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CRÍTICA

Vuelve el Festival Bach

Un instante del concierto del Bach concertante el pasado sábado en el auditorio.

Un instante del concierto del Bach concertante el pasado sábado en el auditorio. / SABRINA CEBALLOS

Fierabrás

D isfrutón concierto el de este Bach Concertante que abría la edición número doce del Festival Bach – más conocido por sus siglas en inglés IBF – no sólo por la calidad y contrastada belleza del programa, disfrutable también por la excelencia interpretativa mostrada por solistas y conjunto.

La Sala de Cámara del Auditorio Alfredo Kraus ayudó a sentir con más nitidez y cercanía la tímbrica de algunos instrumentos como el arpa o la guitarra en un ambiente verdaderamente familiar, con público receptivo y bullicioso, de disfrute de la música.

La primera parte nos mostró la luminosidad mediterránea de Vivaldi con su Concierto para fagot RV498 que José Vicente Guerra abordó con cierta severidad la cantabilidad de un primer movimiento que se fue cayendo en el tempo, rehaciéndose con más variedad expresiva en el segundo mostrando más recursos y colores, para finalizar con desenvuelto virtuosismo el Allegro final. Le siguió el célebre Concierto para guitarra – originalmente laúd – RV93 (no 73 como consta en el programa) también del prete rosso. La guitarra de Javier Lucío fue amplificada con naturalidad y, nuevamente, el allegro giusto inicial quedó algo pesante con un solista algo emborronado en la articulación. El delicioso movimiento lento tuvo dosis justas de melancolía, algo distante, pero muy disfrutable. Más resuelto en último movimiento, Lucío mostró más carácter sonoro y atrevimiento en adornos y variaciones.

Cerró esta primera parte un ideal Fandango de Boccherini – del quinteto con guitarra n.o 4 – por tensión, ilusionismo danzístico, equilibrio instrumental y acertado carácter goyesco, con un atinado Wasiota al chelo y uniéndose Hepsiba Bernal al conjunto con castañuela y pandereta.

La segunda parte se iniciaba con otra célebre obra barroca, el Concierto para arpa en Si bemol mayor de Haendel. Pieza maestra que Mayte Pardo bordó con limpieza en la ejecución técnica y con exquisita musicalidad de principio a fin destacando un Larghetto verdaderamente mágico, variado en colores, dinámicas en eco y muy bella sonoridad.

No tan conocida, pero obra de relevante enjundia musical, el Concierto para violonchelo en la menor de Carl Philipp Emanuel Bach, autor intergeneracional entre el barroco y el clasicismo, tuvo una interpretación extraordinaria por parte de Iván Siso, implicadísimo, con gran variedad de recursos expresivos y contrastados «afectos». El tempestuoso primer movimiento, comandado por la claridad y energía de Caterina Coma en el primer atril, fue ejemplar en estilo y acentos en el que Siso recurría ahora al lamento, ahora a la luminosidad con un arco maravilloso que contorneó también el Andante con evocador patetismo así como resolutivo en el retóricamente severo Allegro assai conclusivo.

Acertado José Alvarado, que predispuso al público a la escucha de manera amena e instructiva y unas palabras al inicio del concierto de Adriana Ilieva, directora artística del Festival, de sentido agradecimiento a Kuttenkeuler que sonaron a despedida; esperemos que los nuevos gestores sigan apoyando IBF porque ya es una feliz realidad de nuestra programación musical.

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