Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

Entrevista | Daniel Abreu Bailarín y coreógrafo

Daniel Abreu, bailarín: «Hoy todos estamos vendiéndonos y comprándonos todo el rato»

El coreógrafo canario, Premio Nacional de Danza 2014 y Premio Max en diferentes categorías, estará en el Teatro Cuyás de Las Palmas de Gran Canaria los días 23 y 24 de enero a las 19.30 horas con el montaje 'Capítulo'

El coreógrafo y bailarín canario, Daniel Abreu.

El coreógrafo y bailarín canario, Daniel Abreu. / Viktor Stefanov

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google
Martina Andrés

Martina Andrés

Las Palmas de Gran Canaria

¿Cuál fue el punto de inflexión o la idea que le hizo lanzarse a crear el espectáculo de danza Capítulo?

Siempre me gusta que los títulos marquen un poco el concepto que voy a tratar. Me inspiro en la idea de que todo en la vida no deja de ser un proceso. Esto partió de algunas cosas que leí y algunas cosas que viví respecto a dónde comienzan lo que hoy definimos como identidades o culturas. Me daba cuenta de que en realidad somos una mezcla absoluta de todo, de que aquello de lo que nos apropiamos y creemos que es nuestro tiene un sentido mucho más allá. Por ejemplo, ¿de quién es un libro realmente? ¿Dónde comienzan las ideas de un libro? ¿De quiénes son esas historias? Hace unos años que trabajaba Canarii, un espectáculo de Olga Cerpa y Mestisay, y a la hora de ahondar de una manera más profunda en la cultura canaria, veíamos que hay tanto de tantos sitios y tanto que hemos exportado... ¿Quiénes somos realmente? Parece que nos definimos dentro de etiquetas, sobre todo en este momento en el que creemos que somos alguien, pero en realidad somos la mezcla de tantas cosas... Por eso Capítulo. Un capítulo es el fragmento de un libro. Nosotros somos el fragmento de algo mucho más grande.

Es un estreno absoluto y además nace con residencia técnica en el Cuyás. ¿Cómo ha sido ese proceso?

Estoy muy agradecido al Teatro Cuyás por darme la posibilidad de crear y tener una residencia técnica de dos semanas. En mis 22 años de carrera es la primera vez que me pasa, que puedo, antes de un estreno, probar en el teatro. Suelo llegar a los estrenos con la soga al cuello. Igual llego con la soga al cuello, pero por lo menos me siento con la tranquilidad y el arrope de que puedo probar todo antes en el escenario. Eso siempre es una isla de calma. Y además, que sea en Gran Canaria. Aunque soy de Tenerife, tengo mucho amor por esta isla. Siempre lo he tenido, desde la primera vez que pisé la isla con 18 años. Me gusta la tierra, me gusta la gente de aquí. Me siento como en casa.

En el texto de presentación de Capítulo se habla de historias que se repiten, de relaciones que dan vueltas a lo mismo. ¿Este carácter cíclico le interesa como una especie de condena o como una posibilidad de aprendizaje?

Para mí el carácter cíclico tiene una idea como de tranquilidad, de decir bueno, esto que vivimos, sobre todo en estos momentos de incertidumbre, pasará. Es el fragmento, la parte de algo mucho más grande que vendrá, no sabemos el qué todavía. Pero sí que hay una sensación como de tranquilidad, de paz. De que lo que viene no tiene por qué ser peor.

También se habla de identidad, de quiénes somos y de esta flecha que guía a los grupos. Cuando habla de esta flecha, ¿cómo es? ¿Es algo más ideológico, más emocional?

Es algo mucho más ideológico y, sobre todo, conceptual. Hay muchos autores dentro de los estudios sistémicos que estudiamos. De alguna manera, hay un libro de cuentas que se tiene que saldar entre las relaciones. No hay tanto un sentimiento de amor, de unión, sino de equilibrio y de balanza, un sentimiento de justicia. Esto me interesaba mucho, poder ver cómo algunos autores, sobre todo desde la psicología sistémica, hablaban de este libro de cuentas, como en el fondo estamos siempre compensando para pertenecer, para formar parte de los grupos, para crear grupos sociales que son imprescindibles para la vida. Poder saldar ese libro de cuentas, no tener deudas. Todo se basa más en el dar y en el recibir.

Dentro de la obra también hay máscaras. ¿Qué papel juegan?

Nuestra identidad está también en el rostro. Es algo que se va transformando en la obra. Las máscaras podrían acercarse a esta idea de los cuerpos como vallas publicitarias. Un cuerpo como una valla publicitaria es aquel que tiene que cambiarse, que tiene que modificarse para agradar, para llegar, para sorprender. A día de hoy, todos estamos vendiéndonos y comprándonos. Todo el rato. Esta eclosión de la imagen en el rostro, de la cirugía estética, del eterno verano, de la eterna juventud, pues tiende a contar algo de eso. Pero esto no es nuevo. Las tribus se maquillaban, se pintaban las caras con determinadas simbologías para pertenecer, para crear una marca de identidad. Y fantaseaba un poco con esta idea de cuál es la cara del futuro.

¿Cuál cree que será el rostro del futuro?

Yo creo que el rostro del futuro va a ser bastante mucho más robótico. El mundo de la cirugía estética ha hecho que casi todas las caras se parezcan, que tengan algo de artificialidad, de un brillo poco terrenal.

¿Diría que el mensaje que transmite en esta obra es pesimista? Ya que habla de esta necesidad de compensar para formar parte del grupo o de ese futuro robótico. ¿Cómo lo siente?

No tiene para nada un carácter pesimista, ya que no estoy diciendo que sea mejor o peor. Al leer y documentarme me daba cuenta de que cada etapa -nosotros estamos en una transición ahora- tiene sus conflictos. No significa que sea ni mejor ni peor, son cosas distintas. Estamos viviendo la era de la tecnología y esa tecnología no solo abarca los instrumentos o las herramientas, sino también los cuerpos. Los cuerpos cada vez son más tecnológicos. Y esto simplemente es así, no es nada negativo, es como estar abiertos a que lo que venga, vendrá, se instalará y formará parte de nosotros. La pertenencia es algo necesario para el hecho humano. La pertenencia nos ayuda a vivir y a seguir vivos. Muchas veces los mayores índices de suicidio están relacionados con las faltas de pertenencia. Cuantas más pertenencias pueda tener una persona, mejor se va a sentir dentro de este mundo en el que nos ha tocado vivir. No es algo negativo, sino descriptivo. También optimista. Algo bueno viene, no sabemos el qué.

Estamos en una sociedad que nos vende mucho ese individualismo y ese estar libre de apegos, no depender de nadie, pero realmente lo natural en el ser humano es estar en grupo, pertenecer y sentirse arropado.

Sí. Esa mirada más de economizar o capitalizar absolutamente todo, hasta nuestra voluntad, nos lleva a pensar en una sociedad individualista, pero no se va a poder dar. Eso es inviable, no se puede, no podemos sobrevivir solos.

A nivel técnico, ¿cómo ha transmitido la filosofía de Capítulo a través de la danza?

Hay un trabajo corporal muy interesante en el que más que imponer coreografías con un lenguaje reconocible, lo que hemos estado es investigando una movilidad mucho más desde la tierra, cómo se mueve un cuerpo libre. Un cuerpo que tiene códigos, evidentemente, porque trabajo con bailarines, pero son códigos más arraigados a la movilidad natural del cuerpo, donde las caderas se expresan con mayor libertad, donde la parte percutiva y rítmica acoge el cuerpo de una manera mucho más natural.

Ha contado que a pesar de haberse dedicado durante años a la danza, todavía no siente que haya un lugar que le sostenga. ¿Lo hay ahora?

No, no lo hay. Siento que Capítulo también puede ser un cierre, quizá para trabajar desde otro sitio. Eso sí que lo siento profundamente, pero no corresponde solo a mi posición, sino a una fragilización muy grande de la cultura como fenómeno de convivencia. Nos es mucho más difícil ir a los teatros a vivir en primera persona experiencias más emocionales, carnales, sensitivas. Nos hemos pegado a una pantalla o a una inmediatez y el teatro requiere ir, requiere sentarse, requiere acoger algo que no sabes muy bien qué es. No puedes hacer scroll en el teatro, tienes que masticar, todo lo que se hace allí. También hay una precariedad en los públicos, pero curiosamente también hay más riqueza para quien venga. Quien va a los teatros sigue ampliando esas necesidades internas que tenemos todos de sentirnos completos. Pero eso va disminuyendo. Y eso, desde una posición empresarial y personal, hace que yo me cuestione si quiero seguir plantando en un terreno que ya no es fértil.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents