Querido Bach: tampoco pudo ser

‘Concentus Musicus Wien’ en el Teatro Pérez Galdós.
Fierabrás
En los últimos tiempos solo recuerdo una interpretación del concierto para dos violines por Die Akademie für Alte Musik que hiciera justicia al genio de Köthen por rigor, musicalidad, imaginativo fraseo y pulcra ejecución técnica. Es por ello que la visita del célebre Concentus Musicus Wien, del que todos tenemos alguna grabación dirigida por Nikolaus Harnoncourt, había despertado no solo la expectación debida a la trayectoria del conjunto si no porque se interpretaban los seis Conciertos de Brandeburgo de una tacada.
Conciertos llenos de ingenio, genialidad a raudales y la cualidad casi única de hacernos felices porque su científica musicalidad está muy por encima de la inspiración humana. El conjunto austríaco recordaba el fallecimiento hace diez años de Nikolaus Harnoncourt, también genio de la praxis musical histórica y arribaba al Teatro Pérez Galdós con uno de sus concertinos, Erich Höbarth, el viola madrileño Pablo de Pedro o, en su momento, fenómeno de la trompeta Gabriele Cassone.
Lo cierto es que el conjunto, al mando desde el clave de Steffan Gottfried, no conserva la incisividad de articulación y la variedad y contraste de acentos. Sorprendentemente la interpretación del primero de los conciertos fue emborronada en lo sonoro, apática en lo interpretativo y fláccida en tensiones y energía. Especialmente el original Menuet final fue bastante mortecino.
Mejoró el camerístico y célebre tercer concierto por transparencia en la líneas y limpia ejecución, de tempi justos y sonoridad cálida. Original el guiño a la cadencia española en la improvisación desde el clave del breve Adagio. Brilló la violinista Theona Gubba-Chkheidze en el cuarto concierto que cerraba la primera parte junto a las dos flautas dulces de Stoellger y Nägele con un segundo movimiento en eco de bello color pastoral.
La segunda parte ofrecía, en este orden, el quinto concierto, sexto y el famoso segundo concierto para finalizar con la brillante trompeta de Cassone aunque hay que reconocer que los buenos tiempos del solista ya han pasado. La falta de vértigo y una medida prudencia lastraron el resplandor de este concierto.
Antes habría que destacar la belleza sonora de la flauta de Anne Laflamme así como el virtuosismo de Gottfried al clave en el quinto así como la solvencia de de Pedro en un sexto que volvió a un sonido general de poco relieve. En suma, esta vez querido Bach tampoco te han hecho justicia con unas interpretaciones de domingo de sillón, falta de aliento, ayunas de transparencia y aquella visión que hizo célebre a Harnoncourt, cuya aplastante personalidad no parece darle continuidad ahora Steffan Gottfried.
Más vida hubo en los corrillos de nuestro coliseo con la salida de Tilman Kuttenkeuler de la FAT y en la que parece la llegada de Manuel Benítez -ex gerente de la OFGC- en una muestra más de que nuestros políticos tratan la cultura como intercambio de cromos según les da. ¿Y el mérito? Medrar como sea por la capitalidad cultural... ¡Bálsamo, bálsamo!
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