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Entrevista | Antonio Puente Periodista y escritor

Antonio Puente: «La proyección atlántica es el antídoto contra el ensimismamiento»

La semana próxima imparte un seminario sobre literatura canaria cotejando a los autores de las diversas épocas y con otras latitudes oceánicas

Antonio Puente.

Antonio Puente.

Sonia Sánchez

Las Palmas de Gran Canaria

El periodista, escritor y crítico literario Antonio Puente completará la próxima semana el seminario La proyección atlántica en la historia de la literatura canaria, en la Casa-Museo León y Castillo de Telde. Tras su inauguración, la pasada semana, dedicada a Cairasco de Figueroa y a Silvestre de Balboa, en la próxima sesión (miércoles: 19.00 horas) se abordará el modernismo, con Alonso Quesada y Domingo Rivero, para cerrar el ciclo con las aportaciones de Miguel de Unamuno y André Breton (sábado: 11.00 horas). Puente propone un recorrido por las raíces y proyecciones universales de la literatura insular, explorando cómo los autores canarios han configurado una identidad marcada por la insularidad y el diálogo entre geografías del Atlántico.

¿Cuál es el objetivo que espera alcanzar con estas tres jornadas?

Salir del ensimismamiento, y, para ello, el mejor antídoto es la proyección atlántica. Para sondear un corpus unitario de la literatura canaria, es necesaria una doble dirección: compararla con otras latitudes del entorno y, desde ahí, vincular las distintas épocas. Al cotejarla con obras de autores de otras islas atlánticas, se observan muchos rasgos comunes, para una identidad amplia, global, y no únicamente endógena, además de inconexa, como si fuéramos un caso aparte.

¿Cómo ha seleccionado a los autores y las obras que se analizan?

Se trataba de abordar algunos episodios clave de nuestra tradición. Obviamente, la figura de Cairasco es insoslayable, por cuanto es el fundador de la literatura insular, con parámetros justamente atlánticos. Cuando, a la entrada del Templo militante, expresa, por ejemplo, ‘Aquí mandé lanzar al hondo piélago…’, está construyendo un dron imperecedero sobre los cimientos de la hegemonía del espacio sobre el tiempo, tan común a las diversas latitudes insulares atlánticas. Y me pareció oportuno contrastarlo con su discípulo más aventajado, Silvestre de Balboa, que, desde Gran Canaria, parte a Cuba, y allí se convierte, a su vez, en fundador, con su Espejo de paciencia, de la literatura cubana. Así, la importancia de Cairasco es por partida doble: su barroquismo fue determinante en la formación de Góngora, contribuyendo a la modernización de la poesía peninsular, y, a través de su pupilo, alumbra el inicio de la poesía del Nuevo Mundo. En la próxima jornada abordaremos a Alonso Quesada, determinante en el tránsito del modernismo a las vanguardias, y a Domingo Rivero, que simultáneamente inaugura la modernidad lírica en las Islas. Por supuesto, quedan muchos autores por abordar, y también autoras muy importantes en nuestra tradición, desde Josefina Plá a Nivaria Tejera, o desde Josefina de la Torre a María Rosa Alonso… Pero, para este ciclo, me pareció pertinente atender a los cimientos más divulgados, y me pareció interesante también cerrarlo con las miradas sobre las Islas de dos foráneos de excepción, como Miguel de Unamuno, y su De Fuerteventura a París, y André Breton, con El castillo estrellado, que componen entre ambos un elocuente y contrastado estudio sobre las Islas.

¿Qué características considera esenciales en la literatura canaria que la diferencia de otras literaturas hispánicas o atlánticas? ¿Qué papel juega la insularidad en ella?

Lo que nos distingue, sobre todo, es la condición insular atlántica. El rasgo es, ya desde Cairasco, decíamos, la hegemonía del espacio sobre el tiempo. En las literaturas atlánticas, predomina esa especie de sincronización del espacio-isla. ‘Sólo geográficamente puede ser explicada nuestra génesis mítica’, señaló Agustín Espinosa, otro autor clave. ‘El insular vive más cerca de su geografía’, expresa Domingo Pérez Minik. Así pues, el espacio funciona como variable independiente; lo esencial es la materialidad de la escritura. Otras características importantes son: la ambivalencia de la isla como edén y presidio; el desarraigo existencial, con personajes monádicos, desde el mito de San Brandán al ser ‘soledoso’, o el ‘náufrago’, en el imaginario de Espinosa. También es importante el papel de las digresiones como ejes narrativos, rizomáticos, como si los textos brotaran desde los pies de página.

¿Cómo definiría la ‘identidad atlántica’ en la literatura canaria?, y ¿cree que existe un hilo común que conecte a los autores de diferentes siglos?

Hay una definición de Ángel Sánchez que me parece clave: el canario es un ‘criollo euroatlántico’. La concepción más propicia es la de “Comarca cultural atlántica”, desarrollada por García Ramos y Padorno. Frente al Mediterráneo, mar cultural, el Atlántico es un mar inédito, por descubrir. En realidad, es un océano, cuya metrópoli, existencialmente, está en el agua de altamar. Como ha analizado García Ramos, existe un ‘atlantismo anímico’, una pulsión compartida entre las culturas insulares, definida como una carencia común: ‘la remota sensación de los habitantes de un lado y otro del océano, de que fuimos soñados todos de una vez’. En conclusión, creo que la identidad atlántica propicia la conexión entre autores de diversas épocas. Si uno lee el diálogo entre Murmuración y Ocio en La comedia del alma de Cairasco, encontrará el germen de las críticas sociales de Quesada, Trujillo o Millares. El contraste edén/presidio se observa igual en la literatura cubana (Lezama y Piñera) que en la canaria (Morales y Quesada, Padorno y Luis Feria).

¿Por qué cree que es importante abordar la literatura canaria desde una perspectiva histórica y comparada?

Precisamente, para salir del ensimismamiento, como te decía. En mis investigaciones he comprobado que existen rasgos comunes en las islas atlánticas, pero no se ponen en común: cada región lo vive como algo endógeno. Algo común es que, teniendo tanto en común, no se comparte. Más que una lectura de significados interna, centrada en tópicos y paisaje isleño, lo que procede es una lectura comparada, con proyección exterior. Paisaje y mitología isleña no son el final del viaje, sino su punto de partida.

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