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Letras

Luis María del Romero, escritor "La novela histórica es otra manera de conocernos mejor y profundizar en los problemas del ser humano"

El escritor y profesor valenciano Luis María del Romero Sánchez-Cutillas (Valencia, 1951) es el ganador del Premio Internacional de Novela Pérez Galdós 2025. Su obra, ‘Vida de Juanelillo, bufón del rey Planeta’, que tiene una dotación económica de 15.000 euros al que se suma la publicación por parte de la Casa-Museo Pérez Galdós y el Departamento de Ediciones del Cabildo de Gran Canaria, retrata el siglo de Oro español desde un prisma original.

Luis María del Romero

Luis María del Romero / LP / DLP

Las Palmas de Gran Canaria

¿En qué género se podría encuadrar su novela "Vida de Juanelillo, bufón del Rey Planeta"?

Al estar ambientada en el siglo XVII la novela podría calificarse de novela histórica, aunque la proliferación de títulos amparados bajo ese marchamo, algunos de dudosa calidad, me induce a calificarla más bien como novela de personaje y como un espejo en el que se reflejan los vicios – y virtudes - de la sociedad española en un momento crucial de su historia, no en vano el XVII es, además del Siglo de Oro, el siglo de la crisis española – crisis de modernidad y crisis como Estado -, aspectos que en cierto modo podrían parecer muy actuales, no hay que olvidar que en 1640 se produce la rebelión de Cataluña como respuesta al intento de Olivares de imponer la Unión de Armas, una especie de plan de armonización fiscal.

El título ya resulta llamativo, ¿a qué se refiere con Rey Planeta?

En el siglo XVII se consideraba que el sol ocupaba el cuarto lugar en la jerarquía planetaria y, como quiera que Felipe llevaba el número cuatro en la dinastía de los Austrias, después de Felipe el Hermoso, Felipe II y Felipe III, se le llamó así para compararlo con el sol, el cuarto planeta, anticipándose por cierto a Luis XIV, al que se le conoce como Rey Sol. Además, ya se sabe que en los territorios de los Austrias nunca se ponía el sol, al poseer dominios en los cuatro continentes conocidos. Lástima que ese brillo se apagara a lo largo del reinado; bastaría con comparar los retratos del monarca hechos por Velázquez; el de 1653 que se expone en el Museo del Prado es la muestra palmaria de ese fracaso.

El jurado destaca su capacidad para rescatar a los clásicos y dialogar con el siglo XXI ¿cómo se produce ese juego?

Me ha sorprendido la valoración – y la calidad y variedad – del jurado. No es habitual que los jurados fundamenten su decisión haciendo una valoración crítica del trabajo premiado. Y, además, tratándose de escritores de gran prestigio que se mueven en otros ámbitos. Para mí la novela histórica no es un artificio meramente virtuosista sino otra forma de conocernos mejor, de profundizar en los problemas del ser humano. Por otra parte, todo cuanto leemos, todo cuanto sabemos del pasado, tiene su reflejo en el presente.

¿Qué otros personajes históricos aparecen aparte de Juan de Espina y por qué ha elegido a este sacerdote y coleccionista entre los protagonista?

Además del Conde Duque de Olivares y otros miembros de la corte, incluyendo la legión de bufones de palacio, en la novela aparecen autores como Quevedo, dramaturgos, como Lope o Calderón, pintores como Velázquez, nobles como Villamediana y el Marqués de Liche, todos los cuales darían pie para varias novelas, sobre todo este último, menos conocido, que fue procesado por el intento de hacer volar el teatro en el que comparecía el rey, una especie de “motín de la pólvora” a la española. Pero el principal de todos ellos es Juan de Espina, constructor de autómatas y poseedor de una riquísima colección que incluía los Códices de Leonardo da Vinci. Gracias a él la Biblioteca Nacional posee en la actualidad esa joya bibliográfica. Un personaje que merecería por sí solo una novela.

¿Hay algunos aspectos que se repitan en sus obras y que aparezcan en este nuevo título?

Supongo que por deformación profesional, ya que durante muchos años he impartido clases de Historia y de Arte, me siento como en la evocación del pasado. Así, he escrito novelas ambientadas en el siglo XVII, en la Guerra de Independencia y en el siglo XIX, pero también otras tramas situadas en la guerra civil, la posguerra y el presente. Quizás mi formación como historiador me ha proporcionado la materia prima necesaria para desarrollar las tramas. Y muchas de ellas las sitúo en Valencia, la ciudad en la que nací.

¿Qué le impulsó a presentarse a este premio y qué supone en su carrera literaria?

Conocí a través de internet las Bases del Premio Benito Pérez Galdós y me pareció sólido y serio. Una seriedad que se ha visto confirmada con creces desde el momento mismo de la comunicación del fallo: no es normal que te lo comuniquen de viva voz los miembros del mismo y que, en su valoración, muestren claramente que han leído la novela. Después todo han sido sorpresas, desde conocer la obra del pintor Oramas al leer la reseña de la novela de uno de los miembros del jurado - Santiago Gil -, hasta tener pruebas de la profesionalidad y el rigor de la Casa-Museo Pérez Galdós y el Cabildo de Gran Canaria.

Sus novelas y libros de cuentos desprenden cierto aspecto satírico en los títulos, ¿le gusta jugar con el humor y el doble sentido?

Sin duda. Uno de mis primeros libros se titulaba “Cuentos para analfabetos”, y en él jugaba con la grafía del abecedario. Y en la novela que más repercusión tuvo, “Manjar Blanco”, seguía el aprendizaje sentimental de un pobre oficinista obsesionado con adelgazar y al mismo tiempo lector ávido de libros antiguos de cocina. Sin embargo, el más significativo en este sentido fue la colección de cuentos que llevaba por título “Sexo oral” y que atrajo a unos cuantos jóvenes a la presentación, aunque luego se llevaran un chasco. Pero, como decía Pessoa, “el poeta – el escritor – es un fingidor” y me gusta jugar con la ambigüedad y con la curiosidad de los lectores.

¿Ha sido Benito Pérez Galdós una referencia en su escritura?

No soy yo quien podría hacer esa afirmación. Ojalá fuera así. En cualquier caso ha sido un referente esencial, hasta el punto de que creo tener en mi biblioteca todas las novelas de Galdós. Por otro lado, quién no desearía poder inventar personajes tan sólidos como Benigna, Torquemada, Fortunata, Estupiñán o la esposa de Bringas. En cualquier caso, Galdós ha sido un referente en mi formación y me confieso lector apasionado de su obra, desde que leí hace años la serie completa de los Episodios Nacionales y La Fontana de Oro.

¿Qué destacaría de su último libro “Vista del Delft” que ha ganado el premio del Diario de Jaén?

El libro está ambientado también en el siglo XVII, pero en Holanda. Es quizás una casualidad, porque no estoy especializado en esa época. Y, en lugar del teatro, los bufones o los autómatas, la narración gira en torno a la pintura, en concreto los dos grandes genios del Barroco holandés después de Rembrandt: Vermeer y Carel Fabritius , el protagonista de la obra. El punto de partida es la explosión del polvorín de Delft, donde se guardaba la pólvora utilizada en las guerras contra españoles e ingleses. Y uno de los muertos en la explosión fue precisamente Fabritius, quien debió de ser el mentor de Vermeer y el que le enseñó el uso de la caja perspectiva. Pero, además de la evocación de la Holanda de la época y de la obra de Fabritius, la novela se plantea como una trama de intriga a partir del dibujo realizado por otro pintor - Egbert van der Poel - en el que aparecen las ruinas de Delft y, tal vez, la figura del causante de aquella explosión, cuya motivación podrá descubrir el lector.

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