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La Tuna Universitaria Femenina de Las Palmas de Gran Canaria resurge tras dos décadas gracias a cuatro jóvenes

Después de veinte años sin actividad, la Tuna Universitaria Femenina de Las Palmas de Gran Canaria ha vuelto a la vida gracias a cuatro jóvenes que han iniciado su refundación. Lo que comenzó como un encuentro casual con la tradición tunantesca ha derivado en un movimiento que recupera memoria, compañerismo y música para abrir una nueva etapa

La tuna femenina de la ULPGC junto a sus madrinas de la tuna femenina de la ULL.

La tuna femenina de la ULPGC junto a sus madrinas de la tuna femenina de la ULL. / LP/DLP

Las Palmas de Gran Canaria

En 2024, cuatro jóvenes decidieron reactivar una historia que llevaba casi dos décadas dormida: la de la Tuna Universitaria Femenina de Las Palmas de Gran Canaria, fundada en 2004 y paralizada con el paso del tiempo por mudanzas, trabajos y nuevas etapas vitales. Hoy, gracias a María del Carmen Rodríguez, Laura Santana, Zulema Medina y Eva T., la agrupación vuelve a sonar en los pasillos de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria. Y lo hace con un propósito claro: devolver a la Isla una tradición musical que sigue viva en medio mundo, pero que muchos aquí solo conocen «por las películas y los estereotipos».

La historia de esta refundación empezó con encuentros fortuitos entre parrandas universitarias. María descubrió la tuna «por un compañero de carrera, de esos que te dicen vente un rato», y terminó enamorada de la camaradería que encontró. Laura, por su parte, la conoció lejos de la Isla, durante sus estudios fuera: «Yo quería seguir en la tuna y cuando vi que aquí estaban buscando gente, dije: es esto».

Tradición recuperada

Cuando supieron que existía una tuna femenina inactiva, entendieron que la puerta ya estaba abierta. Solo había que volver a empujarla. «Nos dijeron: existe, pero no sale. Tendrían que refundarla», recuerda María. Y así empezó todo: cuatro chicas y una idea que pedía despertar.

Contra todo pronóstico, burocracia incluida, la universidad no fue un obstáculo sino un impulso. «Lo primero que hicieron fue ofrecernos un lugar en el campus para ensayar», afirma María, que destaca el respaldo tanto del rector como del personal del campus. Esa acogida permitió que el proyecto naciera con cimientos firmes.

Tuna Femenina de Las Palmas de Gran Canaria.

Tuna Femenina de Las Palmas de Gran Canaria. / LP/DLP

Contacto con las fundadoras

También contaron con las fundadoras del 2004, que recibieron la noticia con emoción: «Nos dijeron que estaban encantadas, que hacía falta que la tuna femenina volviera a salir». Ellas mismas cedieron el cancionero original y orientaron los primeros pasos de la refundación.

Aunque la tuna existe oficialmente, ellas son novatas, porque están en ese proceso que toda agrupación debe atravesar: aprender repertorio, dinámicas, normas y, sobre todo, vivir la tuna. La Tuna Femenina de la Universidad de La Laguna también se ha convertido en guía en este recorrido, acompañándolas en salidas, ensayos y encuentros.

Códigos y sentido de pertenencia

El aprendizaje, sin embargo, no se limita a la música. La tuna tiene códigos propios: viajes, vínculos con agrupaciones de medio mundo y hasta motes. «En la tuna te ganas un mote, es tu esencia. Nosotras todavía no lo tenemos», comparten.

Para ellas, lo más poderoso de la tuna es el sentido de pertenencia. «Es una comunidad. Da igual si no conoces a nadie: llegas y es como si llevaras ahí toda la vida», explica Laura. María coincide: «Es la familia que eliges». Y esa familia es internacional: hay tunas en Holanda, en Sudamérica, en toda España. Todas unidas por el mismo cancionero común y por ese himno universal que siempre llega.

Presencia femenina

La presencia femenina en la tuna no es una novedad, pero tampoco ha sido un camino fácil. Las fundadoras del 2004, cuentan, «tuvieron que romper una barrera enorme». La visión de la tuna como un espacio exclusivamente masculino aún persiste en parte del imaginario colectivo.

Ellas quieren cambiarlo: «Muchas veces la gente piensa cosas que no tienen que ver con nosotras. Piensan en señores mayores de cine de barrio, pero en la tuna también hay gente joven, con carreras, con trabajos». Para María y Laura, lo que aportan las mujeres es «otra perspectiva», además de una tesitura vocal distinta y un repertorio que se abre a artistas como Rosana o Rosalía sin abandonar los clásicos.

Ensayo de la Tuna Femenina de Las Palmas de Gran Canaria.

Ensayo de la Tuna Femenina de Las Palmas de Gran Canaria. / LP/DLP

Un camino por construir

La refundación está en marcha, pero el camino no termina aquí. «Somos cuatro, justo las necesarias para tocar. Pero para que la tuna sobreviva necesitamos que entren más chicas», explican. No buscan premios ni grandes reconocimientos: «Lo importante es la continuidad. Que dentro de unos años la tuna esté viva».

Por eso hacen un llamamiento claro: cualquier universitaria que quiera aprender, aunque nunca haya tocado un instrumento, puede unirse. Ellas mismas comenzaron desde cero. Hoy ya forman parte de una red cultural que les ha dado viajes, amistades y un lugar donde sentirse parte de algo más grande que ellas.

«Si la gente conociera mejor lo que es la tuna, se uniría sin pensarlo», asegura Laura. Y quizá esta refundación sea precisamente eso: una invitación para que nuevas generaciones descubran que, detrás de guitarras y laúdes, hay una comunidad abierta y diversa.

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