15 años en Malasaña
Los libreros de Tipos Infames hablan tras anunciar su cierre: "No es solo por la gentrificación, sino por el puto capitalismo"
Gonzalo Queipo y Alfonso Tordesillas justifican sus decisión por “los alquileres desbocados”, el descenso en las ventas y las dificultades para mantener su filosofía literaria

Alfonso Tordesillas (izda.) y Gonzalo Queipo, fundadores y responsables actuales de Tipos Infames, tras la entrevista con este diario. / Alba Vigaray
Marta García Miranda
Decidieron montar una librería mientras jugaban una partida de billar y encontraron su nombre por casualidad, en la cartela de aquel cuadro de Henri Fantin-Latour, Un coin de table, conocido como Les affreux bonshommes, Tipos infames en su traducción al español, que descubrieron en una exposición en La Casa Encendida. En la imagen, un grupo de poetas, entre ellos Verlaine y el propio Rimbaud, en torno a una mesa. Sobre ella, una jarra llena de vino y un ramo de flores, una taza de café, un platillo y una cuchara. Y en las manos de uno de los poetas, un libro. En aquella imagen estaba todo lo que lo que Gonzalo Queipo, Alfonso Tordesillas y Curro Llorca querían que fuera Tipos Infames: un lugar en el que poder comprar libros y hablar de ellos, una librería en la que poder tomarse un vino o un café y un espacio que pudiera generar comunidad y estableciera vínculos con el barrio, Malasaña. Hace 15 años que abrieron en la calle San Joaquín 3, con la crisis de 2008 arrasando el país al tiempo que The Economist destacaba su proyecto como un referente valiente de emprendimiento. En 2019 abrieron un segundo local en el número 6 de la misma calle, justo enfrente, dedicado al teatro, la novela gráfica, la poesía y la literatura infantil. Pidieron un crédito, reformaron los dos locales y cuatro meses después llegó la pandemia. En 2021, la Confederación Española de Gremios y Asociaciones de Libreros (CEGAL) les concedió el Premio Librería Cultural 2021 por la calidad de su proyecto y su labor de dinamización del barrio.
El pasado miércoles, 15 años después de abrir sus puertas, Alfonso Tordesillas y Gonzalo Queipo, actuales socios de la librería, anunciaban en redes sociales que echan el cierre, que el proyecto se acaba. ¿La razón? La gentrificación de un barrio, Malasaña, vendido a la especulación inmobiliaria y a las franquicias. “Esto no es algo puntual que solo nos afecte a nosotros y no es solo la gentrificación, sino el puto capitalismo. El capitalismo puro y duro que hemos firmado todos y que compramos todos”, dice Tordesillas. Junto a él, Gonzalo Queipo, que asiente en una conversación con este diario minutos antes de abrir al público la librería. Hace 15 días que tomaron la decisión de poner fin al proyecto. Gonzalo dice que anoche se lo contó a sus hijos: “Son pequeños y este sitio es como su casa, llegan aquí y se quitan los zapatos”.
“No ha sido algo inmediato, sino resultado de un proceso que viene de hace tiempo, ya la renovación en 2019 fue complicada y muy condicionada por muchas cosas, con dos locales, cada uno con sus defectos y sus virtudes”, explica Tordesillas.

Tipos Infames, este jueves por la mañana, después de conocerse la noticia de su cierre. / Alba Vigaray
El local de San Joaquín 3, el primero que abrieron, pertenece a una sociedad empresarial catalana. El del número 6, a una pareja de profesionales liberales. Explica Tordesillas que en los últimos tiempos “hubo movimientos extraños: nosotros queríamos hacer reformas en el local grande de San Joaquin 3, y parecía que estaba todo más o menos acorde con la propiedad, pero luego no ha sido así. A eso se ha sumado que cada vez es más complicado ser fieles a nosotros mismos y sobrevivir, es decir, poder mantener la filosofía del negocio, mantener una selección de libros acorde a tu filosofía de literatura o filosofía de trabajo”.
Cuando abrieron, comenzaron siendo tres en plantilla, han sido siete en algunos momentos y ahora son cuatro empleados. Explican ambos socios que desde 2010 hasta hoy, el precio del alquiler del local de San Joaquín 3 se ha incrementado en más de un 50%, sin contar el IPC, y el del local de enfrente, en un 25 o 30% desde que abrieran en 2019. Además, de tener “unos caseros desbocados con los alquileres”, ambos explican que han sufrido un descenso en las ventas, sobre todo en los dos últimos años.
¿No pueden mantener un solo local y cerrar el otro? “Claro, esa era un poco la idea, hacer una reforma en la planta de abajo del local grande, pero el coste es tan elevado que nos resulta inviable. No podemos amortizar en tres o cuatro años una inversión de 50.000 euros, algo que ya hicimos en el otro local y aquí, cuando llegamos, pero ahora mismo es inviable”, contestan ambos.
¿Sería viable buscar otro local y trasladar el negocio a otro sitio? “Tendría que ser con inversores externos. Ahora mismo estoy triste y me da pena —explica Alfonso—, pero no lo considero un drama. Montar una librería con tus mejores amigos en el lugar donde te has divertido, Malasaña, y vivir de ello ha sido un puto sueño, pero no se puede convertir en una pesadilla. Vivimos un momento en el que tienes que luchar tanto… y no es que antes no fuera así, pero ahora es una pelea constante. Si nosotros tuviéramos el local en propiedad y estuviéramos pagando una hipoteca la situación sería distinta”.
Descenso en las ventas
¿A qué atribuyen el descenso en las ventas? “Es verdad que hay mucha gente que pregunta si tenemos literatura en inglés y llega un momento en el que tienes que ser muy fiel a tu selección para mantenerte en el mercado. No es que decidas no vender a Muñoz Molina, sino que tienes que dejar de vender a Muñoz Molina para vender un libro de Dan Brown en inglés. Ahora, por ejemplo, entran preguntándonos si tenemos mapas o si vendemos capuchinos, ya no es solo un café con leche”, explica Tordesillas. “El barrio ha cambiado mucho, hay mucho turista, y eso está bien porque nosotros también hemos tenido mucho turista latinoamericano que venía ex profeso a Tipos Infames a comprar libros, pero amigos y clientes que vivían en el barrio se han ido, y al final el paisaje humano y a pie de calle ha cambiado mucho”, añade Gonzalo Queipo.

El interior de Tipos Infames. / Alba Vigaray
No saben si harán una fiesta de despedida ni a qué se dedicarán en el futuro. De momento, lo que más les preocupa es liquidar el negocio en buenas condiciones “y que los trabajadores cobren, eso es lo fundamental, luego ya veremos qué hacemos”, explican ambos. “No sabemos qué pasará, pero ahora mismo esta etapa se cierra. Lo peor hubiera sido que esto que montamos tres amigos terminara mal y esta entrevista la estuviéramos haciendo Alfonso y yo, cada uno en un extremo de la librería. Yo me quedo con toda la gente que hemos conocido y con que mis hijos consideren a mi amigo como su tío, como parte de su familia, después de todo el desgaste de estos 15 años en los que ha sido muy difícil gestionar el día a día. Cuando firmamos el negocio, tu santa madre (a Alfonso) nos dijo: que os vaya mal, pero sigáis siendo buenos amigos”.
No tienen fecha exacta de cierre, pero avanzan que será a mediados de febrero. ¿Qué tendría que pasar para que Tipos Infames no cerrará? “No lo sé, la decisión está tomada y no tenemos un plan B. Es un local que no es nuestro y no lo va a ser nunca. Este ha sido el trabajo de nuestras vidas y ya veremos qué pasa. No sabemos si abriremos otra librería o montaremos un dúo cómico”, dice Gonzalo. “Ojalá seguir ligados al mundo del libro, pero no sabemos, estamos abiertos a propuestas”, concluye Alfonso.
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