parece salir de este libro, gracias al esfuerzo poético que realiza R. Court para recordarnos que los poetas, y aunque este libro este escrito en prosa lo mueve un aliento poético, escriben sobre la realidad, siempre, aunque la camuflen de distintas maneras. Ella misma ha escrito que es precisa la interactuación con los otros para poder crear y R. Court se muestra en estas páginas como una creadora de lenguaje para contarnos la historia de un hombre enamorado de su mujer y de la libertad y que fue salvajemente asesinado por sus compatriotas al servicio de los alemanes.

Pero a la vez nos dice que ese pasado puede volver. No tiene que decirlo claramente, pero el encuentro con el nieto de uno de los presos que estuvo con Miklós Radnóti, es sintomático: «Hablaré. Te lo contaré todo. Solo te pido que ocultes mi identidad. Prefiero mantener mi nombre en el más estricto anonimato. No se trata de cobardía. Tengo miedo. Tengo mucho miedo». La segunda guerra mundial terminó hace casi 80 años cuando Claudia se encuentra con este nieto. ¿Cómo se puede tener miedo de lo pasado hace 80 años? ¿Qué siniestro poder y temor provoca Orban, justificador de Horthy, para tener miedo tanto tiempo después? Con este personaje Silvia R. Court nos recuerda que el fascismo, ese que le robó la vida a tanta gente, sigue vivo, que puede volver. No es solo Gaza, es la propia Europa la que la autora nos muestra, la Europa en la que, premonitoriamente, un poeta escribió: «Cuando caí a su lado, su cuerpo se dio vuelta, / estaba tenso, como cuerda antes de cortarse. / Fue un tiro en la nuca. Así acabarás también».

Así acabó Miklós Radnóti. Con un tiro en la nuca, como tantos europeos, tantos españoles, tantos cuyo crimen ha sido ser diferente o no aceptar la injusticia. La magnífica prosa de Silvia R. Court es un homenaje a todos esas personas.

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