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De fiesta entre amigos a fenómeno viral: el origen secreto del ‘Ni borracho’ de Quevedo

El artista grancanario revela en el making-off cómo nació una canción que aspira a marcar época en los carnavales y a consolidar a las Islas como potencia de la música urbana

Quevedo avanza su nuevo tema, 'Ni borracho'

@quevedo.pd

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Diego R. Moreno

Diego R. Moreno

Las Palmas de Gran Canaria

Hay canciones que se escuchan y otras que se sienten en el pecho. ‘Ni borracho’, el nuevo single de Quevedo, pertenece sin duda a la segunda categoría. No es solo un lanzamiento dentro de la escena urbana. Es una declaración de amor a Canarias, un gesto consciente hacia la tierra y una frase que ya empieza a repetirse como consigna colectiva: “Yo ya estuve por to’a España y no me mudo ni borracho”.

La gestación del proyecto fue casi artesanal. Durante diez días se encerraron en una casa para componer sin presión externa. Sin pensar en cifras ni en algoritmos. Solo música, convivencia y ganas de pasarlo bien. “Fue de las mejores sesiones que he tenido en mi vida. Fácil. Porque fue pura diversión. Fue hacer un tema como si fuese un juego”, cuentan en el documental. Esa ligereza creativa se nota en el resultado: la canción fluye con naturalidad, sin imposturas ni fórmulas prefabricadas.

Pero detrás de esa diversión hay una reflexión profunda. En el making-of se escucha una frase que resume el contexto generacional: “Cuando nosotros dejamos de ser pibes fue cuando se abrió internet y se abrió lo de fuera. Entonces la gente quería la cultura de fuera y se fue perdiendo la nuestra. Y ahora es como una revisión de nuestra cultura”. Esa revisión es el alma de ‘Ni borracho’. No es nostalgia, es actualización. Es entender que lo local no es lo contrario de lo global, sino su complemento.

La gestación del proyecto fue casi artesanal. Durante diez días se encerraron en una casa para componer sin presión externa. Sin pensar en cifras ni en algoritmos. Solo música, convivencia y ganas de pasarlo bien. “Fue de las mejores sesiones que he tenido en mi vida. Fácil. Porque fue pura diversión. Fue hacer un tema como si fuese un juego”, cuentan en el documental. Esa ligereza creativa se nota en el resultado: la canción fluye con naturalidad, sin imposturas ni fórmulas prefabricadas.

Diez días encerrados que cambiaron el rumbo

Pero detrás de esa diversión hay una reflexión profunda. En el making-of se escucha una frase que resume el contexto generacional: “Cuando nosotros dejamos de ser pibes fue cuando se abrió internet y se abrió lo de fuera. Entonces la gente quería la cultura de fuera y se fue perdiendo la nuestra. Y ahora es como una revisión de nuestra cultura”. Esa revisión es el alma de ‘Ni borracho’. No es nostalgia, es actualización. Es entender que lo local no es lo contrario de lo global, sino su complemento.

De hecho, el equipo lo verbaliza con claridad: “Los autóctonos estamos volviendo a abrigar aquí en la isla. Está poniéndose mainstream otra vez, por así decirlo. Como el mainstream es como estamos acostumbrados a que sea el reguetón… también podemos demostrar que la música de aquí de las Islas Hermanas, si la tira un exponente, crece igual de rápido y crece al mismo volumen”. La ambición no es pequeña: competir en el panorama urbano nacional e internacional sin renunciar a la raíz.

600 personas y un rodaje que fue “rock and roll”

Y esa raíz está en cada verso. La canción dibuja un mapa sentimental del Archipiélago al enumerar municipios y rincones reconocibles: Agaete, Los Llanos, Corralejo, Teguise, Valverde, Vallehermoso, Tacoronte, La Graciosa, Agüimes, Candelaria, Hermigua, Tazacorte, Frontera, Cotillo o Arrecife. En medio, una frase que lo sintetiza todo: “Ocho sobre el mismo mar”. No hay una isla protagonista. Hay unidad cultural. Hay conciencia compartida.

Dos aficionados al CD Tenerife y la UD Las Palmas se besan en el nuevo videoclip de Quevedo

Dos aficionados al CD Tenerife y la UD Las Palmas se besan en el nuevo videoclip de Quevedo / Instagram

También hay un puente generacional cuando aparecen referencias a grupos históricos como Los Gofiones y Los Sabandeños. La música popular tradicional convive con la urbana sin fricciones. Es el mismo hilo cultural, contado con otro ritmo.

Un himno pensado para el Carnaval

El carnaval inevitablemente ocupa un lugar central. El estribillo está construido para corearse en mogollones y cabalgatas. En el making-of no lo ocultan: “Yo creo que desde el principio lo sentí un himno. Porque esa música sí que se siente de aquí. Y cuando eso suene en carnavales, creo que va a ser un Celia Cruz de toda la vida”. La comparación no es casual. Habla de esas canciones que pasan de estreno a tradición, que suenan año tras año y terminan formando parte del repertorio popular.

El rodaje del videoclip refuerza esa dimensión colectiva. “Tenemos unas 600 personas de figuración”, explican. Esa cifra convirtió la grabación en algo más cercano a una fiesta que a un simple set audiovisual. El ambiente era de celebración compartida. “Este tema va a ser el himno de la cabalgata, señores, 100%. Lo estamos pasando muy bien y alegre, para que el resto de la gente también disfrute con nosotros”, se escucha entre bastidores.

La carroza fue uno de los grandes desafíos. “Coordinar todo esto desde el arte, los permisos para que circule y que esté en tiempo y forma para la fecha ha sido uno de los mayores retos de este proyecto”, reconocen. No era solo una cuestión estética. Era logística, organización y precisión. Pero también ilusión. Porque lo que se estaba construyendo no era un decorado, era una representación de la fiesta que muchos han vivido desde pequeños.

Canarias ya no es periferia

En medio del rodaje, el propio Quevedo comparte su estado emocional: “En este momento me siento muy bien, la verdad, muy tranquilo. Un piquito estresado, pero como siempre que empiezan a salir proyectos… estoy muy contento, muy relajado, con muchas ganas de seguir trabajando”. Esa tranquilidad contrasta con la magnitud del proyecto. Pero quizá explica por qué transmite tanta autenticidad.

Otro de los mensajes que atraviesa el making-of es la importancia del colectivo. “Creo que es muy importante en el mundo que estamos viviendo que funcionemos en colectivo”, reflexionan. No es una obra aislada, es un movimiento. Canarias dicen, está ahora mismo en el centro de la música urbana en España. Y lo está desde una identidad clara, no desde la copia.

Hay además una conciencia histórica en algunas declaraciones: “Este tema en concreto va a pasar a la historia por lo que representa. Y que estemos haciendo esto en Canarias es que tiene todo el sentido del mundo”. Esa convicción no habla solo de éxito comercial, sino de simbolismo cultural.

Porque ‘Ni borracho’ no reduce Canarias a fiesta, aunque celebra la fiesta con orgullo. En el making-of lo expresan con equilibrio: “Dentro de que obviamente los canarios no somos solo eso, no somos fiesta y alegría y tal, sí que tenemos una parte muy grande de celebración y una manera muy única de festejar”. Esa manera única es la que la canción captura: verbenas, romerías, guaguas llenas de madrugada, madres advirtiendo antes de salir y amigos discutiendo qué isla es mejor.

“No me mudo ni borracho”: una declaración generacional

Al final, todo converge en una misma idea: se puede viajar, crecer y conocer mundo, pero hay un vínculo que no se rompe. Por eso el estribillo no suena a exageración. Suena a verdad compartida.

‘Ni borracho’ no es solo un single nuevo en la carrera de Quevedo. Es un gesto cultural. Una revisión consciente de la identidad canaria en clave urbana. Un proyecto que nació como juego y terminó convirtiéndose en declaración colectiva.

Y si el Carnaval 2026 necesitaba una banda sonora que uniera a las ocho islas bajo el mismo mar, puede que ya esté escrita. Porque cuando una canción se siente como propia antes incluso de salir, es que algo importante está pasando.

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