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Análisis

De campesina a ‘Kelly’

El indigenismo de Felo Monzón llevó al lienzo a las mujeres semiesclavas del agro canario y el equipo artístico PSJM crea a las nietas bajo el paraguas de la gran mutación turística

Felo Monzón, 1954, ‘Tres campesinas canarias’, óleo sobre tela. |

Felo Monzón, 1954, ‘Tres campesinas canarias’, óleo sobre tela. | / La Provincia

Javier Durán

Javier Durán

La biología apaga poco a poco a esa generación de mujeres canarias nacidas con la guerra (1936-1939). Con su desaparición se marchan los clarividentes testimonios sobre un largo ciclo de explotación económica y de nulidad social, auspiciado principalmente por el trabajo en el sector agrícola. Mujeres de rostro seco como las de Tres campesinas canarias (1954), el lienzo de Felo Monzón que la Fundación CajaCanarias ha llevado a ARCO. Sus crónicas de las penas pasadas con labores de sol a sol, en zafras mal pagadas, constituyen un relato de semiesclavitud para el enriquecimiento de otros. Quizás la etapa más negra del Archipiélago en lo que se refiere a su incapacidad de estructurar un progreso social eficaz y equitativo.

Ningún homenaje o jarana institucional va a resarcirlas de la injusticia. Mucho menos las pensiones miserables que se llevaron al bolsillo tras una larga pelea con la burocracia. Una precariedad que condicionó a las generaciones posteriores, que convirtió para sus hijos el hecho de asistir al instituto o a la universidad en una cuestión de lujo. Las barriadas y pueblos de las Islas están llenos de historias asombrosas de superación personal. «La pobreza, pues, tal y como la viví, no me enseñó el resentimiento, sino, antes bien, cierta fidelidad y una tenacidad muda», escribió Albert Camus.

En este 8M el indigenismo de Felo Monzón, casualmente o no, viaja a la feria de ARCO para aportar sobre la condición de la mujer canaria que él y los indigenistas vieron a su alrededor. Reflejan a la madre paridora, esposa abnegada y mantenedora, una especie de combo sostenido por una salud maltrecha y un deseo de protección de los suyos que siempre las lleva a priorizar la felicidad de los demás frente a la de ella.

Ningún investigador social firmaría que esta anomalía no haya sido una rémora, un añadido capital para el desajuste de la estructuración familiar, las relaciones afectivas padres e hijos, el abanico de dominaciones que van desde el abuso sexual a la violencia machista y vicaria, pasando por el drama del crimen. Las hijuelas de un poder extractivo en todos los ámbitos, sin dejar ninguno atrás, sufrido por tantas santas inocentes (por Delibes) e incorporado como un sedimento moral a la herencia de la vida. Y utilizando como arma el analfabetismo.

El modelo de las mujeres canarias como sacos sin fondo sobrevive en el tiempo. Ellas son las más perjudicadas en los desequilibrios en el reparto de la riqueza turística como empleadas en el sector terciario, pero también en las consecuencias que para sus vidas tiene la crisis habitacional. El malestar de los isleños por la falta de equidad del crecimiento económico afecta a todos, pero a ellas especialmente. Los hogares monomarentales (madres solas con hijos) están entre los más proclives en el Archipiélago de caer en la pobreza severa por la inestabilidad laboral, la subida de un alquiler o un imprevisto en forma de recibo.

PSJM, 2023, ‘Kelly I’, acrílico sobre lienzo.

PSJM, 2023, ‘Kelly I’, acrílico sobre lienzo. / La Provincia

De inmediato se dirá que ¡ojalá! las mujeres de Felo Monzón hubiesen tenido las mismas oportunidades que consiguen las féminas de ahora. Cierto, no hay comparación. Sin embargo, una desigualdad a la canaria parece haberse incrustado en el sector turístico, entre la gama de empleos que convergen en el seno del modelo de explotación. No son ni tienen las mismas condiciones de las aparceras o tomateras del siglo pasado, habitantes de cuarterías. Pero la insana obsesión por el beneficio, el desmedido enriquecimiento de unos pocos, una propiedad alejada y ajena al padecer de los trabajadores, un poder político conveniente y subyugado bajo los clarinetes del mercado... Y todo ello encuadrado en la crecida de los comportamientos machistas. Se mantienen por tanto unas constantes vitales en el ADN socieconómico.

No sabemos cuánto existe de esas madres silentes y sacrificadas en unas hijas y nietas que aceptan sus destinos sin pelear, ni tampoco cuánto hay de aquella semiesclavitud en las que ven el cambio como un camino al fracaso. La resignación. En 2024, los miembros de PSJM, Pablo San José y Cynthia Viera, realizaron la exposición/experimento Nuevo indigenismo. ADN, Inteligencia artificial y pintura de caballete. Consistía en recurrir a la composición genética isleña (análisis de Rosa Fregel) y con la aplicación de la IA obtener perfiles físicos (y artísticos) de los descendientes de aquellas campesinas de Felo Monzón.

El resultado son las miradas y rostros que conforman el paisaje humano de ciudades como Las Palmas de G. C. PSJM, que mostró la obra en la Casa-Museo Antonio Padrón, no quiso dejar pasar la oportunidad para abrir horizontes en el apartado del legado sociológico. De ahí que perturba ver esas fisonomías isleñas, compuestas por la estructura genética de los insulares, a las que ellos bautizan con los nombres de kelly, recepcionista, camarero y otras funcionalidades del sector turístico. Entre el cuadro del pintor de la Escuela Luján Pérez y el laboratorio de PSJM hay un hilo conductor: no perder de vista de dónde venimos.

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