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Artes visuales

Asiria Álvarez reúne a 140 creadoras en 'La imagen invisible', un catálogo sobre el audiovisual y la fotografía en Canarias

El proyecto ve la luz este viernes 20 de marzo a las 19.00 horas en el CCA Gran Canaria de Schamann, acompañado de la performance 'Una y otra' de Raquel Ponce

Una foto de la creadora Jaira Morales que se incluye en 'La imágen invisible'.

Una foto de la creadora Jaira Morales que se incluye en 'La imágen invisible'. / Jaira Morales

Martina Andrés

Martina Andrés

Las Palmas de Gran Canaria

«I’m Nobody! Who are you?» La pregunta, escrita por Emily Dickinson en uno de sus poemas más conocidos, resuena como un susurro de tiempos pasados que sigue encontrando su eco en el presente. Ser nadie, no figurar, no aparecer en el relato: una forma de (no) existencia que, durante décadas, ha marcado también la trayectoria de muchas mujeres en el ámbito del audiovisual y de la fotografía.

Desde ese lugar de ausencia parte La imagen invisible, el proyecto impulsado por la fotógrafa Asiria Álvarez que cristaliza en un catálogo dedicado a 140 creadoras del mundo audiovisual de Canarias.

La presentación del volumen tendrá lugar este viernes 20 de marzo, a las 19.00 horas, en la sede del CCA Gran Canaria, en Schamann, con un acto que también contará con la performance Una y otra, de Raquel Ponce, una pieza que convierte la repetición en gesto político y poético.

Lejos de limitarse a una recopilación, el trabajo de Álvarez, dedicado a «las mujeres tras las cámaras», en sus palabras, dibuja un hilo que se enhebra con delicadeza para conectar generaciones, desde las pioneras del audiovisual en las Islas (esas creadoras nacidas a finales del siglo XIX o principios del XX) hasta las voces contemporáneas, revelando una genealogía que había permanecido fragmentada o, directamente, fuera del relato oficial.

Una «necesidad»

La publicación, desarrollada a lo largo del último año en la institución que acoge su presentación, propone una lectura que va más allá del reconocimiento. «Lo vi como una necesidad, poner en valor las historias de mujeres artistas que no se han contado. Soy fotógrafa y formo parte de ese grupo de mujeres a las que quería representar en este catálogo. A veces te preguntan: '¿Conoces a alguna fotógrafa para este trabajo?', y te quedas en blanco. Y yo pensaba: 'No puede ser que no haya, simplemente no las conocemos'», recuerda Álvarez.

En ese sentido, la perspectiva de género atraviesa todo el proyecto como una herramienta que cuestiona las narrativas que relegaron a estas creadoras a una posición secundaria dentro de la historia. «Me llama mucho la atención que, para la mayoría de esas fotógrafas y directoras de principios o mediados del siglo XX, o incluso del siglo XIX, ese amor por la fotografía y ese trabajo que hacían a nivel profesional, les llegó como el legado de un hermano, un padre o una pareja. Ellos lo dejaban estar y eran ellas las que se encargaban», apunta la fotógrafa.

240 nombres

Detrás de La imagen invisible hay un proceso de investigación y recopilación que ha permitido identificar, documentar y analizar el trabajo de estas profesionales desde sus inicios hasta la actualidad. Sin esperarlo, la fotógrafa encontró un total de 240 nombres, entre los que tuvo que hacer la selección que ahora configura el catálogo.

«He querido meter a todas las posibles, me di cuenta de que había muchas más de las que yo pensaba. Cuando presenté el proyecto, yo no sabía con lo que me iba a encontrar, si se iba a quedar escueto. No esperaba que fuera tan amplio. Al seleccionar, he intentado quedarme con mujeres que hicieran su trabajo desde un ámbito artístico», subraya.

La investigación también le ha dado la oportunidad a Álvarez de profundizar en trayectorias de creadoras ya fallecidas: «Hay mujeres desde el siglo pasado hasta este, también mujeres que ya no están, y he tenido la suerte de poder contactar con sus familias, conversar con ellos y relatar su vida», revela.

En este proceso, han aparecido nombres como el de Josefa Auyanet, conocida como Memela, de Arucas. «Era su padre el que tenía la tienda de fotografía, de fotos de carnet, y ella se quedó con el negocio», apunta Álvarez.

También menciona a Rosario Brito, en La Palma que, como explica la fotógrafa, «era hermana de un fotógrafo que se llamaba Miguel Brito. Él se iba por ahí y la hermana se encargaba realmente del negocio», o a Nieves Sánchez Montero, nacida en 1928 y a la que define como una «todoterreno». «Hacía un montón de cosas. Las fotografías que hacía son preciosas, bellísimas», destaca.

Otro de los puntos que ha llamado la atención de Álvarez en este proceso es el hecho de que había fotógrafas que no querían salir en el catálogo porque sentían «que su trabajo no era suficiente»: «Es algo que he querido remarcar, no me esperaba esta respuesta. No sé si los hombres me habrían dicho lo mismo. Todavía está presente esa cosa que tenemos las mujeres de pensar que no valemos lo suficiente», remarca, haciendo alusión a ese síndrome del impostor -de la impostora en este caso- que se apodera de tantas.

Tras culminar La imagen invisible, Álvarez se queda, por un lado, con la sensación de que «hay un trato que va siendo cada vez más justo», pero también de que todavía queda trabajo por hacer. «Veo que nos llaman porque es el 8M o para dar un taller vinculado a una conmemoración que tiene que ver con ser mujer, pero no porque seas buena fotógrafa. Creo que aún falta esa parte», concluye.

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