Entrevista |
Eduardo Bazo, director artístico: "Lo heroico de verdad es hacer teatro desde Canarias"
El tinerfeño Eduardo Bazo recibirá el próximo 25 de noviembre el Premio Réplica de Honor en el auditorio Alfredo Kraus. Bazo ha sido el maestro de muchos de los actuales profesionales de la cultura en Canarias.

El director de escena, Eduardo Bazo / LP / DLP
Usted nació en Puerto de La Cruz, pero su actividad profesional se ha dividido sobre todo entre la Península y Canarias.
Vivo desde hace 44 años en Madrid y tengo mi familia aquí. Lo que he hecho es dirigir mucho en Canarias, sobre todo en Gran Canaria, donde he tenido muchísima suerte con cosas estupendas. Yo dirijo, nunca hago producción. Estoy casado con una productora que se encarga mucho mejor de ese área. En estos momentos soy el director artístico de los Premios Solidario que da la ONCE. Estoy de gira con ellos montando los nuevos espectáculos para el año que viene. Desde que entré en el mundo de la discapacidad, hace 14 años, me absorbe mucho, pero me encanta.
¿Y qué le parece que los profesionales de las Artes Escénicas de Canaria le hayan dado este Premio Réplica de honor ahora?
Muchas compañías se hicieron profesionales después de que yo trabajara junto a ellas. En Canarias me hice muy amigo de Severiano García, Israel Reyes, Mario Vega, Manolo González, Quino Falero, José Antonio Ramos. Hay una generación de directores con los que he colaborado y mucha gente ha aprendido conmigo. He dirigido teatro, ópera, espectáculos sinfónicos. Fui el director del primer Querido Néstor y eso fue un antes y un después en todos los sentidos. Hay gente a la que le ha influido mi oficio porque vieron ese espectáculo o La muerte y la doncella. Mucha gente me ha confesado que ‘contigo empezó todo’. Yo creo que el premio me lo han dado por todo ese trabajo, por mi edad, que ya tengo 66 años, y porque me vine enseguida a Madrid y he estado en muchos proyectos importantes.
Precisamente, ¿el que se haya establecido en la Península ha sido más positivo o negativo?
Yo creo que los héroes del teatro no han sido los que nos hemos venido a Madrid, sino los que se han quedado allí, en Canarias, sacando adelante este oficio. Lo que quiero decir a mis compañeros es que los valientes no hemos sido los que hemos salido sino los que se han quedado. Esa admiración que a veces me confiesan porque me marché pronto a Madrid no tiene sentido. Valiente es quedarse en Tacoronte y sacar Delirium adelante. Los verdaderos héroes son los que trabajan desde las Islas con todo lo que eso conlleva. Eso es lo difícil.
¿Cree que el teatro canario no está reconocido como merece?
Pues, efectivamente, creo que no. Estoy seguro que si una compañía como Delirium existiera en una comunidad como Cataluña sería considerada una leyenda para ellos a la altura de Els Joglars o Teatre Lliure. Eso lo constatará cualquiera que haya seguido sus trabajos o que, simplemente, haya visto vea su último montaje La Inmortalidad de Antonio Tabares.
¿Qué espectáculos destacaría de toda su carrera?
Destacaría cuatro o cinco que siempre han sido claves. En primer lugar, por supuesto, el espectáculo de Mestisay Querido Néstor. Luego La muerte y la doncella que hice con Delirium. En tercer lugar estaría La mosca detrás de la oreja que realicé para Mario Vega y que fue un éxito popular tremendo. Con Clapso pusimos en pie Los Jardieles, y fue un reto levantar un teatro que era irrepresentable. Tengo muchísimo amor por una ópera titulada Adiós a la bohemia que me salió muy confesional ya que puse sobre el escenario todo lo que quería contar sobre mí. A esto también añadiría los trabajos que he hecho con Germán López sobre la historia del timple con la productora Jeito. Germán es un gran actor y hemos he hecho unos cuantos espectáculos de los que estoy muy contento. También recuerdo con mucho agrado un Zalakadula que hice para Luífer Rodríguez.
Por otro lado, usted ha realizado muchas producciones nacionales e internacionales, ¿tiene preferencias en ese ámbito?
Desde luego. Una fundamental fue La mujer de negro, que estuvo más de tres años llenando el teatro con Emilio Gutiérrez Caba. Otro sería 39 escalones con Patricia Conde, con el que permanecimos dos años en cartel con todo el teatro lleno. O todo lo que ha hecho en el Orfeón Pamplonés, como un ópera con 600 niños juntos en el escenario. El mundo de la música y los eventos musicales también han sido importantes. He dirigido a Mónica Naranjo, Marta Sánchez, Ana Belén, Víctor Manuel, Miguel Ríos. Y he hecho musicales como ¿A quién le importa?, que me escribió Berlanga antes de morir.
¿Hay algunas cosas de las que también se arrepienta?
Por supuesto, también he tenido deslices. Algunos, además, antológicos, que tuvieron repercusión mediática. Lo primero de lo que me arrepiento es de haber sido el responsable de los Carnavales de Tenerife, de querer hacer algo que no debía haber hecho, de meterme en un terreno que no dominaba correctamente. También me arrepiento de algunas cosas que no hice y debí de haber hecho, y de algunos espectáculos que no he sabido solventar de forma correcta. Aquí me refiero más concretamente a dos infantiles en Canarias. Uno es Cuando el mundo era joven todavía, del que hice una cosa muy elaborada que no supe resolver bien. Y el segundo cundo Mario Vega me encargó dirigir La fábula del insomnio. Yo me centré en hacer una cosa demasiado sesuda, me pasé de listo.
Veo que ha sido muy versátil en cuanto a los géneros que ha abordado en su carrera.
He sido muy polifacético porque del teatro solo no se puede vivir, pero he tenido la suerte de que las otras cosas que me han salido siempre han estado relacionadas con el mundo de los escenarios. He sido director de grandes eventos. Me ha tocado dirigir las presentaciones de los cuatro aeropuertos más grandes de España: Madrid, Barcelona, Málaga y Valencia. He sido el responsable de la presentación del euro en Europa y de muchas marcas multinacionales en diferentes países.
¿Y ha cambiado su manera de trabajar con el paso del tiempo?
Con el tiempo he ido haciendo cosas más sencillas. He hecho Historias de miedo para celebrar 100 años del teatro Pavón. Si visitabas el teatro desde las 12.00 de la noche a las tres de la mañana te encontraba con una historia de terror que se desarrollaba por los pasillos del propio teatro.
¿Qué profesionales le ha sorprendido positivamente?
El mejor empresario con el que he trabajado ha sido Víctor Manuel. Y trabajar con Héctor Alterio ha sido una de las cosas más reconfortantes que he tenido. Las productoras saben de mi forma de trabajar, y las cosas que me gustan como una persona de izquierdas comprometida con los cambios sociales. Pero para mí el veredicto ha sido el público. A veces va y otras veces no. Y esa presencia o no en los teatros es lo que indica mi triunfo o fracaso.
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