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Literatura

Lana Corujo: «Escribir es como meterse en un cuarto sin luz»

La autora de 'Han cantado bingo' se reúne con estudiantes del IES Doramas de Moya, en el marco del programa 'Encuentro con Autora', para profundizar en su novela a partir de preguntas de los jóvenes de primero de Bachillerato

Charla de la escritora Lana Corujo en el IES Doramas

LP/DLP

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Martina Andrés

Martina Andrés

Moya

Todo empieza con un juego: el bingo con ilustraciones y no dejar de hacer preguntas. Así fue la mañana de los estudiantes de primero de Bachillerato del IES Doramas de Moya con la escritora e ilustradora lanzaroteña Lana Corujo, que volando a las siete de la mañana desde su isla, llegó lista para responder a todas las inquietudes que le plantearon los chiquillos y chiquillas que traían bien leída y releída su novela, Han cantado bingo.

Con un juego también arranca esta obra de ojos de volcán y dos hermanas a las que los adultos de su mundo dejan desatendidas, ambas parte de «una familia con un don que se hereda y se sufre» y en la que se esconde una «historia agreste como el rofe grueso de Lanzarote», tal y como narra la sinopsis del libro.

Tras la introducción de José Miguel Perera, profesor y escritor a cargo del programa Encuentro con Autora que busca fomentar la lectura en el centro educativo, las preguntas no tardaron en hacerse oír. «¿Piensas que la infancia no es tan bonita como dicen?», «¿El libro te cambió?», «¿Cómo definirías la herencia que dejamos a los que amamos?». Para todas ellas la escritora tenía respuesta. Sin apenas pausa, se dejó arrastrar con facilidad por la curiosidad imperiosa de los alumnos y alumnas, sumergiéndose poco a poco en el proceso de escritura de la novela, en sus pliegues de saltos temporales.

Así, los estudiantes descubrieron las partes de la vida de la autora que han influido en su literatura. Como cuando se dio cuenta que sus padres no siempre habían sido tal cosa: «La película favorita de mi padre era El rey león. Pensaba que era porque él, como padre, no quería perdernos a nosotras. Pero luego me di cuenta de que él perdió a su padre con seis años y todo tomó otro significado. Me removió. Antes de mí y de mi hermana, habían pasado muchas cosas», relató Corujo, defendiendo esa «mirada amable a la familia» y poniendo el foco en uno de esos hallazgos de su biografía que han condicionado su obra.

También hizo referencia la ilustradora esos anhelos que se apoderaron de ella con 18 años, cuando soñaba con dejar su isla para ir a Madrid y ser una persona nueva, conocer a gente, perderse en sus calles, algo que hizo durante 9 años. Su situación actual le hace de contraste: aunque se volvió muy triste a Lanzarote cuando empezó la pandemia, ahora se dedica a lo que quiere desde su lugar de origen, en ese trozo de tierra volcánica del que un día huyó, cerca de los suyos. Y todo este periplo también fue parte del caldo de cultivo que ayudó a que se cocinara Han cantado bingo.

También la ayudaron los pósits de colores, hacer una línea temporal o parar toda su agenda en verano para encerrarse en la biblioteca mientras sus amigos se iban de verbena. «Escribir es como meterse en un cuarto donde no hay luz», expresó a los jóvenes del IES Doramas, a los que también ofreció la perspectiva de no ver la hoja en blanco con susto, sino como un lugar en el que caben posibilidades infinitas.

«Relaciones humanas»

«¿Qué temática dirías que te interesa siempre?» «Las relaciones humanas», respondió Corujo, que sitúa en su escritura «la complejidad emocional en el centro». También habló de las infancias y adolescencias como «los pilares de nuestras vidas», y explicó a los estudiantes como hubo una época en la que las novelas de crecimiento «iban hacia el empequeñecimiento del personaje», pero que a ella le «interesaba más la expansión», como los brotes verdes llenan una tierra que a priori parece yerma y a la que de repente le salen ojos. «Como una montaña, que tiene una parte en sol y otra en sombra, coexisten al mismo tiempo. Y esa es la vida», sentenció.

Sin querer aleccionar a nadie, la escritora ofreció enseñanzas de literatura y también vitales, porque los libros, como la propia existencia, no son líneas rectas, son caminos de ida y vuelta que se siguen sin saber muy bien a dónde van a llevar.

Entre sus miedos, la autora se refirió a esa tendencia de encasillar a todas las autoras canarias jóvenes en el mismo «boom», cuando cada una -aunque comparten rasgos comunes- tiene su propia voz y su manera de aproximarse a la realidad a través de las palabras. Agradeciendo a Andrea Abreu la senda que abrió hace ya más de un lustro con su novela llena de canarismos y oralidad, hizo una reflexión a raíz de otras de las preguntas de los estudiantes: «Me siento más cercana a Mararía que a Panza de burro». «Cada una tiene su visión insular, hay muchas formas de canariedad», reivindicó.

«¿Estás trabajando en un nuevo proyecto literario?». El encuentro ya se acercaba a su fin. Corujo confesó que todavía no, aunque su editorial ya la ha tanteado de cara a una segunda novela. La autora quiere ir tranquila con los tiempos, que lo próximo que haga sea algo que la represente y le apetezca, y disfrutar, todavía, de la cosecha que sembró con Han cantado bingo, encuentros como este que empiezan como un juego y terminan dejando el corazón calentito como el interior de un volcán.

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