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Entrevista | William González Escritor

William González, escritor: "Estaba destinado a ser un sicario como mis primos"

El autor nicaragüense entrevistó a los peores criminales de Centroamérica para escribir los poemas de su último libro ‘Cara de crimen’, que presenta en tres puntos de Gran Canaria

William González.

William González.

¿Cómo surge la posibilidad de presentar este trabajo en diferentes puntos de Gran Canaria?

Mi relación con Canarias se remonta a 2023, cuando fui al Festival Hispanoamericano de Escritores en los Llanos de Aridane y me quedé enamorado de la Isla. Tenía pendiente volver y como Cara de crimen funciona muy bien, hemos juntado unas presentaciones en Gran Canaria. Voy a tener tres actos. El primero es esta tarde, a las 18.30 horas, en la Biblioteca Insular. Luego, la presentación oficial es el jueves 19 a las 18.30 en la Casa del Libro de Mesa y López. Y uno de los que más ilusión me hacen es el de la Casa de la Cultura de Guía, el 20 de marzo, a las 19.00 horas, con una estudiante de periodismo llamada Alexia Sosa Álamo: vamos a tener una conversación sobre el poemario.

Desde niño vivió cerca del crimen, pero a diferencia de la mayoría de los jóvenes que crecen en ese entorno, usted ha logrado labrarse una carrera como escritor

Ha sido una infancia dura, pero ha jugado a mi favor mi amor por la palabra y la literatura. Como cuento en Cara de crimen, yo estaba destinado a ser un sicario a sueldo como mis primos. Sin embargo, uno de los actos de amor más grandes que comete mi madre es irse para labrarse un futuro y alejar a su hijo de la violencia. Llega a España a principios del 2000, me deja a mí con seis años en Nicaragua, pero luego nos reencontramos aquí cinco años después. En ese tiempo vi auténticas barbaridades en Nicaragua. Y eso se cuenta todo en Cara de crimen.

¿Ha estructurado su libro a raíz de las entrevistas que realizó a todos esos criminales?

Yo soy periodista cultural y no de investigación. Me fui a Centroamérica, estuve viajando de 2020 a 2025 con mis ahorros, en verano . Quise entender qué había en la mente de un sicario de 15 o 16 años que asesina a otro. El libro surge a raíz de esta experiencia entrevistando a estos jóvenes con infancias rotas. Yo partía con el precedente de conocer el mundo pandilleril porque una parte de mi familia fundó una de las pandillas más mortíferas de Managua.

Una marginalidad que ya ha tratado en otros títulos.

Mi primer poemario, Los nadie, describe la nostalgia de un joven que llega a Madrid. El segundo, Me duele respirar, trata sobre las protestas en Nicaragua en 2018 en el que el régimen de Daniel Ortega asesinó a más de 300 civiles, y por este me vetaron. El tercero, Inmigrantes de segunda, es un homenaje a las empleadas del hogar latinoamericanas como mi madre. El cuarto, Esta será mi venganza, me salgo un poco de esa marginalidad, porque es un homenaje a la literatura nicaragüense y trato un poco el tema del desamor. Y el quinto es Cara de crimen.

¿Encuentra algo especial en esta temática tan dura?

Me atrae como elemento literario porque yo soy hijo de la marginalidad. Esta es la historia de cómo un chico joven, que estaba destinado a ser un sicario, acaba convirtiéndose en una promesa de la literatura centroamericana. En Nicaragua la poesía es un deporte nacional. Todos queremos ser como Rubén Darío. Pero mi abuela, mi tía y mi madre me vieron una vocación literaria y, como éramos pobres, me proporcionaron una vieja antología amarillenta, pero con la que pude descubrir a autores como Rubén Darío o Ernesto Cardenal. Yo me considero carabanchalero más que madrileño porque este barrio del sur de Madrid ha sido fundamental para mí. Pero Cara de crimen es una crudeza centroamericana bastante fuerte por el hecho de describir asesinatos. Era combinar las dos cosas que más me gustan. Por un lado, el periodismo, lo que Chaves Nogales hablaba de ir allí y luego volver. Y segundo, la poesía. Muchos poemas son autobiográficos. Y otros son escenas rescatadas de todas las entrevistas y las historias de los sicarios jóvenes. Y por eso en algunos poemas pongo frases de esta gente como encabezados.

Me resulta un proyecto original teniendo en cuenta el mimetismo que siguen muchos escritores actualmente.

Y a que la gente no lee libros con los Instapoetas, pero yo creo que hay que respetar la tradición, y eso se está perdiendo muchísimo. Una de las cosas que rescato es el público joven. El impacto que ha tenido mi obra en los jóvenes, en los institutos, es impresionante. Lo que tienen en común la mayoría de las presentaciones de las ciudades a las que acudo, que empecé en Zaragoza y termino en Miami en junio, es que está destinado al público joven. Porque Cara de crimen es una excusa para hablarle a los jóvenes de Darío o Cardenal, con su mítica y epigramas famosísimos. Los jóvenes les impacta más verlo reflejado en una obra a través de la poesía. Fíjate que he estado en casas de la juventud ante más de 300 alumnos que estaban flipando de todo lo que contaba, con alumnado de segundo y tercero de la Eso que están sobreestimulados con las redes sociales. Captar su atención durante una hora y con poesía es un logro impresionante.

¿Temió en algún momento por su vida?

Temía todos los días. Yo me recorrí Centroamérica de arriba a abajo: Costa Rica, Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua o Panamá. Yo llevaba dos grabadoras: una la ponía cerca de la persona que estaba entrevistando. Y otra la tiraba al suelo. Una típica estrategia de periodismo de guerra por si te falla una. Lo más peligroso es que estos tipos estaban drogados. No tenían nada que perder porque estaban buscados por la policía y la mayoría de su familia o los habían abandonado o matado. Tú estás con 23 años en medio de un tipo que está drogado y armado, y tener que darle la espalda lo sufres mucho. Y a veces me planteaba si valía la pena eso que estaba haciendo. Y lo que más les sorprendía a ellos era que mi trabajo fuese para hacer un poemario. Ellos me preguntaban y, cuando me presentaba como periodista y poeta, pensaban que les estaba mintiendo.

De los 34 poemas que recoge el libro, algunos llama la atención como Ayer mataron a mi madre.

Le pregunté a un pandillero que cuánto había sido lo mínimo que había cobrado por matar y me dice que 45 dólares en su primer crimen. A continuación le pregunté que cuánto había sido lo máximo y me dijo que 10 mil por matar a un político de una municipalidad. Y a partir de ahí empieza el poema.

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