'Comerás flores', la novela de Lucía Solla Sobral que desteje las costuras de un patrón la violencia que no se ve
"Las mujeres estamos contando la larga y angustiosa vuelta a nosotras mismas después del amor», escribe Bibiana Collado.

La escritora Lucía Solla Sobral.
Entre las hojas de Comerás flores (Libros del Asteroide, 2025) anidan los cristales rotos del amor romántico, ese que nos completa y nos corrige hasta borrarnos, pero que nos abriga en el invierno porque aísla el resto de estaciones. Ese tranvía llamado deseo sigue los raíles que marca el mapa de los ideales y el equipaje olvidado en la consigna somos nosotras mismas. Comerás flores es la primera novela de Lucía Solla Sobral (Marín, 1989) y, a medida que recorremos sus capítulos de la mano de Marina, sentimos los cristales sangrando en las plantas de los pies, porque ya hemos caminado descalzas antes por estos vagones y, al desclavarnos el fragmento del espejo de la piel, nos reencontramos con el reflejo de todo lo que perdimos.
Entonces desconocíamos que esta forma de amor desigual pudre todas las ramas y raíces que cultivamos a lo largo de nuestra vida pero, a solas en ese tren con un billete de ida en la mano, también encontrarás la puerta para salir. O para volver. «Los hombres llevan siglos narrando el largo y venturoso regreso a casa después de la guerra, las mujeres estamos contando la larga y angustiosa vuelta a nosotras mismas después del amor», apunta la escritora Bibiana Collado.
Se titula Comerás flores pero podría titularse Vomitarás flores, porque la protagonista va adelgazando como los capítulos que encabezan todos los nombres que va dejando atrás en el camino, igual que las palabras, y luego Marina vomita como si expulsase todo lo que calla o no es capaz de decir. La autora nombra con metáforas la alienación de nuestro cuerpo cuando nos vaciamos en el otro; el amor como refugio en el que nos parapetamos para no confrontar nuestras heridas o abismos, en este caso, el duelo por la muerte del padre; la ebriedad del deseo como arañas en el vientre que trepan por la piel pero que poco a poco van tejiendo una telaraña invisible alrededor del cuerpo; y cómo aceptamos amar con esa aguja en la garganta.
"Su violencia era transparente"
Pero el lirismo de Lucía Solla Sobral es también la punta de un cuchillo que disecciona con honestidad brutal, así como con precisión y delicadeza de orfebre, la complejidad de nuestras emociones a través de las contradicciones, ambivalencias e imperfecciones de su protagonista. No cae en maniqueísmos, ni simplificaciones, sino que desteje sin dedales las costuras de un patrón de violencia que no se ve, pero asfixia con sus hilos en nombre del amor y lo cubre de flores. «No tuvo que ponerme un dedo encima. No necesitó meterme los dedos en la garganta. Su violencia era transparente», reflexiona Marina. Y al otro lado de la puerta, en las antípodas de la telaraña: la red de amigas que sostiene desde el cariño y el cuidado, sin juicios ni candados.
Cuesta creer que una novela tan llena de cristales pueda beberse como una copa o bálsamo que sana. No conozco a una sola amiga que no haya temblado con este libro. Necesitamos más espejos y odiseas que nos narren. Gracias, Lucía.

Portada de 'Comerás flores'. / LP
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