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Entrevista | Erica Sosa Psicóloga

Erica Sosa: «La ansiedad asusta, pero se puede aprender a manejar»

Erica Sosa (Las Palmas, 1988), especializada en terapia integradora de ansiedad, TCA y en terapia de sistema de familias interno (IFS), presenta hoy en Arucas su primer libro ‘No es un león, es ansiedad’

Erica Sosa

Erica Sosa / La Provincia

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Elizabeth López Caballero

Elizabeth López Caballero

Acaba de publicar No es un león, es ansiedad (Bruguera, 2026), su primer libro. ¿Cuándo decidió contar su experiencia con la ansiedad a través de la literatura?

Desde siempre, incluso antes de ser psicóloga sentía la necesidad de trasladar de alguna manera algo de claridad y empatía a las personas más cercanas. Cuando comienzo mi andadura en psicología clínica esa inquietud se intensifica, porque no solo es «mi experiencia», entiendo que cada persona es única y lo que me sirvió a mí no tiene por qué sentarte bien a ti. Sino la base sólida y científica que aportan los años de estudio y trabajo terapéutico. Mucha gente llega a consulta con la idea de que, como decimos comúnmente, se está volviendo loca.

Y nada más lejos de la realidad…

Exacto. Nada más lejos de la realidad, como suelo decir: «Te estás volviendo humana». Con todo esto, sentí que era el momento de poner en palabras lo que llevo años explicando en el espacio terapéutico, la ansiedad asusta muchísimo, pero tiene su lógica y aunque parezca misión imposible, se puede (con acompañamiento, recursos, contexto apropiado y mucho mimo) aprender a manejar.

Ha dicho en más de una ocasión: «He escrito el libro que me hubiese gustado leer cuando más perdida estaba». Sin desvelarnos mucho, ¿qué se van a encontrar los lectores?

Quería escribir un libro que, de alguna manera, rebajara el nivel de susto y subiera el volumen a la claridad mental. El conocimiento es poder y este, como en otros muchos casos, me parece indispensable. Si nos paramos a pensar, es algo injusto habitar cada día en nuestro propio cuerpo y todo lo que en él sucede sin entender por qué reacciona como lo hace. Encontrarán un libro para acompañar y entender, no para exigir ni garantizar promesas vacías de «este libro va a arreglarte». Además, no creo que ser humano y sentir ansiedad signifique que haya algo roto que deba ser arreglado, sino acompañado y entendido para poder integrarlo.

Es especialista en terapia de sistema de familias interno (IFS), ¿en qué consiste?

De manera muy resumida, IFS es un enfoque basado en evidencia que entiende que dentro de nosotros existe todo un sistema de diferentes partes. Por ejemplo, una parte que se siente triste, otra que quiere hacer una cosa y que lucha con otra que quiere todo lo contrario, partes que evitan, que quieren hacer todo perfecto. Siempre pongo el ejemplo de la película Del Revés de Pixar, aunque en la película no se habla de partes sino de emociones, se puede ver gráficamente la complejidad y lo genuino de cada una de ellas y las dinámicas que mantienen. La premisa es que todas estas partes comparten un objetivo común: protegernos y evitarnos el sufrimiento.

ERICA SOSA «NO ES UN LEÓN, ES ANSIEDAD»  Bruguera | 18,95 € | 256 págs

ERICA SOSA «NO ES UN LEÓN, ES ANSIEDAD» Bruguera | 18,95 € | 256 págs / La Provincia

¿Qué es el «Self» del que habla en su texto?

El Self desde esta perspectiva es como «tu centro», tú en estado puro, podemos llamarlo alma, corazón, de muchas maneras. Es aquel lugar que tiene la capacidad de mirar con calma, curiosidad, compasión, humor, ternura. No quiere decir que tengas que estar en modo zen todo el rato, es esa presencia interna que dice: «Ok, estoy sintiendo esto, pero puedo sostenerlo».

La primera vez que sintió ansiedad fue con nueve años, en el colegio. ¿Qué pautas le daría a un docente sobre cómo acompañar al alumnado que sufre ansiedad en el aula?

Acompañar con empatía, paciencia y seguridad. Nombrar sin alarmar, por ejemplo: «¿Qué sientes? Ok, parece que estás nerviosa, es algo muy incómodo, pero es normal, estás a salvo y estoy aquí para ayudarte». Esto es muy importante, la niña o el niño está perdido y no entiende nada, así que necesita un anclaje estable para recuperar la calma de a poquito. Una vez tenemos esta primera parte sostenida, lo siguiente sería guiar para regular el cuerpo antes que razonar, respirar lento, rebajar estímulos, permitir un poquito de espacio. Lo que «No hay que hacer» es no ridiculizar, ni minimizar el malestar del pequeño, ni juzgarlo o quitarle importancia. A veces pensamos que así rebajamos la tensión, pero puede suponer el efecto totalmente contrario.

¿Cree que nos faltan planes de educación psicoemocional en los centros educativos?

Sí. Y no creo que sea falta de intención o de ganas por parte de los docentes, sino del sistema. Priorizamos, por ejemplo, la trigonometría, pero dejamos de lado el conocimiento primario de entendernos a nosotros mismos, reconocer las señales de nuestro cuerpo, regular nuestro sistema nervioso, tolerar la frustración o pedir ayuda. La educación emocional sería en realidad un acto de cuidado y prevención de cara al futuro.

España es el país en el que más ansiolíticos y antidepresivos se recetan. ¿Considera que estamos sobremedicados?

Voy a atreverme a plantear otra perspectiva: ¿sobremedicados o poco acompañados? La medicación puede ser y es una ayuda muy valiosa como acompañamiento a un proceso psicológico y social más profundo, pero por falta de recursos parece que la medicación es la única respuesta.

Después del covid empezamos a hablar más de la importancia de la salud mental, pero parece que todo quedó en agua de borrajas, la lista de espera para salud mental en la sanidad pública sigue siendo de varios meses…

Así es, y genera una paradoja muy dura: más conciencia, pero acceso que no llega. Esto genera desesperanza, ambivalencia con tanto mensaje contradictorio. La salud mental no puede o no debe ser un eslogan, tiene que ser una estructura. A veces parece que se está convirtiendo en una moneda de cambio para la política o un recurso de marketing para tantas marcas y empresas de todo tipo.

¿Hemos pasado de no hablar de salud mental a patologizar lo cotidiano?

¿Patologizamos lo cotidiano (que también) o lo cotidiano se está volviendo caldo de cultivo para patologizarnos? Más allá de esta reflexión que lanzo, poner nombre a lo que nos sucede ayuda a calmar, reducir culpa y aumentar la esperanza, pero, si lo convertimos absolutamente todo en un trastorno perdemos algo muy importante, nuestra humanidad como seres maravillosamente complejos y sintientes. El duelo, la ansiedad puntual o el cansancio también forman parte de este precioso y caótico camino llamado vida.

¿Y qué podemos hacer al respecto?

Escuchar y escucharnos más a nosotros mismos, y de manera muy resumida, dejar de pedirle a la gente que aguante, y empezar a acompañar mejor. Facilitar la educación emocional, el acceso a terapia y a los recursos de apoyo, así como más cuidado del bueno, del real.

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