Entrevista | Angela Pinacho Inspectora y autora de ‘Los llanos de Troya’
Angela Pinacho: «No me atrevo a decir que todos seríamos capaces de asesinar»
Licenciada en Psicología e ingresó en la Policía Nacional en 2010, siendo inspectora desde 2013. Actualmente presta servicio en la Comisaría Sur de Tenerife. Su primera novela es ‘Los llanos de Troya’.

Ángela Pinacho.
Los llanos de Troya es su primera novela. ¿Cómo y cuándo surge la necesidad de contar -o contarse- el mundo a través de la literatura?
Más que una necesidad fue una oportunidad. La oportunidad de contar una historia que intuía que podría gustar. Todo comenzó de manera espontánea cuando me apunté al club de lectura Refugio, en Adeje. Allí, al participar en un taller de escritura, descubrí algo que no esperaba: a la gente le gustaba cómo escribía. Y ese pequeño descubrimiento fue el principio de todo.
Ha participado en la 11º edición del Festival Tenerife Noir. ¿Qué balance hace de su experiencia por los festivales de novela negra?
A veces pienso que hace tan solo seis meses que se publicó mi primera novela y ya he sido invitada al Festival Aridane Criminal, a Lanzarote Negra, al Festival de Las Palmas, al Agatha Christie y ahora a Tenerife Noir. Todo ha ido muy rápido. Me siento una gran afortunada por poder participar en estos festivales, espacios donde aprendo, disfruto y tengo la oportunidad de conocer a otros escritores, compartir experiencias y dar a conocer mi trabajo literario.
Es psicóloga e inspectora de la Policía Nacional, ¿de qué forma influye su formación y su profesión en su literatura?
Al menos en mi caso, toda mi formación y mi experiencia influyen directamente en cómo construyo la historia y los personajes que habitan la novela. Haber estudiado Psicología me permite profundizar en los entresijos de la mente humana e intentar ofrecer una explicación plausible y creíble de por qué cada personaje actúa de una u otra manera. Me interesa especialmente que sus decisiones, incluso las más oscuras, tengan una raíz comprensible. Además, mi profesión me ayuda a ser precisa en los métodos de investigación y en las peculiaridades del Cuerpo Nacional de Policía y de quienes lo integran, aportando verosimilitud al desarrollo de la trama.
¿Cree que de haber trabajado en otro ámbito hubiese elegido el género negro para su novela?
La novela negra ha sido mi género favorito desde la adolescencia. Siempre me ha atraído esa mezcla de intriga, conflicto moral y exploración de la condición humana. Trabajar como inspectora dentro de la corporación me permite no tener que «estudiar» la parte técnica policial para escribirla: convivo con ella a diario o la he estudiado previamente para acceder a mi puesto. Eso me da una base sólida y una seguridad añadida a la hora de construir la trama.
Pone de relieve en su libro la corrupción política (que parece que no solo va ligada al dinero sino también al contexto prostitucional) y la conciliación familiar, sobre todo, de la mujer. ¿Por qué eligió ambos temas como hilo conductor de la trama?
Por un lado, quería poner de manifiesto lo complicado que sigue siendo para muchas mujeres trabajadoras conciliar la vida profesional con la personal, especialmente cuando desempeñan puestos de responsabilidad. Me interesaba mostrar ese desgaste silencioso y los conflictos internos que genera esa exigencia constante. Por otro, también quise denunciar la corrupción política que tiene lugar -o ha tenido lugar- en muchos ayuntamientos de nuestro país. La novela negra me parece un vehículo muy adecuado para abordar estas realidades, porque permite cuestionar estructuras de poder y señalar aquello que, a veces, preferimos no mirar de frente.
Diana Uribe, la inspectora y protagonista de la historia, es una mujer normal que está atravesando un duelo y se encarga de la crianza de su hijo. ¿Le costó no caer en los tópicos de masculinizar a la mujer para justificar su profesión?
La verdad es que no me resultó difícil. En ese sentido, trabajar en la policía me ofrece un amplio abanico de situaciones y perfiles humanos que conozco de primera mano. Evidentemente, la ficción transforma y reinterpreta esa realidad, pero partir de experiencias y dinámicas que forman parte de mi entorno profesional facilita mucho la construcción de tramas y personajes creíbles.
¿Uribe ha venido para quedarse?
Me gustaría pensar que sí. Lo que sí puedo adelantar es que, en los próximos meses, Uribe y su equipo se enfrentarán a un nuevo caso que pondrá a prueba no solo su capacidad profesional, sino también sus propios límites personales. La historia continúa y viene con nuevos conflictos.
La novela empieza con un cadáver, como inspectora, ¿qué cree que lleva a una persona a asesinar?
Los móviles pueden ser muy variados, aunque en el fondo casi siempre terminan reduciéndose a los mismos impulsos universales: dinero, poder, celos, miedo, instinto de defensa o, en algunos casos, trastornos mentales. Lo que cambia no es tanto el motivo en sí, sino la combinación de circunstancias, la personalidad de quien actúa y el contexto en el que se desarrolla la historia. Ahí es donde la novela encuentra su complejidad y su matiz.
Y como psicóloga, ¿cree que todos, dependiendo de las circunstancias, somos capaces de asesinar?
No me atrevería a decir que todos seríamos capaces de asesinar. Sin embargo, sí creo que las circunstancias límite pueden empujarnos a lugares que nunca imaginamos y sacar lo peor de nosotros mismos. La línea que separa lo impensable de lo posible a veces no es tan gruesa como nos gustaría creer. Y precisamente esa fragilidad moral es uno de los aspectos que más me interesa explorar en mis novelas.
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