Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Crítica

El Festival Bach se vuelve pagano

Momento de ‘Acis y Galatea’ en el Teatro Pérez Galdós.

Momento de ‘Acis y Galatea’ en el Teatro Pérez Galdós. / La Provincia

Fierabrás

D e las tres versiones que Haendel hizo del tema bucólico de Acis y Galatea el Festival Bach eligió, porque quizá más juego da a la dramaturgia, la catalogada como HWV 49b de 1732. Pero también la menos interesante en coherencia musical, ya que se trata de un pasticcio, es decir, mezcla de músicas de diferentes procedencias, incluidas la cantata de 1708 y la extraordinaria compuesta en 1718 con texto de John Gay. Amén de otros préstamos, el paso a contratenor del rol de Acis, como en su día lo hizo Senesino y el uso del italiano y el inglés – incluso el español en esta versión – la convierten en la más irregular de las opciones.

Dicho esto, la versión fue bastante libre en cuanto a situación de números, eliminación de recitativos, supliendo el coro (usando el hermoso «Oh, the pleasure» de 1718) por tres voces solistas o el mismo final de la ópera, supongo que porque así convenía a la puesta en escena de Bruno Berger Gorski. Bien trabajada en movimientos y detalles, con una actualización que no molesta, aunque queda bastante dispersa en la acción aun con el empeño de que ocurra algo en cualquier momento musical. Conceptualmente se podría haber sacado más partido a la atractiva escenografía de Carlos Santos en el que el marco del cuadro termina siendo más decorativo que esencial en el perfilado de los personajes. El diseño de luces de Ibán Negrín fue rutinariamente ambiental y el vestuario de Carmen Alzate, discreto, tuvo la virtud de sentar a todo el mundo bien, incluso a una figuración excesivamente púber.

Durante la primera media hora la dirección atropellada y ruidosa de Beni Csillag añadida a la distancia de los cantantes no nos permitió percibir apenas las voces. La orquesta IBF instalada en el forte y con más momentos de desajuste de los deseados (final de la Obertura) junto a una tarde poco afortunada de los oboes y una dirección plana en articulación y poco atenta al vuelo lírico lastraron un conjunto con potencial del que solo destacó el continuo de Iván Siso y ¿Katerina Orfanoudaki? .

El dúo protagonista con las voces bellas y frescas de Ana Marqués y Christian Gil lucieron compenetración e idoneidad. La soprano canaria de plateado timbre ha cambiado su emisión, ahora ahuecada, perdiendo la naturalidad del registro central. Fue estilista en «As when the dove» y, al igual que el contratenor, estuvieron resueltos escénicamente. Este tiene un contorno vocal cálido y, aunque de proyección justa, fue el que mejor manejó el recitativo y los affetti en una conmovedora escena final. Román Bordón tiene un timbre vocal atractivo, pero su tesitura baritonal no convenía en nada a Polifemo, muy enfático en lo escénico, sus arias parecieron una lucha constante con este hándicap – sin la célebre Fra l´ombre - a las que faltó más línea y variedad de acentos.

Con voces de menor calidad, pero bien resueltos sus cometidos musicales y escénicos, no se quedaron atrás Jennibel Hernández, Carla Sampedro y un bien proyectado Julián Henao.

Siendo la tercera coproducción operística de la Fundación Auditorio Teatro esta temporada (Negrín y Faycán el otoño pasado), parecía, esta vez sí, darse los mimbres para justificar esta apuesta del saliente director general – ¡que salió a saludar! – pero el género exige un equilibrio de tantas partes que sigue sin verse en el escenario de manera equilibrada. Concluye así también un Festival Bach, cada vez con menos Bach y alejándose de la música religiosa para abrazar el paganismo musical que tanto vende: la ópera.

Tracking Pixel Contents