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El Museo de Bellas Artes de Tenerife lanza un llamamiento para la búsqueda de obras de la pintora Tanja Tamvelius

Yolanda Peralta y Katarzyna Zych prepara una muestra dedicada a la gran artista sueca, cuyo patrimonio está en colecciones particulares de Canarias

‘Plaza Weyler’ (1967), de Tanja Tamvelius, de la Colección Museo de Bellas Artes de Santa Cruz de Tenerife.

‘Plaza Weyler’ (1967), de Tanja Tamvelius, de la Colección Museo de Bellas Artes de Santa Cruz de Tenerife.

Nora Navarro

Nora Navarro

Los mapas de la historia del arte en Canarias aún adolecen de falta de representaciones de obras de mujeres artistas que ajusten los nombres olvidados de su paisaje artístico a su verdadera escala. En los últimos años, numerosos museos y centros de arte tratan de afinar la cuadrícula y localizar las coordenadas de esa geografía patrimonial femenina invisibilizada por el meridiano cero patriarcal.

En Canarias, esta exhaustiva y valiosa labor de cartógrafa corrió a cargo de la investigadora, comisaria y docente Yolanda Peralta, experta en estudios de arte y género, quien compiló y restituyó sus nombres y trayectorias desde el siglo XV hasta los años 60 del XX en su Diccionario biográfico de mujeres artistas en Canarias, publicado en 2014.

Pero la memoria es un sendero aún más largo que el silencio y en el Archipiélago canario, esa confluencia de caminos y culturas en medio del Atlántico, muchas obras se diseminaron en este territorio fragmentado donde, además, recalaron muchas artistas de otras latitudes, cuyo legado permanece oculto. Este es el caso de la artista Tanja Tamvelius (Reval, 1901 – Estocolmo, 1969), destacada muralista de estilo colorista que hunde sus raíces en el arte de Matisse, con una intensa vida personal marcada por la guerra, el exilio, la superación y la belleza, y que residió durante largas temporadas, a mediados de siglo, en la isla de Tenerife.

En busca de sus obras

Bajo el título Tanja Tamvelius. Cartografías de la memoria y del color, Yolanda Peralta es la comisaria, junto con la restauradora Katarzyna Zych, de una exposición en su homenaje concebida con el objetivo de «situar, por primera vez, la trayectoria de la artista en la historia del arte en Canarias».

La muestra ve la luz el próximo 23 de abril en el Museo de Bellas de Santa Cruz de Tenerife, que custodia dos obras de Tamvelius y donde la propia artista expuso sus obras en la década de los 60, además de protagonizar un homenaje póstumo, un año después de su muerte, organizado por sus amigos Eduardo y Maud Westerdahl.

Pero además de descubrir el universo plástico de Tamvelius, su interesante biografía marcada por el arte y la herida, así como recartografiar su lugar en la historia del Arte, esta muestra responde a una necesidad concreta: una amplia parte de la obra de la artista se encuentra en colecciones privadas, debido al enorme éxito de ventas de sus cuadros durante las exposiciones que celebró en Tenerife.

Por este motivo, el museo tinerfeño, así como las comisarias de la muestra, lanzan un llamamiento a través de las redes sociales para la búsqueda y localización de sus obras en Canarias, como la campaña que impulsó el Museo del Prado el pasado 2025 para encontrar la Santa Cecilia perdida de Anton Raphael Mengs o la que promovió, el año anterior, la familia de la pintora figurativa Rosario de Velasco para una exposición retrospectiva en el Museo Thyssen. Esta última campaña resultó en un triunfo sin precedentes: la sobrina nieta de la artista, Toya Viudes de Velasco, pudo localizar más de 400 obras de distintas etapas, que pertenecían a coleccionistas particulares, gracias a su petición en las redes. En la inauguración de la muestra reveló que muchos coleccionistas ignoraban que pertenecían a esta gran creadora.

«Tanja Tamvelius es una de tantas artistas vinculadas con Canarias que están muy representadas en colecciones particulares, pero que apenas son conocidas por el público general», explica Yolanda Peralta. «En todas las exposiciones que celebró vendía muchísimo, incluso se dice que lo vendió prácticamente todo, y el principal problema es que, precisamente porque vendía mucho, todas estas obras las compraron particulares, por lo que acabaron en casas de particulares y allí es donde están», continúa. «Estamos seguras de que hay muchísima obra suya en colecciones particulares en Tenerife y Gran Canaria. Incluso, mucha gente puede tenerla en su casa, heredada de su familia, sin saberlo».

Fragmento del mural de Tanja Tamvelius en Casa Suecia, en Las Palmas de Gran Canaria.

Fragmento del mural de Tanja Tamvelius en Casa Suecia, en Las Palmas de Gran Canaria. / LP/DLP

En este sentido, Peralta destaca que «a menudo nos encontramos con el problema de la falta de obras de las mujeres artistas porque, o bien están en los almacenes, o bien en las colecciones particulares, con casos de gente que desconoce que pertenecen a estas artistas, aunque estén firmadas». La posibilidad de localizar y catalogar sus obras, así como materiales y documentación de distinta índole, permitiría avanzar en el estudio, contextualización y conocimiento de estas trayectorias artísticas invisibilizadas.

«Recuperar a Tanja Tamvelius no implica solo reincorporar un nombre olvidado, sino también revisar de forma crítica los relatos historiográficos tradicionales, ampliar el canon y reconocer la aportación de artistas cuya presencia quedó relegada a los márgenes de la memoria cultural», explican las comisarias.

Guerra, exilio y arte

Nacida en Reval, nombre histórico de Tallin, capital de Estonia, en 1901, Tanja Tamvelius se vio forzada a abandonar su país a comienzos de la década de los 40, cuando la Unión Soviética invadió y ocupó Estonia en el contexto de la Segunda Guerra Mundial. Lo hizo con su hija de tres años, mientras que su marido, arquitecto de profesión, fue acusado de espionaje y retenido en un gulag durante 15 años.

En su huida por Europa, Tamvelius recaló en Suecia, con la mirada fijada en el arte. Una vez establecida en Estocolmo se formó en academias de arte, pintura y diseño con el profesor Otto Sköld (1898-1958), de 1943 a 1944; el pintor fauvista Isaac Grünewald (1889-1946), de 1944 a 1946 y en la Escuela de Diseño de Anders Beckman (1907-1967), de 1946 a 1948. También emprendió viajes de estudios a Francia, Inglaterra, Italia y Alemania, y en París asistió a las clases de Henri Matisse. A finales de la década de los 50 se instaló en Tenerife, donde residió en distintas temporadas, sobre todo, en los inviernos, a lo largo de 15 años hasta su fallecimiento en 1969. En los circuitos artísticos cultivó una estrecha amistad con Maud y Eduardo Westerdahl.

«Tanja Tamvelius es un ejemplo de esas mujeres artistas que, como Vicki Penfold, tuvo que empezar de nuevo en circunstancias muy complicadas, en un país que no es el suyo, para formarse y labrarse una profesión como artista, ganarse la vida y sacar adelante a su familia», apunta Peralta.

Como artista se especializó en trabajos murales y collages de textiles, distinguiéndose por su estilo de colores vívidos de contrastes fuertes y símbolos o tipos populares muy vinculados a la canariedad, desde sus plazas y paisajes a las mujeres en el mundo rural y sus oficios.

Tanja Tamvelius ante el mural de 'La Osa Mayor', en Bajamar, retratada por Eduardo Westerdahl.

Tanja Tamvelius ante el mural de 'La Osa Mayor', en Bajamar, retratada por Eduardo Westerdahl. / LP/DLP

Entre los murales de Tamvelius que se conservan hoy destaca la emblemática pintura que preside la cafetería Casa Suecia, en Las Palmas de Gran Canaria, datado de mediados de los 60, así como otro alojado en un centro de rehabilitación Ramón y Cajal, en el sur de Tenerife. Y es que, como destaca Peralta, su especialización en el arte mural es otra circunstancia que ha erosionado su memoria artística, debido a la pérdida masiva de murales pintados en las décadas de los 60, 70 y 80 en Canarias, como consecuencia de su falta de conversación.

Pérdida de murales

«Muchos de los murales que pintó Tanja Tamvelius ya no se conservan», lamenta la comisaria, «sabemos de un mural que realizó para una casa particular en Bajamar y de otro en el Lido de San Telmo, en Puerto de la Cruz, que desaparecieron». «Este es otro tema que invita a la reflexión colectiva y que es la enorme pérdida de murales por no darles valor y no conservarlos, ni repintarlos. Es una falta de respeto hacia el patrimonio artístico y, en este caso, al patrimonio artístico femenino, que no se conserva y desaparece, porque no se valora», denuncia Peralta.

Por otra parte, entre sus exposiciones en Canarias destacan dos muestras en conjunto con Maud en el Instituto de Estudios Hispánicos del Puerto de la Cruz y, además, formó parte de la mítica y rompedora exposición Las 12, una colectiva integrada por los trabajos artísticos de 12 mujeres en el Círculo de Bellas Artes, que luego itineró al citado espacio de Puerto de la Cruz. Tamvelius fue una de sus impulsoras principales, junto con Maud y la escultora María Belén Morales, durante una velada en la casa de esta última en Tacoronte. Siempre conviene recordar que la prensa de la época la calificó como «curiosa e insólita muestra femenina».

Tras la muerte de Tanja Tamvelius en Estocolmo, el Museo Municipal de Bellas Artes de Santa Cruz de Tenerife le dedicó el homenaje póstumo en 1970 a cargo de los Westerdahl. Sus obras se han exhibido en Francia, Alemania, Inglaterra e Italia, toda vez que sus cuadros integran colecciones de Geoffrey Brown (Londres), Roland Fleming (Inglaterra) y de la compañía Naviera de Oslo.

Medio siglo después, Peralta y Zych tratan de restituir la memoria de una artista singular y luchadora en la misma isla que embelleció con sus pinceles.

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