Cómic
‘La lapa’, el eterno dilema de la identidad canaria
Eduardo González adapta al cómic la obra maestra de Ángel Guerra que transcurre en Lanzarote a principios del siglo XX

Una viñeta del primer capítulo ‘El mendigo’ en donde Martín y su hijo sufren las burlas de los vecinos. / Eduardo González
Los estudiosos y críticos de literatura aseguran que los clásicos de los escritores canarios han estado condicionadas desde sus inicios por la presencia del mar. Que la situación insular surge en las historias al modo de protagonista secundario latente sutilmente, ya sea de forma hostil y amenazadora, como épica y aventurera. Y ciertamente, esta circunstancia ha influido en el carácter de los habitantes de las Islas. Precisamente, uno de los ejemplos artísticos en el cual se exhibe de la manera más sobresaliente posiblemente sea La lapa de Ángel Guerra con el Atlántico como elemento central.
Una obra tan definitoria de la idiosincracia insular, elevada a la categoría de maestra por los expertos en el carácter isleño, sin embargo no había logrado la relevancia popular y la exposición pública que se merecía. Algo que estas alturas resultaba ya inaceptable si nos comparamos con otros territorios de este país. Y es que no hace falta irse muy lejos para comprobar cómo, por ejemplo, Zalacaín el aventurero de Pío Baroja o El cuaderno gris de Josep Pla son claras referencias intocables entre las culturas vascas y catalana respectivamente. Sin embargo, una manera de solventar este imperdonable silencio mediático se ha producido este año con la adaptación en cómic que Eduardo González ha realizado en la siempre interesante editorial Idea.
La obra del dibujante tinerfeño ha sido una de las sensaciones editoriales de este 2025 que ya concluye ya que, como es habitual en su carrera, realiza una adaptación a la considerada como una de las obras más identitarias del Archipiélago, elegante, austera, casi minimalista, pero a su vez tremendamente expresionista y en algunos casos explícitamente violenta, pero siempre brillante.

Viñeta del séptimo y último capítulo en el que Martín es rescatado herido en Roque del Oeste. / Eduardo González
Apasionado
Un niño, en la Arrecife de comienzos del siglo pasado, Martín, apasionado por el mar, pero de origen humilde, se limita sin embargo a obedecer las labores que le imponen sus familiares como figuras de autoridad con resultados casi siempre dramáticos. Su inadecuación social solo podía tener una solución cuando decide embarcarse como marinero en varios bergantines o goletas que surcan por el Archipiélago o la costa africana. Pero un accidente le devolverá a su realidad anterior de manera aún más cruel si cabe.
Es necesario destacar que, al margen de la importancia de la obra original, de su carácter emblemático en la historia de la literatura canaria, La lapa de Eduardo González es, una obra que se defiende individualmente. Un cómic recomendable por el simple placer de la belleza que encierra todos y cada una de los dibujos.
Un trabajo en donde cada viñeta es una obra pictórica de por si que precisa de una contemplación serena y pausada. Y este creo que esta ha sido el gran logro de González. Porque La lapa es un cómic que, gracias a su economía de diálogos, se lee rápidamente. Pero cuando el lector concluye la historia se queda con la sensación de que hay algo pendiente.

Viñeta del segundo capítulo ‘Primera aventura’ con Martín trabajando de camellero en ruta a Teseguite. / Eduardo González
Y en una segunda lectura es cuando surge un fantástico universo en donde los gestos, las miradas, o las expresiones de los personajes dicen mucho más que los diálogos. Donde los colores envuelven las situaciones y arrastran de forma firme e hipnótica al lector a la sucesión de acontecimientos traumáticos en la vida del protagonista. Publicada en 1908 La lapa es el título más emblemático del escritor, periodista y político José Betancort Cabrera que firmaba como Ángel Guerra en homenaje a Benito Pérez Galdós y que contribuyó de manera notable al desarrollo de la novelística canaria a principios del siglo XX.
La obra comienza con un prólogo de Francisco Pomares bastante elocuente tanto sobre la figura tanto del escritor como de Eduardo González. Y el cómic comienza con el personaje protagonista recordando su vida desde niño donde muchos personajes se expresan en el dialecto conejero de la época. Los seres humanos que le rodean se expresan con la crueldad e inhumanidad tan típica de nuestra especie y llevan a Martín a emprender una huida hacia adelante. El protagonista pasará de las tierra áridas del campo, que González recrea con colores cálido, a las travesías por un mar no demasiado amable, donde emplea los tonos fríos. Finalmente, el desenlace agridulce transmite la idea estructura boomerang realmente seductora. Sea como fuera, La lapa es otro ejemplo más del talento de Eduardo González para redefinir un clásico de nuestra literatura como hizo con Mararía aportando nuevas dimensiones que enriquecen la obra y la hacen incluso más actual e interesante.
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