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Junco: «Soy un pertinaz lector que, por alguna razón, escribe»

El poeta grancanario presenta su nuevo poemario, ‘Las cosas cómo son’, hoy, en la Biblioteca Insular, cuyo procreso creativo entraña más complejidad que sus anteriores trabajos

El poeta José Miguel Junco

El poeta José Miguel Junco

Daniel Arroyo

Faltan palabras para describir la trayectoria del escritor José Miguel Junco Ezquerra (Las Palmas de Gran Canaria 1951), quien, a sus 75 años, ha cosechado infinidad de versos y enfoques que trascienden. Pensó que ya todo lo había plasmado a través del lenguaje poético, pero su nueva obra, Las cosas cómo son, le recuerda que existen recodos en la literatura aún por explotar. El poemario, al cuidado editorial de Beatriz Giovanna Ramírez, de Editora BGR, se presenta esta tarde en la Biblioteca Insular, a las 18.30 horas.

Hace tres años, En el decir de una pupila abierta iba a ser su obra final. «Esa era mi convicción y así lo comenté en su momento. Entendía que lo principal de lo que intentaba plasmar poéticamente ya estaba planteado», relata el autor. Ese afán inherente necesitaba verbalizarse, darse a conocer. «Era más bien una ampliación del marco en el que se desarrolla el proceso creativo, lo que conlleva una puesta en práctica de recursos más complejos entre los que no es simple anécdota la asociación de ideas en apariencia aisladas con la imaginación como potenciadora de las posibilidades del poema».

La poesía de Junco no quiere dejar indiferente a nadie, no busca complacer ni ser un mero pasaje insustancial. «Cuando escribo y luego comparto intento que en el lector se produzca una conmoción. Que experimente una intensa emoción que dé paso a una reflexión que no procure una solución a un problema existencial, sino que propicie un reordenamiento interior. Crear presencias, como señala Roberto Juarroz, que acompañan ante el absurdo aparente de venir de la nada para volver a ella». El poeta lo define como un «sacudimiento» que invite a un proceso de maduración y reordenación en alguna medida.

Echando la vista atrás, la poesía ha enseñado a Junco «a ser persona, verbalizar mis fantasmas, reordenarme un poco, ampliar mi campo de visión, ahondar en la realidad... En mi faceta de escritor que lee. O, dicho de otro modo, soy un pertinaz lector que, por alguna razón, escribe», admite el poeta.

Una peculiaridad que resalta en el título de este último poemario es que afirma y cuestiona al mismo tiempo, lo que responde a una intención poética. «Encierra, al mismo tiempo, una afirmación y una duda existencial respecto a lo que nos rodea. Se tiene la impresión de que el proceso creativo transcurre a partir de lo que uno entiende por realidad en su sentido más profundo, menos aparente».

La duda es para Junco consustancial a la poesía. «Lo que afirma o niega está siempre matizado por la duda, por la conjetura, por el balbuceo», manifiesta el autor mientras alude al Nobel de literatura, Wislawa Szymborska. El título vacila entre lo asertivo y la duda, de manera que queda sujeto a la interpretación a varios niveles. «Señala, nombra, afirma y pregunta simultáneamente», apunta.

Las cosas cómo son demuestra la construcción de una identidad poética capaz de seguir retándose a sí misma. «Se va adquiriendo un estilo que nace de la reiteración y que se origina siempre en la lectura y relectura de aquellos poetas que nos han servido y sirven de guía y de cuyo magisterio hemos sido y somos deudores».

A partir de ese hábito, proliferan nuevos retos, nuevas ideas, pretextos e incluso recursos que piden ser aplicados y armonizados en el arte del verso. Porque para Junco la poesía se define «por la intensidad que muestra el objeto donde se refleja y que no es otro que el poema».

Naturaleza intrincada

Desde el inicio encontramos poemas que se alargan, algo habitual en su estilo, y no es que se proponga hacerlos más o menos largos, sino que -comenta- la idea inicial es más compleja. «El verso se convierte en versículo en muchos de los poemas, se expande y, como consecuencia, se plantean nuevos retos técnicos que tienen que ver con el ritmo que pasa ser más respiratorio que métrico». Esta yuxtaposición de ideas torna al poemario de una naturaleza más intrincada.

El ritmo es una de las mayores dificultades que atraviesa su proceso creativo. «Encontrar el modo correcto o más adecuado de procurar un encabalgamiento que sea capaz de mantener el ritmo». También la decisión de cómo ocupar el espacio que corresponde a las distintas estrofas que «dejan de serlo para convertirse en bloques de significado». Es la búsqueda de la uniformidad o qué nivel de fragmentación necesita para así construir su sentido.

Los temas pasan como un carrusel de imágenes, el poema se redimensiona y así el yo lírico desaparece o se queda en segundo plano. «Lo metapoético, la propia poesía y la literatura en general adquiere un protagonismo inusual en mi poesía anterior», expresa Junco. Necesita adentrarse en el campo científico para reclamar una visión holística de la realidad; algunos poemas reflejan ese reto. Y no sólo recorre este campo, también la memoria, las experiencias vividas embriagan los poemas del poeta. «Para recobrar experiencias vividas cuya dimensión no pudimos apreciar por la rapidez con la que se producen los acontecimientos y que más tarde resucitamos para experimentarlas en toda su amplitud».

De acuerdo a Junco, el poema «requiere del autor de la partitura que es el poeta y del intérprete de la misma». La relación entre el poeta y el lector es imprescindible. Y aunque subyace una profundidad en el sentido de sus poemas, no concibe su obra como un ejercicio de gran complejidad, pero tampoco intenta simplificar nada. «Sería un error porque no estaría escribiendo lo que necesito escribir. Es además de un paternalismo inadmisible para con el lector».

Más allá del moralismo, Junco alude a la honestidad en un doble sentido: «saber qué lugar ocupa uno en la jerarquía de los grandes poetas y no pretender ir más allá de las propias posibilidades».

Entiende que escribe como se puede, que pocos, muy pocos, son capaces de escribir lo que desean. César Vallejo -poeta y escritor peruano- es uno de los nombres que asaltan su cabeza como ejemplo de honestidad en lo poético y en lo personal. O también el poeta argentino Juan Gelman, cuya honestidad para reconocer «las propias limitaciones a partir del hecho de que la poesía es un arte complejo». Cree, en definitiva, que «lo más honesto en un poeta es escribir bien». Escribir, aunque sea para una inmensa minoría.

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