Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Entrevista | Carles Sans Actor y director de teatro

Carles Sans, actor y director de teatro: «La gente antes se reía de unas cosas que ahora escandalizan a algunos»

El integrante de Tricicle aterriza en el Archipiélago con su espectáculo de humor 'Por fin me voy' los días 11, 12 y 13 de marzo

El actor y director de teatro, Carles Sans.

El actor y director de teatro, Carles Sans. / LP/DLP

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google
Martina Andrés

Martina Andrés

Las Palmas de Gran Canaria

Carles Sans nunca ha estado en El Hierro. Le han comentado que es «una isla bonita» y tiene ganas de ver cómo se recibirá su espectáculo, Por fin me voy, en esta tierra de alrededor de 11.000 habitantes el próximo viernes 13 de marzo en el Auditorio de La Peña. Pero primero, el que fuera integrante de Tricicle, pasará el 11 de marzo por el Teatro Leal de Tenerife y el 12 de marzo por Infecar en Las Palmas de Gran Canaria.

El espectáculo con el que aterriza en Tenerife, Gran Canaria y El Hierro, además de otros lugares de España, se llama Por fin me voy. ¿De dónde le salen esas ganas de irse?

Cuando nos retiramos con Tricicle, hace ya cuatro años y pico, en principio no había ninguna idea de que yo hiciera un proyecto en solitario, pero, la verdad, es que me planteé si realmente yo quería dejar este trabajo que tanto me gusta, que tanto me apasiona. Me di cuenta de que no. De ahí surgió la idea de Por fin solo, el espectáculo que he terminado hace poco, que ha sido un tres veces en Madrid, tres veces en Barcelona... Ha habido más de, no sé, ciento y pico mil espectadores. Eso me dio un empujón para decidir que tal vez no sería mala idea continuar y hacer un Por fin me voy. Al final, si este nuevo espectáculo dura tres años o cuatro, ya quizá toca disfrutar del retiro. Al menos en lo que se refiere a pisar el escenario, no digo que deje de trabajar. Es probable que dirija cosas de teatro.

Prefiere quedarse en la retaguardia.

Coger un tren como el que estoy cogiendo ahora para ir a Valencia y volver pasado mañana, me parece que es algo que dentro de tres o cuatro años no me va a apetecer tanto.

¿Qué sintió la primera vez que se subió solo a un escenario?

Fue un poco raro, porque imagínate, 43 años compartiendo escenario con mis colegas. De repente, te sientes solo en el escenario, teniendo que defender un texto de hora y media, algo que para mí hubiera sido impensable. Yo siempre que había visto a algunos actores trabajando solos en el escenario durante hora y media pensaba: 'Qué valor, yo no sería capaz'. Y ha sido todo un aprendizaje, ver que nunca puedes decir: 'No, yo nunca haré esto'. Ha sido como un segundo capítulo, una nueva cara de mi vida profesional.

Cuando empezó esta carrera en solitario, vio que sería un error intentar repetir lo que ya había hecho y que ahora le tocaba hablar. ¿Qué es lo que más disfruta de trabajar con un texto?

El texto te permite hacer muchos matices, muchos giros, muchas intenciones, que el gesto muchas veces no. Con el gesto uno tiene que ser mucho más preciso, porque cuando utilizas la palabra, si quieres que te comprendan, tienes que ser muy preciso en el gesto que lanzas, para que el público entienda perfectamente la intención de lo que estás diciendo. Sin embargo, cuando utilizas la palabra, hay muchos matices que se pueden usar, pausas... El texto también lo disfruto muchísimo, muchísimo.

¿Tiene algún truco a la hora de sentarse a estudiar?

La verdad es que me costó mucho, porque yo con Tricicle lo que tenía memorizado era toda una partitura gestual. El texto tienes que memorizarlo y, además, en esto del humor, hay que memorizarlo de una manera muy precisa. Para que una frase tenga el resultado cómico que tú pretendes, solo se puede decir de una manera para que salga bien. No puedes decirla de una manera hoy y mañana de otra, porque solo existe una que es la que realmente hace reír al público. El día que la haces de otra manera, ya ves que no funciona.

Ha mencionado la partitura gestual para memorizar los gestos. ¿Es como aprender a tocar un instrumento? Que hay que repetir tantas veces algo que al final ya no es tanto acordarse, sino que es más memoria motora.

Absolutamente. Igual que el texto. Cuando ya lo tienes absolutamente integrado, entonces es cuando empiezas a disfrutar. Porque en las primeras funciones de un espectáculo, el texto todavía lo tienes como inseguro y tú estás inseguro. No lo disfrutas, más bien lo sufres. Estás sufriendo por que todo vaya surgiendo, que la memoria no te falle. Luego, cuando realmente lo tienes, es cuando empiezas a disfrutar. Ahora, al llegar a Cararias, ya está todo bien comprobado. Te puedo asegurar que el público no para de reír en toda la hora y media del texto, del espectáculo. El público, además, tiene momentos en los que se siente muy identificado con lo que cuento, y todo esto crea mucha empatía.

En estas primeras funciones en las que se sufre, habrá una especie de dualidad en su cabeza, la que está proyectada al público haciendo el texto e interpretando y otra dentro que piensa: 'esto ha salido bien, esto no, esto funciona, cuidado aquí'.

Sí, claro. De hecho, nunca dejas de tener ese doble pensamiento, porque tú cuando estás haciendo humor tienes dos preocupaciones. Una, decir las cosas como tienes que decirlas, y otra es ver si realmente está funcionando o si el público reacciona de una manera o de otra. Porque el público es distinto cada día. A veces hay audiencias que son mucho más entregadas y mucho más comunicativas y mucho más risueñas, y luego, te encuentras a veces auditorios que te cuestan mucho más, y tú mismo tienes que, al tiempo que estás interpretando, estar luchando y picando piedra para que realmente el público esté al nivel que tú pretendes.

Y usted que ha estado en tantas partes del mundo, ¿cuál diría que es el público más difícil?

Quizá Galicia, el norte. Pero, en cambio, el público mediterráneo, el levante, es un público mucho más abierto.

Cuando termine con Por fin me voy, ¿qué cree que es lo que más vas a echar en falta?

Ya veremos, no lo sé. Precisamente, el espectáculo va en torno a esto. Ironizo muchísimo en torno a todo aquello que me dicen que uno tiene que hacer cuando llega ese momento, todas las cosas que supuestamente dicen que uno tiene que hacer a partir del momento en el que dejas de trabajar. Las voy desgranando una por una y me lo voy cargando todo. Voy como desmitificando todas esas cosas que dicen. Entonces es muy divertido. Hay una primera parte en la que precisamente me dedico a esto y, luego, hay una segunda parte en la que ya hablo de cosas más personales, donde la gente se siente muy identificada. Cosas mías, muy de la vida cotidiana, de lo que significa dormir con mi mujer, en fin, todas esas cosas que son muy del agrado de todo el mundo, porque a todo el mundo, un poco más que menos, le pasa.

De sus compañeros de Tricicle, ¿qué es lo que más echa de menos?

Al principio les echaba más de menos antes de empezar, porque nosotros teníamos la particularidad de que compartíamos el mismo camerino, fuera grande o pequeño. Ahí utilizábamos este tiempo antes del espectáculo para charlar y contarnos nuestras cosas. En los primeros tiempos, la soledad del camerino era un poco extraña, pero bueno, ya me acostumbré.

¿Diría que desde que empezó hasta ahora han ido evolucionando las cosas que hacen reír a la gente?

Sí. La gente antes se reía de unas cosas que ahora escandalizan a algunos. O a muchos. O a todos. Sí, ha cambiado. La moral, en este sentido, se ha modificado. Vemos cosas que no veíamos antes. Entonces te podías reír de un color de la piel de alguien. Ahora ya no. Yo siempre soy partidario de decir que uno puede reírse de muchas cosas, pero que se entienda que es humor y que detrás de esa risa no haya ninguna mala intención. Esto es muy difícil, porque hoy en día cualquier cosa despierta susceptibilidades. Los humoristas tenemos que andar con muchísimo cuidado de cómo y qué decir.

¿Por qué cree que se nos ha quedado la piel tan fina?

Porque hemos evolucionado, seguramente. Hemos evolucionado y nos hemos dado cuenta de que a veces reírse de según quién, o de según qué, a lo mejor no tiene tanta gracia, porque detrás de eso hay gente que sufre y hay gente que lo padece. Entonces es una manera de empatizar, quizá, un poquito más con ciertos colectivos que hasta hoy eran objeto de risa.

En sus comienzos en Barcelona, cuenta que había mucha influencia del teatro europeo y que se dio un momento único que no se ha vuelto a repetir en el teatro español. ¿Por qué tiene pinta de que no va a volver a repetirse?

Los tiempos cambian. Teníamos una dictadura de muchos años donde no había habido una libertad para poder expresarse artísticamente e intelectualmente. Entonces, había unas ganas, una efervescencia y una necesidad de hacer cosas y de expresarse. Ahora los tiempos han cambiado, nos hemos aburguesado más y, por tanto, esa floración de tantísimas compañías, no se da. Aun así, continúa habiendo gente que hace cosas, que crea, que propone. Pero aquel momento fue único, fue un momento en el que tantísimas compañías de prestigio, muchas nacidas en Cataluña, llevábamos un teatro distinto a toda España, un teatro nuevo.

Tracking Pixel Contents