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Esta tierra es muy agradecida

Esta tierra es muy agradecida

Esta tierra es muy agradecida / José Carlos Guerra

Luis Rivero

Tras unos meses de generosas lluvias que han hecho correr los barrancos en todas las islas llenando gavias, embalses y maretas, seguramente el lector habrá tenido ocasión de escuchar expresiones como esta («¡Qué tierra más agradecida!») que se exclaman al contemplar con admiración los campos y montañas cubiertos de un manto verde. Y es que en las islas siempre se ha dicho que «esta tierra es muy agradecida» y basta que caigan cuatro gotas para que todo reverdezca. El espectáculo que ofrecen las montañas y barrancos en toda la geografía insular (incluso en aquellas islas que acusan más la falta de lluvias) llena de regocijo al isleño, como si sintiera más suya la naturaleza que lo circunda (de hecho, podemos escuchar en medio de un diálogo frases como esta: «¡Qué tierra más agradecida ‘tenemos’!» donde el verbo «tener» implica ‘posesión’, ‘pertenencia’, como si la isla nos perteneciera a todos). Pero, sin quererlo, la expresión tiene mucho de «primitivismo animista» que acaso se cuela en el lenguaje por debajo del nivel de consciencia para alojarse en estratos subliminales de aquel. El animismo se refleja en el hecho de considerar la «tierra», «la isla» como referente identitario primordial del canario, que con frecuencia asume el rol simbólico de matriz y madre protectora, como un ser animado más, como ente dotado de un «alma», la «personificación» de un elemento con identidad propia. [El «animismo» es la creencia que atribuye un «ánima» a todo «ser vivo» por el mero hecho de existir; y así están dotados de ánima/alma tanto hombres como animales y plantas por efecto de tener que experimentar el haber nacido, crecido, conocido la enfermedad y la muerte. En tal condición se incluyen también los seres supuestamente «inanimados» como puedan ser el mar, las montañas o los bosques]. De tal modo que la entera naturaleza (tierra, plantas y animales) es en sí misma un ser animado. Esto hace que la ‘tierra’, como entidad animada, sea capaz de padecer penurias, como la sequedad o, por el contrario, pueda gozar de la abundancia del agua que cae del cielo para quedar «preñada» como señal o tributo de agradecimiento. Capacidad de ‘agradecer’ que en el imaginario popular hacen que se comporte como si fuera una persona.

La lluvia, elemento no mencionado expresamente, aunque implícito en la expresión comentada, es un símbolo universal de fertilidad que casa con la idea del simbolismo nupcial entre el cielo y la tierra; réplica macrocósmica de la unión sexual en la que el cielo es elemento masculino, la lluvia que cae del cielo para inseminar (del latín Insemināre ‘sembrar’, ‘fecundar’) es el ‘semen/semilla’ y la tierra (elemento femenino), fértil y acogedora que así queda fecundada. Agradeciendo el don del agua recibida con el gesto de hacer germinar las semillas depositadas en sus entrañas. El agradecimiento («esta tierra es agradecida») se expresa a través de la generosidad, en la gracia de compartir, por poco que sea (un chispi-chispi o un garujejo), de corresponder, porque, como dice el refrán, «es de bien nacidos el ser agradecidos». Y a propósito de la alfombra de colores que cubre barrancos, laderas, lomas y montañas de las islas, a modo de explicación viene a colación el refrán que dice: «Agua y sol, tiempo creador» que quiere decir que cuando se alterna la lluvia con el sol, es propicio para que crezcan tanto la flora silvestre como los sembrados y, por tanto, es bueno para la agricultura.

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