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La innovación artística, entre fugacidad y permanencia

Las ‘Soap Bubble’ de Dokoupil desafían nuestra comprensión del proceso pictórico al convertir el acto de desaparición en el medio de creación

Una de las obras de Dokoupil que se exponen en La Regenta.

Una de las obras de Dokoupil que se exponen en La Regenta. / La Provincia

Octavio Zaya

Observando de nuevo las maravillosas Burbujas de Dokoupil, uno no puede remediar transportarse a aquellos lejanos momentos donde tuvimos nuestra primera experiencia con lo que se acaba, con el final de la ilusión. Desde pequeños, todos nos acostumbramos a hacer pompas de jabón y a disfrutar de la magia efímera que proporcionaban a nuestra infancia y adolescencia, cualquiera fuese nuestro origen o nuestra condición social. Sin embargo, en estos días dominados por el carácter transaccional de nuestra sociedad contemporánea, lo que fuera un entretenimiento infantil prácticamente gratuito se ha transformado en un espectáculo público que se codea con el teatro experimental, musicales y cómicos en vivo. Hace unos días leí que desde hace unos diez años, el ahora llamado «arte de las burbujas» tiene una presencia cada vez mayor en el Fringe Festival de Edimburgo, reconocido en Europa como cuna de exitosos espectáculos escénicos. En unos casos, estos malabaristas de las pompas de jabón utilizan un palo largo de plástico con un anillo en un extremo, que sumergen en una cuba con una mezcla jabonosa y que agitan por encima de sus cabezas para que cientos, quizá miles de burbujas floten sobre el público, preparado para explotarlas. En otros casos, crean burbujas en forma de cubo, las soplan para formar una copa y hasta consiguen que el humo gire como un tornado dentro de una burbuja. Algunos añaden lubricantes en la mezcla jabonosa para que las burbujas se estiren y alcancen varios metros de longitud… Es cierto que todo esto tiene muy poco o nada que ver con la serie Soap Bubble de Dokoupil, pero nos ahorra explicar diferencias y evitar confusiones.

La evolución artística de Dokoupil

Jiří Georg Dokoupil se reconoce internacionalmente como uno de los artistas más inventivos de los últimos 40 años, un polímata cuyas obras suelen desafiar cualquier categorización a la vez que redefinen y expanden los límites de la pintura contemporánea. Nacido en 1954 en Krnov, Checoslovaquia (ahora República Checa), la vida y la carrera itinerantes de Dokoupil -que abarcan Alemania, España, Estados Unidos y otros países- reflejan la ilimitada investigación y curiosidad que caracteriza su práctica artística. Sus pinturas de la serie Soap Bubble se presentaron inicialmente a principios de los 90s y se han ido perfeccionando sucesivamente durante estas tres útimas décadas. Podríamos afirmar que en su conjunto no solo representan una innovación técnica, sino que conforman también una profunda reflexión sobre la naturaleza misma de la creación artística. No obstante, es necesario que mencionemos que la aparición de esta larga serie de Soap Bubble se inserta ya dentro de una obra caracterizada por su diversidad.

Surgido del movimiento radical Neue Wilde (Los nuevos salvajes) de la Alemania de los años 80, Dokoupil se distinguió rápidamente por su rechazo a adherirse a un estilo o medio concreto. Mientras la mayoría de sus contemporáneos desarrollaban estilos reconocibles, Dokoupil abrazó lo que él denominó «ausencia de estilo» y se embarcó en lo que se convertiría en más de 140 series distintas que empleaban técnicas radicalmente diferentes. Este eclecticismo radical revela a un artista profundamente comprometido con la materialidad de la creación artística. Desde sus primeras pinturas con hollín (creadas utilizando llamas de velas) hasta sus dibujos con leche materna y sus obras con huellas de neumáticos, Dokoupil demuestra constantemente que las ideas y la conceptualización de la obra no tienen por qué ignorar su materialización y factura.

Las pinturas Soap Bubble representan mucho más que una experimentación estética; implican una reflexión sostenida sobre cuestiones relativas a la agencia artística, el papel del azar y la transformación de materiales cotidianos en objetos de contemplación. A diferencia de los métodos tradicionales de pintura, en los que la mano del artista manipula directamente el pigmento, el proceso de Dokoupil consiste en crear complejas soluciones químicas de lejía de jabón mezcladas con pigmentos acrílicos y metálicos calibrados con precisión. Cuando se soplan en burbujas de tamaño a veces enorme (que alcanzan hasta tres metros de diámetro), estas frágiles membranas se guían con cuidado sobre lienzos preparados que se colocan horizontalmente en el suelo del estudio. El momento de contacto entre la burbuja y el lienzo constituye un acto performativo en el que el control y la rendición coexisten en un delicado equilibrio. Cuando la burbuja estalla -un evento fugaz que dura apenas unos segundos-, deposita intrincados patrones de círculos concéntricos, formaciones celulares y manchas etéreas que parecen casi microscópicas en sus detalles, pero cósmicas en su implicación. Dokoupil ha perfeccionado este proceso a lo largo de los años, experimentando con aditivos como polvo de diamante para mejorar las cualidades refractivas e introduciendo técnicas para controlar (sin determinar completamente) el comportamiento de la burbuja. Sin embargo, el enfoque de Dokoupil sigue siendo singularmente pictórico, situando su obra dentro de la larga tradición de innovación material en las artes visuales, al tiempo que la lleva a territorios inexplorados. En el corazón de las pinturas de Soap Bubble se encuentra un profundo compromiso con el concepto de lo efímero. El propio medio -las pompas de jabón- representa uno de los símbolos más universales de la fugacidad, un motivo con profundas raíces en la historia del arte que se remonta a las pinturas vanitas holandesas del siglo XVII y a las representaciones de Jean-Baptiste-Siméon Chardin del siglo XVIII de niños soplando pompas. Mientras que estas representaciones tradicionales utilizaban las pompas como memento mori, recordatorios de la fragilidad de la vida, la intervención de Dokoupil es conceptualmente revolucionaria: captura y preserva estas formas efímeras, creando una paradoja de impermanencia permanente. Esta paradoja opera en múltiples niveles. Materialmente, las pinturas transforman lo que es inherentemente inestable (la vida útil de una pompa de jabón se mide en segundos) en una imagen fija. Conceptualmente, desafían nuestra comprensión del proceso artístico al convertir el acto de desaparición en el medio de creación. La muerte de cada pompa da lugar al nacimiento de la obra de arte, invirtiendo el paradigma creativo tradicional.

El proceso material también plantea cuestiones sobre la autoría artística. Aunque Dokoupil controla las condiciones iniciales -la composición química, la preparación del lienzo, los parámetros generales de la aplicación de la burbuja-, el resultado final sigue estando sujeto a innumerables variables: corrientes de aire, humedad, el momento preciso en que estalla. En este sentido, las obras se sitúan en algún lugar entre la pintura y la performance, entre la intención del artista y la agencia material. Esta negociación del control emplaza a Dokoupil en diálogo con los movimientos artísticos de la posguerra, desde el expresionismo abstracto (con su énfasis en el proceso) hasta Fluxus (con su aceptación del azar), al tiempo que mantiene una perspectiva claramente contemporánea. Cuando se exponen en importantes galerías como Kasmin en Nueva York o Michael Werner en Berlín, las pinturas de burbujas de jabón de Dokoupil crean entornos inmersivos que transforman los espacios de cubos blancos en reinos de maravillas, dominando las paredes con su presencia resplandeciente e invitando a una contemplación prolongada. Algunos críticos han destacado tanto el esplendor visual como la profundidad conceptual de la serie. Como señaló Antonio Zaya, las pinturas «oscilan entre la documentación científica y la revelación mística, entre lo racional y lo sublime». Esta doble cualidad explica su gran atractivo: cautivan al espectador ocasional con su pura belleza, al tiempo que recompensan el compromiso sostenido con sus complejidades filosóficas. Porque a través de su transformación, de un juguete infantil en arte, Dokoupil nos invita a reconsiderar cuestiones fundamentales sobre el tiempo, la creación artística y la percepción.

Mientras Dokoupil sigue perfeccionando y ampliando la serie después de tres décadas, las pinturas de Soap Bubble son testimonio de una visión artística que es a la vez tremendamente experimental y profundamente coherente. Encarnan lo que Claire Bishop identificó como «una inquietud que no es mero capricho, sino una profunda indagación, un compromiso con el arte como un proceso infinito de descubrimiento más que como una producción de mercancías». Al preservar lo efímero, Dokoupil da forma a lo informe y duración a lo fugaz y, al hacerlo, amplía nuestra comprensión de lo que puede ser la pintura y el arte.

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